jueves, 25 de agosto de 2011

El plan S, de sentimental.

¿Sabéis...? Muchas veces me pregunto si habrá personas, que al igual que yo, sientan. Pero no sentir como cuando te dan una patada en la entrepierna, que eso es sentir dolor. Me refiero al sentimiento de... ponerte una canción, que te recuerde a alguien especial, que veas como el bello va alzando la vista al cielo y la piel se va arrugando a la vez que te da un pequeño subidón hacia el pecho. Esa forma de sentir esa chispa eléctrica que hace posible la unión de almas gemelas. Habrá gente que pueda pensar por qué me hago estas preguntas. Quizás pueda parecer un poco cursi, un sentimiento de adolescente quinceañero... Pero creo que eso, más de uno, ya sea con quince, treinta o setenta y cinco años, lo ha sentido. Yo lo siento, muy a menudo, cuando escucho canciones como esta: 


¿Sabéis...? La vida no siempre te da alegrías y sentimientos agradables. No puedo decir que aún sigo queriendo a esa persona por la que sigo sintiendo todo lo que expliqué anteriormente, pero las circunstancias me han puteado tantísimo... que aún sigo teniendo esperanza, después de tantos años de lo que pasó. Si en un resquicio de casualidad ella leyera este artículo, sabrá que estas palabras son, más que por ella, por las putas fronteras que nos separaban, por la dichosa distancia. 

Seguiré escuchando canciones así, aunque pueda parecer triste o una postura un poco masoca porque, aunque no lo parezca, me hago daño con estas tonterías, porque sé que no puede ser. Porque no volverá a ser así, como antes. Pero ese sentimiento, me resulta agradable y recordar todo lo bueno, me hace ver bastantes cosas positivas que he hecho y que quién sabe, si algún día haré de nuevo, si es con ella.... mejor.

lunes, 22 de agosto de 2011

Revelando hechos puntuales (1)

29 de Julio de 1750, 10.15 a.m.

Wilhelm Friedemann Bach, uno de los numerosos hijos del gran compositor y músico del Barroco Bach, se disponía a recoger las últimas partituras que su padre había dejado para siempre sobre la mesa de su habitación. Ayer fue su entierro. Observaba lentamente, con su triste mirada, todo su alrededor. Una preciosa y enorme cama de forja con unas sábanas blancas revueltas por los últimos momentos de vida de su padre, la mesita de noche pasaba de ser un simple mueble mas de la habitación para convertirse en un caótico armario para medicinas. Repleto de botes con pastillas y agujas gastadas por su uso. En la otra, un pequeño blog de notas del cual habían salido grandes y famosas composiciones pasadas. Al fondo, la pequeña luz que entraba por la ventana del vestidor iluminaba ese maravilloso piano con las partituras del último concierto que ofreció. El ambiente parecía cargado. Estaba cerrado desde hace dos días. Aprovechó para abrir las ventanas y dejar que se marchara ese olor a tristeza y enfermedad. Se dispuso a meter todas las partituras en una carpeta de cuero con sus iniciales grabadas en uno de los lados. No pretendía robar las obras de su padre sino quitarlas de la vista de gente inoportuna que podría entrar allí en cualquier momento. Tomó también su blog de notas y lo puso en el bolsillo derecho de su chaqueta y termino de buscar todos y cada uno de los apuntes que podría tener por cajones, armarios e incluso hasta debajo del colchón. Se santiguó mientras salía por la puerta pero recordó algo que le enseño a los 15 años.


- Hijo, nunca es pronto para temer a la muerte y nunca es tarde para que llame a tu puerta. - Afirmó rotundamente al terminar de explicar la lección diaria. - El día que lo haga conmigo, quiero que cojas esto. - Se levantó, entró al vestidor y en unos segundos salió con una pequeña caja de madera en sus manos.
- ¿Qué es eso papá? - Pregunté impresionado. Parecía estar hecha de madera de pino, por el color. Era preciosa, el barniz le daba un brillo espectacular. - ¿Es tu caja de secretos?
- No hijo mío, mi secretos los guardo siempre conmigo. - Respondió mientras se tocaba repetidamente con el dedo índice la cabeza. - Esta caja guarda más de lo que una persona racional pueda pensar. A simple vista puede parecer que no tenga nada. - Comentaba mientras lo habría con las dos manos y con sumamente cuidado. - Pero esta caja guarda verdades y mentiras, alegría y dolor, guarda historias de mi pasado y quién sabe si de mi futuro. Lo que quiero que hagas es que la busques el día que muera. Siempre estará por aquí por esta habitación. - Explicaba mientras recorría con la vista las cuatro paredes. - Estará en cualquier rincón. Tu trabajo será guardarla. El tiempo te dirá que tendrás que hacer con ella. Se la regaló un desconocido a mi padre un día y, no puedo decir que desde entonces empecé a destacar en la música, pero creo que es como un amuleto. Algo parecido quizá.
- Papá, me has asustado. Todo tan místico y misterioso. No sé... - Dije a mi padre casi susurrándole.
- No te preocupes. Puedes estar seguro que si fuera algo peligroso, no te lo daría.




Así que volvió a entrar en la habitación y se dispuso a buscar por toda ella. Pensó que estaría en el vestidor como la primera y la última vez que vio esa caja. Miró bajo toda la ropa, en los cajones, en todas las estanterías y nada. Miró por todos los rincones de la habitación, bajo la cama, escondido bajo la mesa, en la sillas. No quedaba sitio, salvo en el piano, y así fue. Dentro del piano se encontraba apacible y solitaria, como esperando a ser encontrada en el juego del esconder de los niños pequeños. La abrió y estaba vacía. La puso bajo su chaqueta y sujetándola firmemente, salió por la puerta sin mirar, ni siquiera, por última vez aquella la que sería una famosa habitación en los próximos días.

Queja

Despierto aturdido por un gran terremoto. Parte del techo se desprende causándome nerviosismo.  Descansaba en silencio después de un largo y duro día de trabajo. Pero es algo habitual por aquí por estas tierras.  Cada dos por tres nos marchamos a otro lugar en busca de libertad y tranquilidad, pero es algo terrible. Estés donde estés, siempre estará esa pesadilla.
Ahora estamos recogiendo alimento para pasar el invierno en casa todos juntos. No tenemos gran cosa: nuestra casa hecha por nosotros mismos y todo lo que vamos ganando cada día por ahí. Vagamos por las calles, recogiendo lo que no quiere la gente.
Y es que, a pesar de ser una vida dura, triste e insignificante para muchos, nosotros estamos orgullosos de, al menos, poder sobrevivir en este mundo tan cruel en el que estamos. Nosotros, sea cual sea la edad, desde pequeños, tenemos que trabajar ayudando en casa si no queremos pasar hambre. He perdido muchos familiares y amigos durante mi vida que no es muy larga y, aunque no lo crean, es duro ver la muerte tantas veces, y tan a diario. Y vives siempre con ese miedo. Te levantas cada día pensando en qué puede pasarte hoy y si mañana no estarás aquí para contarlo.
Por eso escribo esta carta, en nombre de muchos otros que ya no están aquí y que también hubieran querido expresarlo de igual forma, y es que nosotras las hormigas, humildes trabajadoras que intentamos sobrevivir sin hacer daño a nadie, queremos vivir en paz. Y por eso pido, a vosotros los humanos, que tengáis algo de más cuidado y que no abuséis de aerosoles anti-hormigas. Ustedes tengan cuidado de no dejar basura por sus casas y nosotros, palabra de hormiga, no acudiremos allí.
Pónganse en nuestro lugar durante un momento e imagínense si tuvieran algo superior a ustedes, algo mil veces mayor que vosotros que anda por el mundo sin preocupación de por dónde anda y qué pisa. Estoy segurísimo que no les gustaría, ¿verdad? Pues espero que a partir de ahora, amigos humanos, recordéis estas sinceras palabras y os estaremos eternamente agradecidos.
Sin más me despido que comienza mi jornada laboral intensiva.
Firmado, La Hormiga Obrera.

domingo, 21 de agosto de 2011

La Historia de Kvothe

Aquí os dejo unos párrafos de la maravillosa novela de Patrick Rothfuss,
{{subst:Aviso referencias|El nombre del viento}}
que estoy terminando de leer. http://lahistoriadekvothe.com/



Extracto del capítulo 49, La naturaleza de las criaturas salvajes.

Para aproximarse a una criatura salvaje es necesario tener cuidado. El sigilo no sirve de nada. Las criaturas salvajes reconocen el sigilo y saben que es mentira y una trampa. Si bien a veces las criaturas salvajes juegan a juegos de sigilo y, al hacerlo, en ocasiones son presa del sigilo, en realidad el sigilo nunca las atrapa.
Pues bien. Con lento cuidado, más que con sigilo, es como debemos aproximarnos a determinada mujer. Una mujer salvaje hasta tal punto que temo abordarla demasiado deprisa incluso en una historia. Si me moviera de modo imprudente, podría asustar a la idea de esa mujer y hacerla salir volando precipitadamente.
Así que, con lento cuidado, hablaré de cómo la conocí. Y para eso debo hablar de los sucesos que me llevaron, a regañadientes, al otro lado del río y a Imre.





miércoles, 3 de agosto de 2011

TODO POR CULPA DE UNOS SEGUNDOS


Y los segundos van pasando sin preocuparse si los minutos quieren pasar.
Y los minutos van pasando sin preocuparse si las horas quieren pasar.
Y las horas van pasando sin preocuparse si los días quieren pasar.
Y los días van pasando sin preocuparse si los meses quieren pasar.
Y los meses van pasando sin preocuparse si los años quieren pasar.
Y los años van pasando sin preocuparse si yo quiero pasar.
Y yo, no quiero pasar.

martes, 2 de agosto de 2011

La cesta de supervivencia.

Nacemos para sobrevivir. Toda la vida llevamos tirando de un carro muy pesado, y muy pocos saben de su existencia. Un carro al que me gusta denominarlo como La cesta de supervivencia.

Al nacer, nos colocan una especie de artefacto cargado de Alegría, Felicidad, Amor y algo más de menos importancia.
Nuestra misión es tirar del carro, cargando todo eso sin que perdamos nada por el camino y sin tener que recurrir al desalojo de la mercancía.

Nuestros padres, nuestros familiares, desde que somos pequeños se han preocupado de que nada caiga, de ayudarnos a tirar de él y a empujarlo cuando lo hemos necesitado. Al menos en mi caso ha sido así.

Y es que la vida, puede resumirse en sacar fuerzas para tirar de ese carro y no tener que deshacerse de nada de lo que carga. ¡Imagínate!

Y el problema quizás no es ese, sino que una vez tiras algo de eso, no puedes volver a recuperarlo ni tan siquiera con la ayuda de la fe.

Escribo esto para contaros mi historia. He sufrido mucho tirando de mi cargamento. Siempre he intentado adquirir fuerzas para seguir adelante y no tener que derramar nada. Sin embargo, tuve que expulsar algo de Alegría para poder reanudar mi andadura. Una dura decisión, la verdad, pero a lo que nunca recurriría era a deshacerme del Amor. Constantemente he considerado que el Amor es lo más importante que puede tener uno mismo, y que debe cargar con él por mucho que le cueste.

Continué mi vida, pero parece que he elegido caminos con muchos baches que sortear y he perdido por el camino bastante de la Felicidad que cargaba. Eso me ponía aún más triste y la Alegría se iba perdiendo lenta y dolorosamente sin percatarme de ello.

Lo perdí todo. Todo en mi carro desapareció y sólo me quedaba Amor. Pero, ¿qué haría con Amor sin Felicidad y sin Alegría?

No dejé caer lo único que me quedaba. Juré y perjuré que nunca lo perdería pasara lo que pasara, y fuera lo que fuera lo que me encontrara por mi camino, jamás.

Resistí el condenado peso del Amor durante muchísimo tiempo. ¿Y para qué? Para nada.

Y es que acabo de decidir vaciar mi cargamento, y deshacerme de eso. Eliminar de una vez ese Amor que siempre he defendido. Si con eso me sentiré libre, lo haré. He renunciado a lo único para lo que nacemos, he renunciado a sobrevivir. No sé qué vendrá a continuación.

Lo que sí sé es que ahora, lo único que me queda es tirar de un carro vacío y de tener que aguantar que cada vez que mire hacia atrás vea a mi Felicidad, mi Amor y mi Alegría pisoteada y esparcida por el camino.

Seguiré teniendo fe en que algún día volveré a nacer y volveré a tener ese carro lleno. Y si a algo tendré que recurrir en un principio para sobrevivir, será descartando lo que ya pueden imaginarse…