martes, 28 de agosto de 2012

El Universo de Ôressium.

     Todo gran universo tiene su origen y a pesar de ser este uno de los más pequeños que existen, es de los más extraordinarios y hermosos que jamás se puedan imaginar. Un universo lleno de criaturas fantásticas y de hermosas damas, de caballeros cuan valerosos defendiendo sus tierras y su honor. Con miles de idiomas y dialectos complejos. De reyes y reinos en guerra, de ríos de agua mística bañados en sangre que las guerras dejan tras su paso. De grandes Dioses creadores y pequeñas criaturas creadas. Un universo con varios mundos en su interior, mundos repletos de magia y misterio por doquier. Ôres, el Dios de todos los Dioses de este universo, fue su creador, dando lugar hace ya millones de ciclos lunares a este universo que lleva su nombre. Si quieren conocer toda la historia de esta prodigiosa y formidable creación es requisito primordial, antes de leer nada, en creer y en aceptar que existen realmente estos universos de fantasía.

Capítulo 1. La entrada a Diaphònicae Zârh.
Capítulo 2. La codicia del rey de Gonderth.
Capítulo 3. Los primeros pasos en el Mundo de Diaphònicae Zhâr.
Capítulo 4. Diaphònicae Zârh y sus cuatro días de placer.
Capítulo 5. Luxem, un Padre Inmortal.
Capítulo 6. El sueño terminó y con él, Diaphònicae Zârh.
Capítulo 7. El Sauce de Phîerland. (inacabado)

White Scarlet en su búsqueda del Sauce de Phîerland.

-próximamente-

lunes, 27 de agosto de 2012

El Sauce de Phîerland

- Existe una tierra desconocida a los ojos de muchos caminantes de estas llanuras, - explicaba Sir Robinson a su preciosa hija White Scarlet mientras andaban con paso firme por el Sendero del Sol. - y a pesar de su grandiosidad y extensión muchos mueren sin saber si es cierta su existencia, y muchos otros mueren intentando llegar hasta ella.
- Padre, - interrumpió su hija con esa dulce y delicada voz que le caracterizaba - ¿estás hablando del mundo de Zârh?
- No, hablo de una tierra mucho más misteriosa que esa - contestó. - Observa - dijo señalando hacia un pequeño montículo de tierra y piedras. - Allí está la entrada a una cueva subterránea. Una cueva laberíntica donde uno de sus miles caminos termina en esa tierra tan misteriosa y desconocida de la que te hablo.
- ¿Tú crees en ella, padre? - Comentó mientras entrecerraba sus ojos para poder ver mejor aquel lugar que terminaba de señalar Sir Robinson. -
- Por supuesto que sí, hija mía. Hay tantas cosas extrañas en este mundo que cualquiera, por misteriosa, ilógica o difícil que parezca, podría ser cierta. Cuenta la leyenda - continuó relatando la historia mientras comenzaban de nuevo su camino - que debajo de este mismo suelo que pisas, a tantos metros bajo tus pies como puedas imaginar, hay una montaña subterránea de unos treinta mil pies de altura. La montaña llamada Phîerland y que en su cima yace su famoso Sauce.
- ¡Vaya! - se expresó impresionada - Si ese lugar es tan bello como su nombre, me gustaría verlo algún día, padre.
- Hija mía - contestó su padre mientras reía - no peques de ilusa. Ese laberinto está lleno de criaturas monstruosas y horribles, según se cuenta. Al parecer, se alimentan de las ratas y otros bichos que puedan encontrar por esos oscuros y fríos pasadizos. Beben el agua que gotea por sus paredes, y si cualquier humano procedente de aquí arriba osa bajar ahí, lo reciben como un manjar caído del cielo, nunca mejor dicho. Imaginate, hija mía, carne caliente y jugosa - rió mientras apretaba el brazo de su hija White Scarlet. -
- ¡Aaah! - gritó enfadada. -
- Si esto te duele, ¿cómo pretendes entrar ahí, hija? - preguntó sonriente, enseñando esa dentadura tan perfecta y cuidada.
- Podría entrenarme, padre. Al igual que enseñas a muchos de esos inexpertos campesinos que desean ser caballeros - decía en un tono tan serio que Sir Robinson comenzaba a creérselo incluso - y que al final consiguen blandir sus espadas con precisión ganando duras batallas. ¡Enseñame, padre! - gritó sonriente mientras lo miraba a sus ojos. -
- Eres demasiado hermosa, demasiado mujer. Has nacido para casarte con uno de esos caballeros, no para ocupar su puesto. - explicó su padre cuando terminó de reír.-

Continuaron caminando con dirección al inmenso hogar que Sir Robinson había heredado de su padre y que estaba a varios minutos desde donde se encontraban. Siguió explicando a su hija White Scarlet la historia del Sauce de Phîerland, el por qué de su magia y cómo llego hasta allí, aumentando mucho más sus ganas de poder ver ese lugar tan misterioso y oculto.

Continuará

lunes, 25 de junio de 2012

- El caballo Will y su jinete Dry Leaf -

Capítulo 1: Toda historia tiene un comienzo.

Australia seguía siendo esa isla tan inmensa y repleta de llanuras de bosque, con montañas de piedra y roca volcánica, donde criaturas salvajes se daban cobijo entre matorrales, árboles autóctonos y cuevas subterráneas con el único fin de sobrevivir, con el único placer, si es que así podía decirse, de hacer de su vida un esfuerzo por la supervivencia en esa tierra tan peligrosa, a la par de misteriosa, como era Australia.

Will sabía que la primavera había llegado. Los árboles comenzaban a florecer, el tiempo era más agradable y los animales comenzaban a aparearse. Y aunque aún no fuera mayor de edad, ya sabía de qué iba el tema de aparearse. Hacía entonces, aproximadamente, cinco años de su nacimiento y ese día al despertar recordó ese momento al caerle sobre su bello hocico una flor blanca del ciruelo bajo el que dormía. 
Will era un caballo salvaje, quizás de los más bellos que habrían nacido en los últimos tiempos por esas tierras. Su cuerpo entero cubierto con pelaje negro oscuro le hacía aún más salvaje, y su melena larga unida a su mediana estatura le daban un aspecto robusto y jovial. 


Caminaba despacio con dirección un lago cercano. Seguía el sendero por el que tantas veces había andado esta última temporada, aunque hoy era su última vez. La llegada del buen tiempo le animaba a viajar hacia la costa, donde encontraba alimento más fresco y rico que en el interior, además de que está más a salvo de los peligros del bosque. Por eso, una vez se refrescó y bebió de ese agua tan fresca y limpia que tenía el lago, puso rumbo a la playa del oeste que era la más cercana desde su posición. 
Su escasa edad no le permitió viajar mucho, aunque el deseaba con fuerza recorrer algún día toda la costa y llegar al punto de partida. Para llegar a la costa debía atravesar varios kilómetros las llanuras de bosque, subir y bajar por la montaña de Río Grande, que así es como él la llamaba por dar nacimiento al río más largo y caudaloso que había visto en su corta vida, y atravesar el desierto de Canguros; ya podéis imaginaros por qué lo llamaba así. 
Con suerte atravesaría Río Grande al medio día, haciendo un alto para alimentarse y reponer fuerzas. A continuación descansaría varios minutos y proseguiría con su camino, esta vez al trote atravesando las llanuras desiertas de Canguros, para poder llegar antes del anochecer a la playa.

Escuchaba el aleteo de una bandada de aves que atravesaba el cielo en esos momentos y miró hacia arriba sin recordar que aún estaba en el interior del bosque y le era imposible ver el cielo debido a la gran altura y densidad de las copas de los árboles. Debían ser cigüeñas u otra especie de gran tamaño debido al fuerte sonido que producían sus alas. Su sorpresa fue al encontrar un pequeño koala, de color grisáceo, abrazado a la copa del árbol. Hacía tiempo que no veía alguno. Siempre le hizo gracia esa nariz tan grande y negra que tenían, en contraste con su pelaje más claro, e hizo un relincho de alegría asustándolo.

- Perdón, no quise asustarle, señor koala - comentó Will seguidamente - ¿Podría decirme usted, que ve el cielo más cerca que yo, qué pájaros son esos que nos sobrevuelan? - Preguntó intrigado por saber si eran las cigüeñas que también iban hacia la costa.
- ¿Cuál es tu nombre, caballo? - dijo el koala con un tono de voz serio y con cara de pocos amigos. - Will esperó por si decía algo más.
- Mi nombre es Will, señor koala - contestó decepcionado -. No pretendía asustarle, discúlpeme.
- Will... -dijo con la boca llena de hojas de eucalipto -. Sí, son cigüeñas - afirmó una vez que dirigió su mirada hacia arriba lentamente, como si el tiempo fuera más lento para él -

El koala continuó en su afán por comer hojas de eucalipto sin decir ni una palabra lo que provocó que Will se marchara con un mal sabor de boca. A pesar de su bravura y vigor, era un caballo amable y feliz, y no estaba acostumbrado a ser despreciado tan a menudo. Así que esa actitud del koala hizo que le afectara en su estado de ánimo volviéndolo triste y cabizbajo mientras retomaba su camino.

Will hacía uso de su buena memoria para llegar hasta la playa. Se fijaba en pequeños detalles que iba encontrando para luego poder guiarse con más facilidad a todos los sitios; podrían ser desde la posición en que estaban puestas ciertas rocas, marcas en los troncos de los árboles, las madrigueras de algunos animales terrestres... Si su memoria no le fallaba, estaba apunto de dar salida al pie de la montaña Río Grande.
Y así fue, atravesó esa capa de vida verde que separaba la montaña del interior del bosque y se encontró, tan bello como siempre, Río Grande. Se alzaba majestuosa al cielo, casi llegando a tocarlo. Desde allí sería capaz de ver Australia entera, pensó el caballo Will.

Se acercó al río y bebió un largo rato de él. Parecía agua sagrada del sabor tan puro que tenía; hasta se podía sentir como si los músculos se volvieran más fuertes. Al levantar su hocico del agua, se observó en el reflejo. Es curioso pero Will nunca se había fijado detenidamente en observar el aspecto de su cara. Contempló, tranquilo, esos ojos grandes y cristalinos, que casi permitían ver el interior de su alma, observó esa melena larga y lisa a uno de los lados de su cabeza y esas pequeñas orejas que se movían sin querer de un lado al otro, estando alerta por si oían algo. Relinchó con fuerza a la vez que se alzó señorial y esplendoroso sobre sus dos patas traseras, haciendo que muchos animales de su alrededor corrieran despavoridos hacia direcciones contrarias. Al caer, sus patas delanteras chocaron contra el agua con energía, haciéndole que perdiera su manso de paz. Fue entonces cuando olvidó su tristeza, recordando que era un caballo fuerte y lozano.

Volvió a mirar la cumbre de la montaña Río Grande, y reanudó sus andaduras hacia la ladera de Río Grande.

domingo, 6 de mayo de 2012

La cadena oval.

Del huevo nació una gallina. La gallina puso un huevo. El huevo lo comió una serpiente. La serpiente puso un huevo. Del huevo nació una serpiente. La serpiente reptó un árbol. El árbol creció durante muchos años dando cobijo a un pájaro. El pájaro puso un huevo. Del huevo nació un pajarillo. El pájaro creció y aprendió a volar. El pájaro voló e intentó cazar un ratón. ¿El ratón puso un huevo? No, el ratón es un mamífero. Los mamíferos no ponen huevos. No, hay mamíferos que ponen huevos. El huevo del ornitorrinco. Del huevo del ornitorrinco nació un ornitorrinco. El ornitorrinco puso un huevo. El huevo lo comió un cocodrilo. El cocodrilo puso un huevo. Del huevo nació un cocodrilo. El cocodrilo fue a una granja cercana y comió una gallina que había puesto un huevo. ¿Del huevo nació una gallina? No, el hombre comió el huevo y rompió una enorme cadena. Del huevo no nació una gallina que no pudo poner otro huevo. La serpiente murió de hambre y no pudo poner huevos. El árbol sí que creció y dio cobijo a un pájaro que puso un huevo. El hombre taló el árbol y rompió el huevo al hacer caer el árbol. El ornitorrinco puso un huevo. El huevo lo comió un cocodrilo. El cocodrilo fue a una granja cercana pero como no había gallinas murió de hambre.
Moraleja 1: El hombre sobrevive.
Moraleja 2: El ornitorrinco también consigue sobrevivir porque ningún hombre a visto nunca un ornitorrinco.

Origen del futuro. - Capítulo 2 - Bloody Sunday

Lea antes: 
- Prólogo - 
- Capítulo 1 -

30 de enero de 1972 - Derry ( Irlanda del Norte )

Irlanda del Norte, a día de hoy, parece estar condenada de por vida a los conflictos y a la violencia, todo debido a la mala gestión del gobierno que lleva el país. Aunque este conflicto empezara a principios de siglo XVII con la entrada de Inglaterra en tierras irlandesas, nunca han conseguido firmar la paz católicos y protestantes. Los enfrentamientos que están viendo casi a diario, se llevan a cabo por los unionistas de Irlanda del Norte, los protestantes, que siempre han sido partidarios de preservar los lazos con Gran Bretaña y por los republicanos irlandeses, en su gran mayoría católicos y demográficamente minoritarios, que son partidarios de la independencia absoluta.

Aún recuerdan muchos de los ciudadanos de aquí de Derry los violentos disturbios entre nacionalistas y policías que se produjeron en el barrio de Bogside, allá entre el 12 y el 14 de febrero de 1969. Yo aún lo recuerdo con tristeza y dolor porque perdí un gran amigo en esa revuelta. Él vivió muy intensamente lo ocurrido porque era en ese barrio donde creció y vivió durante toda su vida. Además era un nacionalista como el que más, liderando gran parte de las manifestaciones y protestas que se llevaban a cabo por la zona. Todo fue motivado por la llegada de las tropas del ejercito británico a la zona, con fines, según ellos, de restaurar el orden, cuando allí no había sido necesario ya que se había programado una marcha totalmente pacífica.

Mi nombre es James Miller, tengo cincuenta y siete años, y hoy, domingo al medio día, cuento todo esto a mi sobrino, junto a un fuego acogedor que nos aislaba de las bajas temperaturas del momento. Toda esta historia viene a cuento de que comenzamos hablando de la manifestación que se llevaría a cabo esta tarde y los momentos de tensión que se podrían llevar a cabo. Con esto no quería más que alertar y pedirle que fuera a protestar, al igual que yo lo haría, pero que no entrara en peleas y discusiones, que se mantuviera siempre al margen y alejado de los grupos radicales de la ciudad, que no eran pocos. La voz de la experiencia era siempre importante, y la mía estaba bastante experimentada en tema de manifestaciones y protestas civiles.

Esta tarde se estima que miles de personas acudirán al acto a favor de los derechos civiles y en contra del internamiento, como así se le llamó, un encarcelamiento sin juicio alguno de varios sospechosos de pertenecer al IRA, ejercito republicano irlandés. Todo ordenado por el gobierno de Irlanda del Norte. Aún no sabemos si acudiremos al ayuntamiento de la ciudad porque las autoridades han prohibido expresamente no abandonar nuestros barrios, además de que el gobierno ha prorrogado hace un par de días la prohibición de celebrar manifestaciones públicas. De nuevo, un duro golpe más a nuestra libertad de expresión y a la rehivindicación de nuestros derechos como ciudadanos de esta tierra, que hasta el día antes en que llegaran los ingleses no habíamos tenido problema alguno y eramos un proyecto de país independiente, con la capacidad suficiente de subsanarse a sí mismo.

Antes que mi sobrino llegara a casa, como cada mañana, había desayunado, tomado una apetecible ducha caliente, ordené la habitación en la medida de lo posible y había llamado al destino. Una hoja de papel en blanco que tengo que arrojar al fuego que enciendo cada día al levantarme, define un acto del futuro próximo, es decir que escribe un hecho puntual del día. Esto quedará oculto en las cenizas de la hoguera, en esas minúsculas partículas grisáceas mal olientes y sólo a medianoche podré saber qué hecho fue motivado, fue creado, por esa misteriosa acción de arrojar la hoja al fuego. Sé que puede parecer que esté loco, que sea un comportamiento que me acerque a la brujería, a lo relacionado con el diablo incluso, y es por eso mismo que nadie sabe de su existencia, ni tan siquiera mis hermanos. Pero debo hacer esto. No me gustaría experimentar de nuevo qué pasaría si alguna mañana no lanzara el papel a la hoguera, ya que el día que lo intenté casi acabo con mi vida.

Almorcé con mi sobrino. Es buen chaval, joven. Cumplió veinte años el mes pasado. Se llama Chase, como su padre, como mi hermano, pero por desgracia no se hablan desde hace muchos años. Ahora mismo vive con su madre pero pasa gran parte del tiempo aquí en casa. Le encantan mis raras, pero entretenidas, fábulas de mezcla de ficción y realidad. A menudo hace que me sienta como un padre. De hecho, creo que soy como un padre para él. Continuamos hablando de la manifestación y de otros temas interesantes, sobre cómo debía organizarse la política tanto exterior como interior en esos momentos tan críticos por los que pasaba el país. Era un chico que podría llegar lejos, sin lugar a dudas, en todo lo relacionado con la política. Incluso me atreví a decirle en alguna ocasión que tenía algo especial y que en un futuro lo vería como presidente del gobierno.

A media tarde, Chase cogió su bicicleta que le había dejado en herencia su abuelo materno y con la que hacía la mayor parte de sus andanzas por la ciudad, y con un chirrido característico producido por  la cadena oxidada, tomó rumbo a la manifestación, teniendo que pasar antes por casa a recoger unas pancartas que había hecho con varios amigos. No vivía muy lejos de mí por lo que en quince minutos podría estar ya en el punto de encuentro de los manifestantes. Yo, sin embargo, no podré personarme hasta más tarde. Prometí a mi vecino mirar el motor de su furgoneta Volkswagen que llevaba varios días dándole problemas. No es que sea mecánico, ni tan siquiera vivo de eso, pero soy aficionado y disfruto con los coches.

Eran aproximadamente las siete de la tarde. Llegaba con paso decidido y con una leve sonrisa por ver tantísima gente en las calles. Los manifestantes continuaban con sus gritos de libertad y sus pancartas en alto. Algunos con sus caras y manos pintadas de blanco como signo de paz. La policía local y soldados acordonaban la zona para impedir que nadie saliera del recinto. Un vallado humano infranqueable a simple vista. Mientras, la televisión local grababa las declaraciones de alguno de los ciudadanos al mismo tiempo que algunos impresentables hacían el tonto detrás del entrevistado para salir en cámara. Me dispuse a unirme a todo el grupo entablando conversación con una mujer de mediana edad que estaba allí con otra chica más joven que ella. Es posible que fueran madre e hija. Y así comenzó mi momento de protesta.

De repente, un pequeño grupo de manifestantes, apartado del núcleo principal, comenzó a lanzar piedras a una de las barricadas. Yo me temía lo peor. Instantes después los solados respondieron con gas y balas de goma. Todo el mundo comenzó a correr creando así una estampida humana. Los gritos de protesta se tornaron de terror. Empecé a correr mirando de vez en cuando lo que estaba ocurriendo a mis espaldas. Los rebeldes empezaron a acercarse a las fuerzas de seguridad con palos de madera, algunos con cuchillos en sus manos. Policías y personal del ejercito intentaban cortarles el paso para así evitar algún mal mayor.  De repente, varios disparos mataron ese ambiente de terror creando así uno nuevo de preocupación y espanto generalizado. Entonces fue cuando todo el mundo comenzó a agacharse, incluso a tirarse al suelo, llorando muchos del miedo que estaban sufriendo. Un hombre que abrió la puerta segundos antes, al verme pasar corriendo, me invitó a entrar junto con varias personas más y cerró dando un portazo. ¿Estáis todos bien? pregunté por si había alguien herido. Pero, por suerte, todos estábamos bien. Los disparos se intensificaron y todo parecía indicar que el ejercito inglés había abierto fuego en respuesta a los disparos precedentes de los manifestantes radicales. Fue entonces cuando pasados varios intensos minutos dejaron de oírse los disparos. Tan sólo los gritos de los soldados y algún llanto solitario se oían desde la casa de este amable hombre que nos invitó a salvar nuestras vidas. Entonces nos asomamos a las ventanas, preocupados, por lo que podríamos encontrarnos al otro lado de las cortinas. Varias personas en el suelo, con charcos de sangre a su alrededor, me hacía temer lo peor.

Cuando conseguimos salir de las casas, varios policías nos registraron uno a uno para comprobar así que no disponíamos de armas de fuego. Nos obligaron a abandonar la zona porque se procedería a la retirada de los cuerpos que yacían sobre la calzada. El ruido de las sirenas de las ambulancias, el llanto de familiares y amigos de los caídos, hacían irme de allí con un mal sabor de boca porque así no se consigue nada realmente.

De camino a casa, oía a la gente comentar lo sucedido y por eso me acerqué a preguntar a un grupo de jóvenes que estaban sentados en una de las aceras.

- Perdonad. ¿Sabéis cuántos puede haber heridos? - dije llegando donde estaban ellos -.
- Parece ser que hay varios heridos por las caídas y los golpes de la estampida, pero he oído decir a gente que hay siete personas muertas. - contestó uno de ellos mientras fumaba un cigarro -.
- ¡Se han cebado los soldados con nosotros! - gritaba uno indignado -. ¡Hasta cuando vamos a tener que soportar esta cruz! Estoy cansado de este jodido país.
- Bueno muchachos, por desgracia, siempre hay un grupo de gente que no sabe controlarse - comenté mientras miraba el reloj -, pero no debemos perder la esperanza. Hay que seguir luchando por nuestros derechos.
- Es cierto, ¡no nos callarán! - gritó otro del grupo -.
- Gracias por la información jóvenes. Hasta otra - dije mientras iniciaba los pasos hacia casa y abrochando mi chaqueta hasta el cuello -.

Era casi medianoche. Ya me había puesto cómodo para estar por casa. Estaba sentado en el sofá, intentando escuchar la radio, pero el mal tiempo impedía que se oyera con claridad. No hacía nada más que pensar en esas personas y en esas familias. El dolor que tendrían que pasar ahora por una simple manifestación, por una simple insensatez de cuatro imbéciles.

A pesar del cansancio de mi cuerpo, antes de tomar el sueño, siempre espero que sean las doce de la noche. La curiosidad de saber qué acto provoqué siempre me desespera.

Ya era medianoche. Con cuidado de no quemarme tomé varios puñados de ceniza y la esparcí sobre un gran cuenco lleno de agua. Seguidamente lo remuevo con mi mano y lo observo detenidamente. No sé, ni tan siquiera, si cualquier otra persona podría ver algo. Yo puedo verlo como si estuviera viviéndolo en primera persona. Esa noche vi algo realmente espantoso. Mis lágrimas empezaron a caer mientras veía lo que el cuenco con agua me estaba enseñando. Rápidamente solté el cuenco de agua, que cayó al suelo y se rompió, y salí corriendo por la puerta incluso sin cerrarla y sin parar de negar que aquello no podría ser verdad. Me monté en el coche y lo arranque tan rápido como pude. Tenía que comprobar que aquello que había visto no podía ser verdad. Y que alguna vez debía fallar ese maldito conjuro de llamar al destino, y hoy debía ser el día que fallara.

viernes, 6 de abril de 2012

Una escena inesperada.

Lea antes: 1. El gran Teatro Central

     En escena el Marqués de Villarrobledo, Don Diego, junto con sus dos hermanos más jovenes que él y su humilde criado Casildo. Se dirigían por el bosque a una taberna del pueblo. Portaban unas lámparas que iluminaban levemente el escenario. Detrás de ellos varios árboles dibujados sobre el fondo de tela que había sido cambiado ya en varias ocasiones. El Marqués portaba unas ropas increiblemente talladas. Además, su figura esbelta le hacía ser aún más atractivo como personaje. Su espada enfundada y atada a su cintura habría sido creada por algún experto herrero del país, era más bella que el propio espectáculo que se estaba llevando a cabo. Los hermanos no llevaban más que algún cuchillo guardado, pero también con ropas refinadas. Sin embargo, Casildo simbolizaba despectivamente todo lo contrario a su amo.

     Siguieron hablando largo rato sobre temas de la nobleza, parados en medio de la nada. De repente se dirigieron a las escaleras centrales del escenario, las que daban hacia el patio de butacas. Para el asombro de todos, la sala comenzaba a convertirse en el nuevo escenario. El pasillo entre las butacas simularía entonces el camino hacia la taberna, aprovechando de esa forma la oportunidad para cambiar el atrezo del escenario y convertirlo en la barra de una taberna de la ciudad. Entonces se cerró el telón tras ellos y caminaron entre las butacas. La iluminación se volvió verde en sus cabezas y los efectos del sonido de algún buho simulaba la noche en el bosque.

     - Sólo su padre es capaz de plantar cara a ese mal nacido. - continuó hablando en voz áspera y vieja el Marqués - Si no quiere perder ni sus tierras ni su mujer, debiére cortarle la cabeza sin miramientos. - Dijo haciendo el gesto con sus brazos como una guillotina.
     - Dios misericordioso, - dijo Casildo a la vez que miraba al cielo - quién osa a acostarse con su propia madre.
     - Si eso mismo me pasara con mi hijo, yo mismo lo ahorcaría con mis propias manos delante de todo el pueblo de Villarrobledo. - explicó bastante serio uno de los hermanos.

     De pronto, un espectador que veía la función desde el comienzo, gritó: ¿Quién anda el camino en horas tan oscuras? Seguido de varias risas de diferentes puntos del patio de butacas, comenzaron a levantarse varios espectadores. Cinco, para ser exactos. Sacaron sus espadas y apuntaron a los cuatro protagonistas que se encontraban rodeados de todos ellos sin poder dar paso alguno.

     - Hablas con el Marqués de Villarrobledo y sus hermanos. Sigan su camino de vuelta y aquí no pasará nada. - comentó Don Diego.
     - Hablas con el Marqués de Villarrobledo, - hizo en tono de burla el supuesto cabecilla. - Bla bla bla - continuo acabando con unas risas de los demás bándalos.
     - ¡Qué mejor que encontrarse un Marqués con sus bolsillos llenos de monedas! - dijo en tono elevado uno de ellos.
     - Tengo los bolsillos llenos de monedas - contestó palpando la chaqueta y produciendo el sonido de las monedas al chocar. - y el alma llena de furia.

     Entonces desembainó su espada de una manera tan rápida que la clavó en su pecho, gritando ese de dolor a la vez que caía al suelo, en mitad del pasillo. Cada uno de sus hermanos, a una velocidad casi imperceptibles, sacaron sus cuchillos de no se sabe dónde y lo pusieron en los cuellos de dos de ellos. Ya tenían desde pequeños una frase preparada para ocasiones así: el alma llena de furia. Sabían que cuando uno lo dijera, debían atacar sin miramientos. Quedaron dos, el supuesto jefe y uno más. El cabecilla cogió a Casildo por el brazó y puso su espada al cuello. El otro, salió corriendo hacia el telón y se metió tras él, saliendo de la escena.

     - Ahora amigo, vas a soltar tu espada. Me la darás junto con todo el oro que has robado por ahí y me beberé el mejor vino que encuentre en la taberna mientras mis hermanos te cortan los dedos, uno a uno y despacio, para que aprendas que no está bien robar, y menos a mí.

     El bándalo soltó a Casildo, pegándole un empujó hacia ellos y comenzó a correr por la sala en dirección al telón, mirando en varias ocasiones hacia atrás. La gente aplaudió y rió, animándose al ver aquello. La alegría de humillar a un ladrón les hacía felices, y mucho más ahora que hace varias semanas que se robaba en la ciudad y que no se habían dado con ellos.

     Siguieron caminando, comentando lo ocurrido, y bordearon todas las butacas dirigiéndose de nuevo al escenario. Estaban llegando cuando comenzó a abrirse el telón y apareció la taberna. Entraron saludando abiertamente al tabernero y se sentaron en una de las tres mesas que había, pidiendo unas jarras de cerveza.

     - Unas jarras de cervezas, de la más fría que puedas tener. - Pidió uno de los hermanos.
     - Ahora mismo - contestó el tabernero a la vez que se disponía a servirlas del mejor barríl de cerveza que disponía, al ver que era el mismísimo Don Diego Marqués de Villarrobledo. - ¿Van a querer algo de cenar? Invita la casa. Tengo el mejor cocido que puedan probar en toda la comarca. - propuso con una sonrisa que se estropeaba por esos dientes tan desordenados.
     - Gracias amigo. Tomaremos unas cuantas cervezas y volveremos a la casona. Mañana partimos temprano a la corte del rey.

     La escena continuó. Bebieron un largo rato mientras las conversaciones no cesaban y algunos clientes que entraban. Alguno de ellos conocía al Marqués, saludándolo con una reverencia formal al entrar y verlo allí sentado.

     Entro en escena un cliente más. Subió las escaleras centrales desde el patio de butacas. Los actores pusieron todos cara extraña, mirandose unos a otros, como si no lo conocieran. El desconocido se quedó mirando al Marqués fijamente a los ojos, pero no hubo palabra alguna. Un silencio sepulcral rodeaba la escena, dándole aún más tensión a la obra. De pronto, Don Diego se levantó al reconocerlo y empezó a correr hacia uno de los laterales del escenario. Entonces, sin esperarlo, el desconocido sacó una pistola que tenía escondida, apuntó a la cabeza del Marqués desde lejos, y a pesar de que ya se encontraba el protagonista en una zona oscura que apenas se veía, apretó el gatillo sin miramientos y acertó de lleno en su cabeza. El estruendo del disparo inesperado, hizo gritar a más de una persona en la sala. El golpe del cuerpo al caer en el escenario, a la vez que salía sangre de su cabeza, levantó el pánico de todas las personas que estaban en las primeras filas, junto con los demás actores. Todos salieron despavoridos, aterrados al ver aquella macabra escena. El desconocido aprovechó el desconcierto para perderse. Sólo los protagonistas que estaban en escena vieron su cara, la cara del asesino de ese actor que apareció de la nada y puso fin a la función de la peor forma que lo habían hecho jamás en el mundo entero.

     El inspector jefe de policía de la ciudad se encontraba viendo la función como un mero espectador más. Entonces, con la sangre fría que caracterizaba a ese hombre gritó: Que todo el mundo guarde la calma. Que no salga nadie de aquí sino quiere recibir un disparo. La suerte de estar sentado cerca de la entrada principal hizo que de un salto se levantara y flanqueara la puerta a punta de pistola. La gente horrorizada comenzó a gritar. Los llantos de los niños y las mujeres se unía la ira de los hombres que hacía escasos momentos veían la obra de teatro. El inspector, nervioso, no  paraba de apuntar a un lado y a otro, intentando visualizar a ese desconocido. Sólo podía ver miedo y terror en sus caras. Sabía que estaba poniendo en peligro la vida de muchas personas, pero si la suerte jugaba de su parte esa noche daría con ese asesino, que estaba en la sala. Es más, su intuición experta le decía que el hecho de haber disparado tan sólo una vez y el actor estar tan lejos sólo podía significar o que era un experto tirador o que sólo tenía una sola bala. Apostó por lo segundo.

     Aquí daría comienzo la función para el inspector jefe de policía de la ciudad.

[Continuará.]

lunes, 19 de marzo de 2012

El gran Teatro Central

     Hacía una temperatura agradable esa tarde a pesar de estar aún en la estación de invierno. Un cielo cubierto parcialmente por unas nubes en tonos grisáceos no permitía ver más que un puñado de estrellas contaminadas por el humo oscuro que salía de las chimeneas de varias casas de las calles próximas. Las farolas de la gran plaza de la ciudad daban aún más cobijo a las personas que se agolpaban impacientes ante las puertas del Teatro Central, a la espera de poder entrar para ver el espectáculo de uno de los directores de teatro más conocidos del país.

     Varias mujeres que podrían rondar los cincuenta años chismorreaban de otro grupo de mujeres cercanas, en ocasiones con un tono de voz demasiado alto como para poder escuchar lo que decían. Una madre ordenando constantemente a sus hijos a guardar la compostura en la fila mientras su marido, con bigote canoso y una vestimenta bastante cara para la ocasión, fumaba un gran puro cubano impasible a la actitud de sus hijos. Casi al final de la fila y recién llegados un grupo de unos diez jóvenes, a juzgar por su forma de hablar, del barrio de San Cristobal Apostol. Hablaban y reían de manera un tanto exagerada haciendo que muchas de las personas presentes miraran con ojos incrédulos. Alguna pareja abrazada y un niño bebiendo agua de una fuente cercana. Y más de un presente miraba su reloj cada cinco minutos impaciente por la apertura de puertas, se diría que más por tomar asiento que por ver la función.

     La fachada del Teatro Central era bella se mirara por donde se mirara. Una enorme puerta de madera de nogal adornada con varios metales puntiagudos y unas inscripciones en color dorado en cada una de las puertas. En la puerta de la izquierda una T, en la otra una C, ambas caligráficas. La puerta estaba flanqueada por dos columnas de piedra arenisca, áspera al tacto, desgastada por el paso del tiempo y de tono marrón. En el lado derecho las taquillas cerradas porque todos los asientos se habían vendido por adelantado hacía ya un mes. En el lado izquierdo un cartel medio roto que casi permitía leer el nombre del espectáculo que esa noche tendría lugar. El resto de la fachada era de ladrillo y piedra, con ventanas pequeñas, algunas de las que salía luz, otras cerradas con cortinas rojas.

     El chasquido de la cerradura de la puerta del Teatro Central se oyó abrirse. La multitud se agrupó impaciente y comenzaron a entrar de una manera ordenada enseñando cada uno de ellos su billete. Asiento número 43, se oía pronunciar al revisor.

     Una vez dentro, a pesar de que la mayoría de ellos ya había acudido al Teatro Central más de una vez, quedaban asombrados por esas maravillosas lámparas colgantes de ese techo tan alto. En las paredes, farolillos de carbón antiguos hacían imaginarse la iluminación de hacía varios siglos atrás, dándole un aspecto un poco más antiguo al lugar. Abajo, un enorme escenario oculto tras unas cortinas de terciopelo rojo oscuro, con las letras T y C enormes, cosidas a mano con hilo dorado. Enfrente del escenario, numerosas filas de asientos que estaban siendo ocupados por los espectadores. Los murmullos se intensificaban con la entrada de más personas y los actores tras el telón ensayaban unas últimas frases, todos ellos ya con las vestimentas pertinentes.

     Todos sentados. La luz comenzó a bajar su intensidad indicando que la función estaba a punto de dar comienzo. Las voces fueron tornándose a silencio y se hizo la oscuridad. Tan sólo un foco proveniente de la parte de atrás iluminaba el centro de las cortinas, T.C. El telón comenzó a abrirse y se iluminó el escenario poco a poco. Comienza la función. Comienza el Marqués de Villarrobledo.

     En escena, una mujer preciosa, de pelo castaño y con una enorme trenza hacia su pecho izquierdo. Con ropa de andar por casa y sentada en una de las cuatro sillas que había junto a una mesa miraba hacia un punto fijo sin parpadear siquiera, como pensativa, a la vez que movía exageradamente su pierna cruzada. Daba aspecto de estar preocupada. A su alrededor, un escenario lleno de atrezo simulando su estancia en un patio interior de alguna casa: plantas, una fuente pequeña... Es posible que fuera la casa del Marqués y ella su mujer.

     - ¡Catalina! - pronunció de repente, sobresaltando a algún pequeño que no se lo esperaba. - ¿¡Catalina...!? - gritó una vez más.
     - ¡Sí, mi señora! - contestó la sirvienta a la vez que entraba en escena por uno de los laterales, vestida con un  ropaje blanco y negro y con un plumero en sus manos.

[ Continuará... ]

martes, 6 de marzo de 2012

Luxem, un Padre Inmortal.

Siempre existieron criaturas en el mundo. La mayor parte han estado siempre, y siempre lo estarán. Son las llamadas Criaturas Hunno, creadas por el todo poderoso creador del universo. A partir de ellas, y gracias a la reproducción animal y vegetal, se ha podido llenar el mundo de especies que conviven de la mejor forma posible, entre ellos predadores y depredadores que hacen de la cadena alimenticia una balanza que se torna al constante ir y venir de la supervivencia. Sin embargo, nunca una Criatura Hunno puede ser un depredador o un predador, ya que se acabaría con la especie de dicha Criatura.

No obstante, no son estas las únicas criaturas que vagan por el mundo. También existen las Criaturas de Bolsillo o por lo que son más conocidas, Las Inmortales. Como su buen nombre indica, son animales inmortales al paso del tiempo. Por decirlo de otra forma, ni nacen, ni crecen, ni se reproducen, ni mueren, pero viven, y viven eternamente. Esto se debe a que son animales que han sido creados por ciertas personas especiales. En el mundo hay tan sólo quince de estas personas, Los Padres Inmortales. Que también fueron creados de alguna forma por otro Inmortal, el Dios de la Inmortalidad. 

Uno de estos Padres Inmortales se llama Luxem. Lleva en el mundo casi dos mil ciclos lunares en los cuáles gran parte de su tiempo ha dedicado a crear Criaturas de Bolsillo ya que las especies iban extinguiéndose o porque debía repoblar lugares abandonados por culpa de alguna sequía. Luxem tiene una peculiaridad y es que todas Las Inmortales que ha traído al mundo tienen como característica la luminosidad. Es decir, uno de sus elementos fundamentales para darle vida a estos animales es la energía lumínica. 

Varias de sus Criaturas de Bolsillo son: Zebras Ray con sus rayas negras y blancas que a la luz de la luna cambian a colores en tonos rojizos y anaranjados, las Bayas Carnívoras, que a pesar de su similitud a un vegetal es totalmente un animal y de los más venenosos que pudieran haber sido creados nunca por un Padre Inmortal. Estas Bayas viven camufladas entre muchos de los árboles frutales con el fin de alimentarse de insectos que pudieran atacar a los frutos. Otra especie muy conocida y que fue creada con fines de guerra, son las panteras de los Yrles. Los Yrles eran hombres salvajes, pero aún así nunca habían conseguido adiestrar ningún animal salvaje. En su lucha por la supervivencia, donde reyes y otras culturas también luchaban por las tierras más fértiles y ricas, necesitaron de un aliado. Luxem creó una especie a la par de bella y fiel, una máquina de matar. Eran unas panteras negras, expertas en el camuflaje de caza gracias a los pigmentos de color y luz que poseían en su piel oscura. Gracias a ellas los Yrles llegaron a ser una de las especies de hombres salvajes más fuerte de todos los ciclos. 

Un día, cansado de crear especies para el mundo, decidió crear una especie para él. Son las llamadas Luciérnagas Marinas de Luxem. Son cinco pequeños animales, del tamaño de un grano de arroz, pero de una belleza y perfección exuberante. Luxem quiso un proyecto ambicioso y lo consiguió. Su idea era hacer que la luciérnaga que todos conocemos viviese en el fondo del mar, y así lo hizo. Las adaptó no sólo creándole un nuevo sistema respiratorio sino que añadió varias capas luminotelares engarzadas con delicadeza y suavidad proporcionándoles un tacto rugoso pero con formas geométricas extraordinarias. Podía leerse, además, el nombre de Lux a través de sus alas triangulares transparentes. Y para alimentarlas en sus primeros días, ya que es crucial la alimentación de Las Inmortales durante sus primeros meses de vida, mezcló partículas de energía fotoeléctrica junto con restos de insectos cubiertos de magia negra, todo esto bajo unas altas presiones. En consecuencia, un animal para ser admirado por siempre.

Con el tiempo, decidió regalar dos de ellas al Dios Zârh de la belleza extrema para añadirlas a la colección de especies bellas de sus tierras. Siempre lleva consigo las tres restantes dondequiera que va, teniendo la garantía que siempre podrá disfrutarlas y que ellas podrán disfrutar de su creador. Ni él ni ellas podrán morir jamás. 

Luxem trabaja ahora en la creación de serpientes tricéfalas. Se cuentan historias de que podrán escupir fuego por sus bocas y que serían capaces de llegar a medir hasta medio kilómetro. Habrá que esperar, aunque Luxem, uno de los Padres Inmortales con más imaginación e instinto de creación que existen, nunca decepciona con sus nuevos nacimientos. 

viernes, 17 de febrero de 2012

El bicho saltarín.

Especie de bicho raro
que vuelas por el mundo,
sin cuidado,
con un poco de descaro.

Agitas demasiado tus alas
para no querer tomar vuelo
y generas así
un vórtice de viento 
que arrastra ideas y pensamientos.

Tomaste tierra de repente,
y caminaste con paso extraño
y aún así pasaste inadvertido 
entre bichos terrestres entretenidos.

A pesar de ser pequeño
te sientes grande 
e incluso afortunado
por la belleza que has heredado.

Especie de bicho raro,
te quiero como mascota
pero prometo
no tenerte encerrado.

jueves, 16 de febrero de 2012

El sueño terminó y con él, Diaphònicae Zârh.

Lea antes:
1. La entrada a Diaphònicae Zârh.
2. Los primeros pasos en el mundo de Diaphònicae Zârh.
3. Diaphònicae Zârh y sus cuatro días de placer.

Aproveché para tomar un baño en uno de los lagos de alrededor de palacio. Aún no había mandado a nadie para avisarme de que podía volver con Quien ya sabéis para disfrutar de mi último día en las tierras de Zârh. El agua tenía tal pureza que los poros de mi piel no sólo se cerraban sino que además quedaban cerrados para siempre. Acariciad la suavidad de mi mano. Es más, muchos no me creen de esto que voy a decir pero, varias heridas que tenía en mis piernas y espalda desaparecieron y la cicatriz de mi cara, ya podéis ver vosotros mismos cómo está de mejorada. Parece un simple arañazo.

Casi caigo dormido con la temperatura tan agradable que tenía el agua si no es por los cantos de las doncellas que trabajaban en palacio. Oírlas tranquilamente, unidas a esa belleza de todo lo que me rodeaba y pensar lo que había estado haciendo durante los cuatro días anteriores, sin apenas parar un instante, con el cuerpo más perfecto que cualquier ser del universo tenga jamás, hizo que mi libido subiera por las nubes. Imaginaos cómo se puso esto (a la vez señalé mi entrepierna). Entonces llegó una doncella para informarme que Quien ya sabéis estaba esperándome. Como estaba mojado, la doncella me esperaba fuera para ponerme el albornoz y llevarme a los aposentos de Quien ya sabéis. Imaginaos, no sólo mi cara sino, la cara de la doncella al verme salir de allí. No pasé vergüenza alguna estar desnudo los días de antes, sin embargo esa escena me ruborizó un poco. La doncella sonrió, con la cautela de no ser vista por nadie. No es del agrado de Quien ya sabéis que las doncellas flirteen con el hombre que se esté acostando con ella. Además, no sé si sabéis, que las doncellas están vírgenes hasta que cumplen los treinta años. Al cumplir esa edad son preñadas de la noche a la mañana, no se sabe cómo, y de las dos niñas que tienen, que rara vez sale una o tres y que nunca sale un niño, una se queda en palacio para crecer y servir allí hasta su madurez y la otra queda en manos de su madre ya fuera de Zârh y de sus tierras.

- Hiffberth, ¿viste alguna vez algún bebé por allí o algún niño pequeño correteando? - preguntó uno de mis alumnos sin esperarlo .-

Pues francamente no vi ninguno. Debían de estar retirados de la zona para no molestar a los invitados de Quien ya sabéis; las doncellas debían ser la mayoría mayor de quince años, más o menos.

Por fin llegué donde estaba ella. Era hermosa en cada gesto que hiciera con su manos. Su dulce voz pidiéndome que disfrutara con ella las últimas horas de mi visita hizo que me encendiera. Mi deseo sexual aún no había bajado ni un ápice desde que estaba abajo en el lago tomado un baño. Entonces me abalancé sobre ella, besándola con la mayor pasión que mi cuerpo podía ofrecer y con la perfecta experiencia que me había enseñado ella. Su piel tenía un sabor dulce a limón y a leche. La acaricié despacio, haciéndola esperar un poco para así aumentar su deseo un poco más. Eso le encantaba y lo detecté ya cuando habíamos hecho el amor unas cuantas de veces. Recuerdo que se dio la vuelta, poniéndose boca abajo, dejándome unas maravillosas curvas a la vista. No podría haber matemático en el mundo entero que pudiera encontrar unas ecuaciones que representaran esas curvas tan perfectas. Su cuerpo ganaba en perfección y belleza a las matemáticas, y eso sí que es casi imposible de creer. Tampoco consigo olvidar sus aullidos de placer, yo me atrevería a decir, falsos en parte. Ella sabía que cualquier hombre era capaz de caer en sus redes de una manera muy fácil y con sus falsos gemidos. Yo, sin embargo, me hacía de rogar. Quería que esperara y esperara lo suficiente para que así pudiera hacer el amor después con muchísimas más ganas. Y así lo hicimos, por última vez. Entonces esos gemidos sí que eran verdaderos y entonces sí que pude disfrutar esos momentos. Mira, si de sólo pensarlo cómo me pongo (volví a señalar mi entrepierna).

Horas más tarde bajamos al enorme salón de palacio. En él, una mesa central con tantas comida y bebida como cogía en aquella superficie. Yo diría que de extremo a extremo podría haber casi quince palmos. Manjares, sin lugar a dudas. Las frutas más afrodisíacas y gustosas que jamás un paladar pueda probar. Un vino exquisito o carne de venado de los bosques del Norte. No pararon de servir comida y bebida en todo el rato.

Al finalizar la comida salimos de palacio y montamos a lomos del Pegaso. Como regalo me obsequió con pequeño vuelo por sus tierras. Entonces así podía apreciarse, si cabía aún más, su belleza y su esplendor. Una vez bajó a tierra, caminó tranquilo mientras nosotros hablamos. Ella hablando nuestra lengua y yo El Suspiro de Ôres, el idioma de los dioses. Es increíble todas las frases y palabras que aprendió Quien ya sabéis en tan sólo cinco días. Tuvo que decirlo en su lengua porque no sabía el vocabulario para poder expresar lo que sentía, pero me dijo que había sido un hombre totalmente distinto a los hombres que habían estado con ella. Imaginaos mi estado de ánimo y mi felicidad cómo se encontraban. Quizás fuera algo que tuviera preparado y que le dijera a todos los hombres que se acuestan con ella, pero siendo sincero, creo que lo decía con total sinceridad. No sé, lo sentía así. Se atrevió a decir que ningún hombre antes le había enseñado su lengua o le había contado historias sobre fuera. Todos habían llegado allí para hacer sexo con ella el tiempo que fuera necesario y nada más. Realmente era eso lo que íbamos los hombres a hacer allí, pero yo fui diferente y eso le gustó. Me atrevería a decir que le encantó por como me miraba y me daba los últimos besos en el cuello y en los labios.

Yo de repente empecé a notar un poco de malestar general en el cuerpo. Un cosquilleo en la barriga. Mis ojos empezaron a cerrarse lentamente inundados por un sueño inesperado. Entonces Quien ya sabéis se despidió de mí y dormí profundamente. Pensé que moría, sí. Pero no era otra cosa que los somníferos que debieron poner en la bebida de la comida para así poder salir de allí.

Entonces desperté, al final del quinto día, y como si de un sueño se tratara abrí los ojos preocupado. Esperando que ella estuviera todavía allí. No pude despedirme de ella y me habría encantado hacerlo como es debido. Al ver a los dos Guardianes de Orym, en la misma postura que cuando me fui, custodiando ese portal tan misterioso comprendí que todo había terminado y que mis deseos se había hecho realidad. Sabía que era un hombre afortunado por lo que había podido vivir pero, quería más. Y ya lo estaba echando de menos. Y aún lo echo de menos después de tanto tiempo. Desde entonces, ninguna de las mujeres con las que he tenido relaciones ha sido igual y nunca olvido esa perfección, esa belleza, esa sensualidad. Sabéis, sé que es imposible volver a entrar, pero lo voy a intentar. Mañana os contaré cuál es el plan que he pensado durante todo este tiempo.

lunes, 13 de febrero de 2012

¿Me dejas amarte? Yo sí.

     Amad. Es gratis y beneficioso. No sólo debemos decir Te Quiero en San Valentín. No sólo tenemos que regalar una rosa este día. Estoy seguro que todos queremos ser amados. Compartamos ese sentimiento tan bello y complejo y hagamos de esta vida algo inolvidable. Estamos rodeados de cosas insignificantes que nos hacen estar tristes muchos minutos a lo largo del día, decaídos o mal en general. Ponle una sonrisa a todo, un poco de corazón y humildad para endulzarla y ama. Repito, ama y que te amen. El día que lo hagamos todos no hará falta felicitar por San Valentín y todo irá muchísimo mejor. Mientras tanto, no queda otra que desearlo y animaros. ¡Feliz día de los enamorados!

Os amo.

sábado, 11 de febrero de 2012

Tu punto de vista puede cambiar el mundo

Sabéis, hay mil formas de cambiar el mundo. Una de ellas, bastante simple y no por eso menos importante, podríamos poner que es el ser más humildes, más amables con todos y cada uno de nosotros o por ejemplo compartir. ¿Verdad que algo tan simple como es compartir, aunque sea lo más mínimo que puedas dar, es bonito y no cuesta nada? Mil y una formas de cambiar el mundo y solo lo podemos hacer nosotros. Somos la raza humana y parece que no comprendemos qué significa eso... Esto quiere decir que somos seres que sabemos comprender, razonar y sentir, que tenemos inteligencia. Lo peor es que no sabemos usar nada de esto, al menos eso parece. Tenemos casi siete mil lenguas en el mundo, ¿no es bello eso? Y todos somos iguales como raza humana que somos. Eso es lo que nos hace grandes ante todos los animales. Podemos comprendernos aunque no podamos hablar la misma lengua, aunque sea por lenguaje de signos, o incluso con una persona ciega. Es increíble como somos, ¿no?

Pues de entre todas estas mil formas de cambiar el mundo, hay una que la han ideado nuestros amigos de Manos Unidas. Se trata de un concurso con el lema: Mueve el concurso. En él, la idea es difundir lo máximo posible unos clipmetrajes (vídeos de un minuto) a través de un widget  que te proporcionan y en donde puedes ver como gente anónima nos habla sobre África, ese grandioso y hermoso continente y a la vez tan desconocido para muchos de nosotros, y de cómo están viviendo allí, de cómo es su sanidad, su educación, su desarrollo. Porque parece que, a pesar de tener estas maravillosas redes sociales donde somos capaces de enterarnos que ocurre en un pequeño pueblo de cualquier lugar del mundo, no nos enteramos de qué ocurre en África. Hagámos uso de Internet y del poder que tiene para cambiar el mundo, para cambiar el punto de vista de alguien que pueda ver estos clipmetrajes  leyendo un blog por casualidad.

Por eso yo voy a ser uso de esto. Como soy un ser humano que vive en un país desarrollado donde las grandes tecnologías no me faltan, voy a ser uso de ellas para hacer llegar este propósito que tiene Manos Unidas y todos los colaboradores que lo apoyan, que no son pocos. Usaré mi blog para informaros de todo esto y haceros llegar los vídeos para que conozcáis conmigo cómo es África realmente para así conocer ya la forma de igualar la raza humana, esa raza tan inteligente y a la vez tan desigual en bastantes facciones de la vida, por desgracia.

Pincha aquí para informarte, PARTICIPA. Por África, por igualar al mundo de una vez.

 

Puedes ver los clipmetrajes a la derecha del blog



lunes, 30 de enero de 2012

Diaphònicae Zârh y sus cuatro días de placer.

Lea antes: Los primeros pasos en el Mundo de Diaphònicae Zhâr.

Mi cara no tenía espacio suficiente para poder mostrar lo realmente feliz que estaba. Imaginaos: yo, totalmente desnudo, paseando cogido de la mano con Quien ya sabéis, la dama más bella del universo y por esas tierras tan extraordinariamente hermosas, recordando lo que justo hacía unos minutos antes habíamos estado haciendo. Casi dos horas de amor salvaje en una de las habitaciones de palacio más acogedoras y en una cama, que podía ser el triple que la nuestra, con sábanas tejidas con el fino cabello dorado de las Sirenas de los lagos subterráneos del Norte, suaves y con un olor que recordaba a brisa de mar. Por supuesto, sin lugar a dudas, el amor hecho con muchísimo sentimiento y con un placer exquisitos. Ella mostraba lo experimentada que estaba y yo, después de haber esperado tantísimos ciclos solares a que llegara el momento no podía desaprovecharlo y, a pesar de mi modesta inexperiencia con las mujeres, intentando hacerla sentir como nunca otro hombre lo había hecho antes.

Seguimos caminando y, a pesar de mis placeres inmensos de volver a tener sexo con ella, me interesé por su vida. Sí, quería saber qué hacía ella cuando no estaba con un hombre o cómo eran sus padres porque siempre había oído historias sobre ellos y nunca pude ver cómo eran en realidad. Estaba dispuesto a perder el poco tiempo que se me brindaba, tiempo que estaba destinado a hacer con la hija del Zârh lo que todos los hombres desean y eso que muchos envidian durante toda su vida y que nunca llegan a conseguir, si así averiguaba más cosas sobre ella. Ya sabéis cual ha sido siempre mi gran problema: el haberme enamorado de una mujer que no conocía, de una mujer que, por suerte, he llegado a conocer y que ya estoy echando de menos. Al parecer, eso tuvo que sorprenderle porque, a raíz de mis preguntas, ella, la mujer más perfecta y hermosa que jamás un ser pueda tener entre sus manos, mostraba un intenso empeño por saber cómo eran las cosas fuera de sus tierras. Se interesó en mi vida: qué hacía cada día al levantarme o qué dejaba de hacer al acostarme, cómo eran nuestras mujeres o cómo era nuestra lengua.
- Saludos da Ikum. Adiós da Ikun. ¿Cómo estás? da Squomtu cenî.
Comenzamos a reír juntos al escuchar la entonación tan extraña que le dio al "cómo estás". Aún así, lo hacía bastante bien para ser la primera vez que oía y pronunciaba nuestra lengua.
Al idioma de Quien ya sabéis lo hacían llamar El Suspiro de Ôres, el Dios de todos los Dioses del Universo entero. Se cuenta que, al parecer, Ôres, una vez creados todas las Tierras y Dioses de entonces, cayó en un agotamiento incuestionable y que, a pesar de su fortaleza infinita, moriría. Entonces, en su último aliento de vida susurró un idioma para que todos ellos pudiera relacionarse de alguna forma.
¡Ah! Por favor, no me supliquéis que os cuente cómo era posible que conociera ese idioma si nunca había tenido ni el más mínimo contacto porque olvidé preguntárselo a...Quien ya sabéis. Parece como si una vez dentro de su mundo, El Suspiro de Ôres se volviera innato a tu ser.

Aprendió muchísimas palabras sueltas y frases hechas. Intercalamos el amor con el aprendizaje haciendo que nuestras relaciones sexuales fueran aún más románticas al ser habladas en dos idiomas totalmente diferentes. Noté como mi belleza iba en aumento por cada minuto que pasaba junto a ella. Mi mente maduraba haciendome un hombre robusto y experimentado. Recuerdo sus palabras gritadas con intensidad mientras recorría su cuerpo entero. Palpar sus pechos narrando el camino que recorrían mis dedos y que ella pudiera entenderlo aumentaban mis ganas de continuar la experiencia. Los cánticos de las doncellas de palacio ponían la melodía perfecta a esos orgasmos que podían ser oídos en cualquier parte de sus tierras, debido a la intensidad y aguda voz que poseía. Así durante los cuatro primeros días de mi visita. De vez en cuando parábamos a comer, aunque era como si no lo necesitara. Me alimentaba de su aliento, de sus ganas por estar conmigo y de toda ella.

Aunque no lo creáis, había ratos que Quien ya sabéis quería estar sola. En sus horas de baño o las horas en que sus doncellas la aseaban, y yo lo respetaba con mucho gusto. La amaba y no quería perder ni un segundo con ella pero, ante todo, la respetaba. Entonces yo aprovechaba esos momentos para volver a ir al bosque y conocer a todas y cada una de las especies animales y vegetales de las Tierras de Zârh, a cuál más característica, a cuál más increíble. Pero según se acercaba el quinto y último día, no podía evitar ponerme muy triste aunque no fuera posible, ya que cualquier especie que tuviera contacto con Zârh de alguna forma, era alegre, por definición. Y yo estaba siendo la primera excepción de ello.

sábado, 28 de enero de 2012

Los primeros pasos en el Mundo de Diaphònicae Zhâr.

Lea antes: La entrada a Diaphònicae Zhâr.

Entonces desperté. Mis ojos enmudecieron al observar una extensa llanura bañada por infinitas tonalidades de verde mezcladas con pinceladas de violeta y rojo, haciéndome identificar rápidamente que estaba en las tierras de Zârh. De alguna forma me había imaginado esta estampa, pero ni mucho menos habría imaginado la extremada belleza que llegaba a tener aquel inmenso paisaje.

Un lago, con aguas cristalinas, lleno de especies marinas de todos los puntos cardinales de la galaxia. Desde Tortugas de la isla de Ankers, Peces Romn con su increíble piel trasparente haciendo ver el latir de sus tres corazones, tres Luciérnagas Marinas de Luxem, que ya sabéis que hay tan sólo cinco en todo el universo y las dos que faltaban supongo que estarían en manos de su creador, e incluso pude ver enormes Bicefalópodos Nectaries haciendo su dulce trabajo de recolección del néctar marino del cuál sale más tarde un exquisito licor que puedes tomar en las mejores tabernas de la ciudad.

A los alrededores del lago había también bastante variedad de especies animales terrestres. No me voy a parar a enumerarlas, quizás en otro momento. Pero, sin lugar a dudas, los que más me impactaron fueron el Centauro Blanco y la Aracknite Viudae con sus espeluznantes y velludas patas hilando esa seda tan fina y delicada.

Aún tumbado en el suelo observé el sendero que comenzaba a escasos metros y que llevaba, supuse, al hogar de Quien ya sabéis, hija de Zârh, Dios de la belleza extrema, y poseedor de todas esas maravillosas tierras y de Dianne la hija de Phonnas, Dios de la voz perfecta. Entonces con decisión me levanté, aún tembloroso por estar donde estaba, y pude decir en alto de una vez por todas lo que podéis imaginaros.
- "Al fin voy a conocerte, ¡Diaphònicae Zârh!"
Entonces un escalofrío, casi gélido pero agradable, recorrió mi cuerpo entero y todas las aves hasta entonces ocultas en la maleza echaron a volar haciendo aún más precioso el cielo azulado. El no haber oído nunca ese nombre salir de mi boca me resultó hasta extraña su pronunciación. Ya sabemos qué les pasa a los hombres si dicen su nombre fuera del Mundo de Quien ya sabéis.

Andaba, si os soy sincero, con paso acelerado. En ocasiones hasta corría para acortar al tiempo. Tenía unas ganas inmensas, que casi no se pueden expresar con palabras, de conocerla, de ver su ojos oscuros al día y claros a la luz de la luna de invierno, tocar su piel perfecta para ganar no solo placer sino un sentido al tacto más fino que el que poseo, sentirla entre mis manos y poder así transmitirle todo lo que sentía, poder hablarle y amarla de una vez por todas aunque solo fuera durante un tiempo limitado. Tiempo que se me hizo bastante corto, por cierto.

Ya podían oírse los cantos de las doncellas de palacio. Deben cantar todos y cada uno de los días del ciclo estelar de Unnu. Tan sólo se les permite el silencio cuando la hija de Zârh descansa o los días que la luna y el sol conviven en el mismo cielo. Jardines con flores perfectas, pétalos definidos y con formas geométricas inigualables, fuentes de agua salada, columnas con los bustos de todas las Diosas de la era pasada, talladas en diamante de las Cuevas de Wharow, característico por su color cian producido por los pigmentos que suelta la piedra cianhídrica de allí. Mis pasos parecían cada vez más acompasados y armónicos. La perfección se contagiaba en mi persona y mi mente iba madurando sin percatarme de ello. ¡Ah! Olvidé mencionarlo. Yo estaba totalmente desnudo. Al parecer, según me han comentado más tarde, es un insulto y una deshonra andar cubierto por las tierras de Zârh, y más a los visitantes a Quien ya sabéis.


Entonces, allí estaba ella, sentada a lomos de un Pegaso atractivo y robusto, y de alas prominentes, que se paseaba con la misma dulzura con la que ella respiraba, con la que ella parpadeaba. Me vio y comenzó a acercarse, sin meditarlo. Paré, sin quererlo, analizando esa inolvidable situación. Comenzó a hablar en una lengua que no había oído jamás, algo parecida a la grémila, y que sin embargo estaba comprendiendo en su totalidad.
- "Ikum swreév da Zhârie l'huomus. Reì dialektiae aquo dia t'evol da ma".
 Me dio la bienvenida a las tierras de Zhâr, refiriéndose a mí como pequeño hombre hermoso, y antes de bajarse incluso del Pegaso, ya me estaba concediendo su cuerpo entero, a mi libre albedrío, haciéndome ver que maduraría de forma lo más placentera que un hombre pueda hacerlo jamás, entonces le contesté: Mi cuerpo es tuyo. Mi deseo por sentirte ha terminado, haz que fluya por tí.
- "Diaphònicae Zhâr, ma tvnia da ta. Ma phèrle squomtu twopt, ma Diaphònicae Zhâr te dakvr noc oedes, ma".

jueves, 26 de enero de 2012

La entrada a Diaphònicae Zârh.

Por fin. Después de casi un milenio se me antojaba, incluso, corta la espera. Además, debo admitir que, dudé si lo que realmente tenía en mis manos era eso que tanto había ansiado en la vida o era un simple espejismo de irrealidad llevado allí por un irremediable deseo interno propio por experimentarlo antes de morir, a pesar de mi extremada juventud. En mis manos, la única entrada recién picada que daba la exquisita posibilidad de sentirla, con suerte incluso de conocerla, a Quien ya sabéis.

A escasos metros, al fin, mis ojos se llenaban de grandeza al observar el majestuoso y enorme portal que daba ingreso a ese mundo desconocido hasta el momento para mí. Ya, por pocos momentos. Tan sólo conocía sobre ella las fábulas de aquellos que nunca habían tenido posibilidad de entrar así como las deseosas plegarias de aquellos que tuvieron oportunidad de conocer a Quien ya sabéis y que nunca más podrán volver a conocer.

Dos Guardianes de Orym, con su característica forma de mirar y sus inexpresivas caras, retenían el umbral de la forma más sutil y elegante que cualquier mortal pudiera hacerlo. No había alma alguna que pudiera atravesar las puertas sin un billete como el que tenía en mis manos. No era un billete cualquiera. Tenía una forma rectangular, del metal más precioso que existía en el universo; se ha llegado ha decir que está hecho de polvo lunar junto con hojas molidas del Sauce de Phîerland bañadas con la magia más perfecta y poderosa que cualquier objeto pudiera tener jamás. Ya sabéis que no se gana de cualquier forma, que tu posición social es bastante influyente en ese sentido. Es por eso que me alegro de tener sangre Hwof entre mis venas. Aunque, a pesar de ello, era el segundo en mi linaje que se le daba la oportunidad de entrar. El primero fue el bisabuelo de mi abuelo paterno, hace quizás ya quince ciclos estelares.

Siete de mis trece sentidos se encontraban como nunca los había visto, impacientes. Un cúmulo de sensaciones que hacían como si madurara mentalmente a velocidades intangibles para cualquier estudioso de la física mental. Si hubiera vendido mi cerebro en esos momentos quizás me habría ganado la fortuna más grande de la comarca, superando incluso a la del Rey de Gonderth, aunque sólo los desesperados y al filo de la muerte son capaces de vender su mente por un par de años más. Permitidme alardear un poco, pero gané dos sentidos más por cinco minutos de espera: Escudo de fortaleza y Espera de dimensión doce, no sé si conocéis el primero de ellos.

Quien ya sabéis se encontraba al otro lado del portal. Siempre me he imaginado cómo es ella: ojos de magia exuberante, con unos labios de una delicadeza parecida a las raíces de la Flor Diamante, probablemente con la piel más tersa del universo y con una temperatura exacta, irradiando sensualidad y belleza. Con curvas perfectas y unos senos voluminosos. Su voz, según me han contado experimentados, fluirá de manera óptima e ideal por mis oídos, mezclando así su melodía interior con la mía, totalmente inexperta e inocente a simple vista.


Estaba ansioso por sentirla, por palparla si fuera posible. Acariciar a Quien ya sabéis siempre fue mi mayor deseo, y el no poder pronunciar ni tan siquiera su nombre, hacía que mi mal humor fluyera de vez en cuando. Por eso lo susurro en mi mente cada vez que puedo, cada vez que he necesitado encontrar esa paz y sosiego interior.

De repente, una melodía comenzó a fluir del interior de uno de los guardianes. Por un instante casi tiro la brillante entrada al suelo, al sentir un movimiento extraño en ella. Miré sobresaltado y observé cómo las palabras que se podían oír, iban grabándose con una perfecta caligrafía grémila. Entonces comprendí que la espera llegó a su fin y que el camino hacia lo desconocido se terminaba. En un abrir y cerrar de ojos, un destello cegador hizo el silencio más silencioso que nunca pudierais oír y como si unos brazos salieran del portal acariciaron mi cuerpo con delicadeza llevándome así al interior del Mundo de... Quien ya sabéis. 

jueves, 5 de enero de 2012

Origen del futuro. - Capítulo 1 - El cubo de Thot.

Lea antes: Origen del futuro. - Prólogo -

     Un silencio casi inexistente y una breve brisa fresca hacían que esa habitación pareciera la celda de una cárcel abandonada. Había un olor a tabaco, quizás fumado hacía varias horas. El profundo respirar de un hombre que descansaba en su cama, con tan solo unas sábanas finas que le resguardaban del frío, unido al sonido del paso de los segundos de un reloj antiguo que adornaba una de sus paredes ponían un ritmo casi perfecto tras la oscuridad del momento que se veía entrecortada por una luz azulada. Entre sus pequeños muebles que decoraban esa estancia, había uno que destacaba ante todos los demás. No era el mueble en sí lo que contrastaba sino un objeto que descansaba sobre él, el objeto que producía esa luz intermitente cada cinco segundos. Era una especie de cubo cristalino, con sus esquinas reforzadas con metal plateado, y con un palmo de lado aproximadamente. Trasparente y con una especie de líquido azulado en su interior. Su peso podría rondar los tres kilos de peso. Era eso lo que había venido a buscar, era eso lo que habíamos buscando durante tantos años y por fin estaba al alcance de mis manos.

     Con el mismo silencio y la misma tranquilidad con la que suelo hacer mi trabajo, me acerqué hasta él. Durante unos instantes, con el brazo alzado y con mis dedos casi acariciando el cubo, dudé si cogerlo. Era impensable después de tantos años tras él. Pero, no debía ser tan fácil. Milésimas de segundo antes de tocarlo alertaron a mi astucia y mi subconsciente. "¿Y si hubiera alguna trampa?,  ¿Podría ser que tuviera el cubo alguna especie de conjuro que alertara que estaba siendo robado?" me preguntaba mientras miraba de reojo como seguía descansando su dueño ajeno a lo que estaba ocurriendo en esos momentos allí a su lado. Y pensé: "...pero que mal podría tener si no he tenido problemas de llegar aquí sin ser oído, sin ningún tipo de obstáculo." Entonces con la rapidez de un vistazo y la agilidad que me caracterizaba lo agarré saliendo tan rápido como mis piernas respondieron. Tal fue la velocidad que casi  no termino de coger el cubo cuando estaba saliendo por la puerta de la habitación. Entonces, sin esperarlo, oí ese hombre despertarse gritando y maldiciendo en un idioma que desconocía. Su voz grave e imponente hizo que el silencio huyera con el mismo miedo con el que yo lo estaba haciendo. Mis sospechas se llevaron a cabo. El cubo estaba protegido con algún tipo de conjuro ante robos, no podía ser de otra forma, porque quizás hice menos ruido al salir que al entrar, lo cuál no pudo enterarse de otra forma.

     Conseguí salir de la casa, tirando al suelo todos los muebles y objetos que encontraba en mi camino con el fin de retrasar los enormes pasos de ese hombre, cada vez más largos. Corría y corría sin mirar atrás. Las calles estaban vacías, tan sólo los gritos enfurecidos que salían de la boca del guardián del cubo destacaban en la noche. Si no me daba prisa, los vecinos saldrían y todo se complicaría más de lo que quisiera. Me pisaba los talones, sus pasos debían ser más grandes o su velocidad más rápida porque cada vez lo oía mucho más cerca. Entonces entré en uno de los callejones cercanos más oscuros, que no encontré por casualidad sino que era un lugar que yo había estado preparando por si ocurría lo que estaba pasando. Había roto, hacía escasas horas, todas las bombillas de las farolas y con la sutileza de mi ingenio dejé el alcantarillado abierto, así como varios bloques de madera y contenedores de basura como obstáculos repartidos por el suelo. Sabía los pasos que debía dar, y cómo hacerlos. Sabía todos y cada uno de los movimientos que darían entrada al subsuelo de la ciudad. Cinco pasos junto a la pared de la derecha, salvando así los contenedores, un paso a la izquierda y a continuación un salto para no tropezar con unas tablas de madera que coloqué yo mismo, dos pasos más y voila, justo un paso por delante, en el suelo, la entrada de la gloria. La salida de aquel infierno, el final de aquellos momentos de infarto.

     Mientras bajaba iba iluminando con una linterna el fondo casi infinito que tenía bajo mis pies. Despacio y a la vez que oía gritar furioso al guardián sobre mi cabeza bajaba con ritmo acelerado. Tuve que parar de repente porque tuve la sensación de haber perdido el cubo por el camino. Pero no era más que una falsa alarma que hizo que casi me diera un infarto. Lo había guardado, yo diría que inconscientemente, en uno de los bolsillos de mi mochila mientras dejaba la casa. Entonces continué bajando hasta tocar fondo. El frío inundaba esos túneles mugrientos y el olor era tan desagradable que me hicieron dar varias arcadas. Entonces dejé la mochila en el suelo, saqué un pañuelo y me lo lié alrededor del cuello tapando mi boca y mi nariz.

     Recorrí ese laberinto subterráneo lo suficiente como para salir por una alcantarilla que estuviera bastante retirada de la zona donde había estado. Es más, salí cerca de Highland Park casi un kilómetro más lejos. Entonces busqué una cabina cercana para informar a mi superior.
     - Me complace informarle señor que el cubo está en nuestro poder. - Comenté al oír que descolgaron la llamada y justo antes de que pudieran decir nada. - No ha sido fácil, pero la espera mereció la pena. Es precioso y tal y como esperábamos.
     - Guárdelo con mucho cuidado. - Respondió inmediatamente con voz imponente. - A las diez de la mañana le espero en el despacho número veintidós, planta ochenta y ocho del Empire State Building. No se retrase. - Terminó colgando.

     Comencé a andar pensando dónde me alojaría esa noche. Eran las dos y media de la mañana y en pocas horas debía personarme ante mi jefe con el cubo, y más me valía no llegar tarde a esta cita tan importante como era para él. Es más, debía estar medio presentable. Estaba a hora y media aproximadamente, teniendo en cuenta el tráfico de un día normal. No obstante, era de madrugada y la tranquilidad reinaba las calles a esas horas donde no pasaba más que un coche cada diez o quince minutos. Podría plantarme en un hotel cerca del Empire State en media hora, aunque la tarifa nocturna unida a la tarifa de domingo podría casi triplicar la de la mañana. Aún así lo hice. Un taxi me llevo hasta un hotel a escasos metros de ese majestuoso e imponente edificio. De noche, su iluminación hacían de él un precioso monumento.

     Por treinta dólares ya disponía de una habitación lo suficientemente acogedora como para pasar unas horas de descanso. Tomé un baño caliente sin prisa. No me importaba perder diez minutos más de sueño después de todo lo que había pasado. Es más, pensaba que no pegaría ojo en toda la noche ya que aún me duraba la excitación de hacía ya varias horas. No paraba de dar vueltas a lo sucedido y pensé, sonriendo incluso, que la suerte de estar vivo era quizás mas importante que tener el cubo entre mis manos. Quizás porque no podía llegar a saber la importancia que tenía ese objeto. A continuación me afeité la barba de varios días terminando así mi aseo.

    Me tumbé en la cama, relajado, y puse la televisión. Inmediatamente después puse el despertador de mi iphone, hasta ahora sin carga, a las 09.30 a.m. Y sin quererlo, y sin darme cuenta, caí en un sueño profundo que  no era alterado ni tan siquiera por el ruido de la televisión. Mientras tanto, sin haberme percatado de ello y ajeno a lo que ocurría en mi mochila,  el cubo... esta vez con un color rojo intenso, parpadeaba a una velocidad más elevada. El cubo ahora era buscado por otras personas, si cabe, aún más peligrosas que nosotros. El cubo de Thot, que así se hacía llamar ese objeto misterioso, estaba en manos ajenas y era buscado por unos dueños que serían capaces de hacer cosas inimaginables por recuperarlo.

Figura: Dios egipcio Thot.