Ese hombre había encontrado la manera, no me preguntéis como, de saber la verdad. Tenía, una especie de maquinaria extraña que le permitía conocer si algo era cierto o no. Por ejemplo, si le decía "Un perro tiene cuatro patas", afirmaba casi al instante. Milésimas de segundo con una respuesta correcta.
Preguntó y preguntó durante mucho tiempo sabiendo todo lo que le apeteció. Llego a perder incluso amigos y familiares debido a su ansiado deseo por conocer la verdad. Además, fue conocido mundialmente como el Dios de la verdad haciendo siempre alarde de su conocimiento absoluto de la certeza e incluso llegando a recibir cantidades millonarias de gente por hacer uso de esa especial, y a la vez molesta, máquina.
Una tarde, en una de las muchas charlas que dio por el mundo, un hombre de edad avanzada, y con un aspecto cuidado, le abordó sin esperarlo. Pelo canoso y barba prominente hacían de la vejez, una elegancia en su persona. Esta persona se presentó ante él como un científico alemán retirado, que le había impresionado su máquina de la verdad. Sin mediar mucha conversación le propuso un reto. Esta fue la conversación que tuvieron:
- Usted asegura que su máquina dice la verdad absoluta, ¿no es así?
- Así es, señor. Sin lugar a dudas - contestó incluso alzando un poco su mentón hacia arriba con aires de prepotencia -. Digámosle lo siguiente: "La máquina de la verdad, nunca miente." - Dijo dejando un breve espacio de tiempo para que la máquina dijera que eso era cierto.-
- Es increíble, pero le propongo lo siguiente. Estoy dispuesto a pagarle un millón de dólares - dijo a la vez que sacaba un talón sin rellenar del bolsillo de su chaqueta - si acierta mi siguiente afirmación. De no ser así, usted me los daría a mí. ¿Qué le parece?
- Acepto el trato - Dijo a la vez que pensaba en todo el dinero que había ganado gracias a la máquina -.
- Prográmele usted que analice "Esta frase es falsa". ¿Verdadero o falso?
- Falso -contestó el supuesto Dios de la verdad sin pensarlo demasiado - Creo amigo que usted acaba de perder una gran fortuna.
Se dispuso a introducir la frase, sin demasiada preocupación: "Esta frase es falsa". Pasaron los segundos y los segundos y no había respuesta. Comenzó a preocuparse un poco, pero de repente la máquina dijo que era falsa. Inmediatamente, comenzó a sonreír e incluso a carcajadas delante del científico. Varios segundos después, contestó que era cierto. La sorpresa de Dios fue de tal magnitud que estuvo un breve rato como una mezcla entre hipnotizado e impresionado.
-¡No es posible! - soltó de repente-. La propia frase dice que es falsa, luego es falsa. - Dijo antes de que volviera a afirmar la máquina que era falsa. - ¿Qué está pasando? - preguntó al científico, con cara de pocos amigos. Verdadero, contestó la máquina antes de que pudiera responder el científico.
La máquina entró en un bucle sin fin:
Verdadero, falso, verdadero, falso, verdadero...
- Es demasiado simple para lo complejo que puede llegar a ser. Si la frase es falsa, como tú estás diciendo, entonces es falso que "Esta frase es falsa", luego la frase es verdadera. Si en cambio la frase fuera verdadera, es cierto que "Esta frase es falsa", es decir, la frase es falsa. - Explicó con una leve sonrisa - Sólo quería darte una pequeña lección por tanto y tanto como te has aprovechado de la gente. No sé como habrás hecho esa dichosa máquina, pero espero que hayas puesto algún botón de parada por si alguna vez le ocurría lo que acaba de ocurrirle, un bucle sin fin.
- Valiente hijo de... - una pequeña explosión hizo que muchas de las personas por allí presentes se rodearan mirando con ojos de inquietud, conmocionados.-
Dios pasó a llamarse Aprovechado, todo gracias a la muerte y destrucción de esa máquina. Él fue juzgado ante las leyes, verdaderas, de su estado y tuvo que devolver todo el dinero que había recibido durante todos esos años. Ahora cumple condena en la cárcel, y ese científico no quiso el dinero sucio de esa persona. Le bastó ese simple juego para llenarse de satisfacción y orgullo por lo que había conseguido.
La verdad no puede cuestionarse nunca, aunque debemos saber que no siempre se puede conocer la verdad, aunque debemos saber que no siempre debemos conocer la verdad.
lunes, 12 de diciembre de 2011
jueves, 8 de diciembre de 2011
No lea este capítulo.
Bueno, parece ser que a pesar de proponérselo en el título del texto, va a leer qué hay escrito a continuación. Tengo que advertirle que no sacará nada en claro, no le cambiará la vida si no lo hace. No merece la pena seguir. Ahora, ya en su decisión no entro. Cada uno tiene que hacerse dueño de sus actos; pero le repito y le aconsejo: vuelva usted hacia atrás, léase otro texto, hay muchos mejores que este.
Sinceramente, está leyendo ya el segundo párrafo y mis consejos le dan lo mismo. Eso le honra, amigo. No debe fiarse de nadie, y mucho menos de mí. Pero tampoco es bueno interesarse por algo que, además, le están diciendo que no merece la pena conocer. No obstante, en esta vida no se debe ser tan curioso. La curiosidad nos puede guiar a descubrir cosas maravillosas o todo lo contrario, o sino que se lo digan al gato. Y es que, teniendo en cuenta que en la vida real la mayoría de las cosas son malas, ¿para qué jugársela? No peques de ser curioso, sé cauto.
Quiero que sepa que las palabras de este párrafo para lo único que valen son para abultar. Si se da cuenta, cada letra, cada palabra, su única función es no llevarle a ningún sitio. No sé que espera al terminar de leer este capítulo. Aquí, la idea es escribir palabras en un cierto orden, que tengan algo de sentido y así ir rellenando más, y cada vez más, papel con el fin de nada. No sé que estará pensando. No sé si ha intentado dejar de leer. No sé si ha dejado de leer. Desde luego, si ya no está leyendo, tendré la certeza de que esto no le molestará ¡gilipollas! Si usted se ha sentido ofendido, sabré que sigue leyendo, pero no se preocupe, ese insulto era para el que no seguía. Por cierto, voy a pasar al cuarto párrafo del capítulo; lo digo por lo que ya sabe, por si quiere abandonarlo.
Aquí estoy de nuevo, prolongando esta historia sin fin, continuando jodiéndole cinco maravillosos minutos de su vida que los podría haber aprovechado en algo más interesante que en leer esta mierda que no tiene ningún sentido. En realidad, hay muchas situaciones como la que está ocurriendo ahora mismo. Por ejemplo, esas veces que nos quedamos en la inopia, mirando a las musarañas, en las que no pensamos en nada, estamos embobados, atolondrados. Yo he llegado a estar así más de 3 minutos. Lo que es la vida. Pues estoy seguro que más de uno y más de dos ha perdido un tiempo valioso a lo largo de su vida, y si ahora está perdiendo seis minutos, porque ya vamos por seis, no se preocupe, eso no es nada comparado con lo que ya llevamos, incluido yo diciendo toda esta tontería.
Me limitaré en este párrafo a ir despidiéndome, a ir diciendo hasta otra. Al menos eso espero, aunque estoy seguro que así será. Si he conseguido que usted lea hasta aquí, sé que lo hará cuando esté en pie otro texto interesante. Aprovecho para recordarle que no se deje manipular por nada ni por nadie, que la curiosidad es mala la mayoría de las veces, pero que si le dicen no haga esto, no haga lo otro, haga usted lo que le dé la gana. Si usted ha leído hasta aquí es que no es un gilipollas, no se deja manipular tan fácilmente. ¡Enhorabuena!
Hasta dentro de un brevísimo rato.
Firmado: Su conciencia.
Posdata: Ya me encuentro más tranquila.
Sinceramente, está leyendo ya el segundo párrafo y mis consejos le dan lo mismo. Eso le honra, amigo. No debe fiarse de nadie, y mucho menos de mí. Pero tampoco es bueno interesarse por algo que, además, le están diciendo que no merece la pena conocer. No obstante, en esta vida no se debe ser tan curioso. La curiosidad nos puede guiar a descubrir cosas maravillosas o todo lo contrario, o sino que se lo digan al gato. Y es que, teniendo en cuenta que en la vida real la mayoría de las cosas son malas, ¿para qué jugársela? No peques de ser curioso, sé cauto.
Quiero que sepa que las palabras de este párrafo para lo único que valen son para abultar. Si se da cuenta, cada letra, cada palabra, su única función es no llevarle a ningún sitio. No sé que espera al terminar de leer este capítulo. Aquí, la idea es escribir palabras en un cierto orden, que tengan algo de sentido y así ir rellenando más, y cada vez más, papel con el fin de nada. No sé que estará pensando. No sé si ha intentado dejar de leer. No sé si ha dejado de leer. Desde luego, si ya no está leyendo, tendré la certeza de que esto no le molestará ¡gilipollas! Si usted se ha sentido ofendido, sabré que sigue leyendo, pero no se preocupe, ese insulto era para el que no seguía. Por cierto, voy a pasar al cuarto párrafo del capítulo; lo digo por lo que ya sabe, por si quiere abandonarlo.
Aquí estoy de nuevo, prolongando esta historia sin fin, continuando jodiéndole cinco maravillosos minutos de su vida que los podría haber aprovechado en algo más interesante que en leer esta mierda que no tiene ningún sentido. En realidad, hay muchas situaciones como la que está ocurriendo ahora mismo. Por ejemplo, esas veces que nos quedamos en la inopia, mirando a las musarañas, en las que no pensamos en nada, estamos embobados, atolondrados. Yo he llegado a estar así más de 3 minutos. Lo que es la vida. Pues estoy seguro que más de uno y más de dos ha perdido un tiempo valioso a lo largo de su vida, y si ahora está perdiendo seis minutos, porque ya vamos por seis, no se preocupe, eso no es nada comparado con lo que ya llevamos, incluido yo diciendo toda esta tontería.
Me limitaré en este párrafo a ir despidiéndome, a ir diciendo hasta otra. Al menos eso espero, aunque estoy seguro que así será. Si he conseguido que usted lea hasta aquí, sé que lo hará cuando esté en pie otro texto interesante. Aprovecho para recordarle que no se deje manipular por nada ni por nadie, que la curiosidad es mala la mayoría de las veces, pero que si le dicen no haga esto, no haga lo otro, haga usted lo que le dé la gana. Si usted ha leído hasta aquí es que no es un gilipollas, no se deja manipular tan fácilmente. ¡Enhorabuena!
Hasta dentro de un brevísimo rato.
Firmado: Su conciencia.
Posdata: Ya me encuentro más tranquila.
sábado, 3 de diciembre de 2011
La codicia del rey de Gonderth
La batalla había comenzado y como si fuera un simple juego de niños, estaba poniendo su vida al servicio de la muerte. Siempre sirviendo en la corte del rey de Ghonderth y, una vez más, le habían dado el privilegio de luchar por esas tierras que nunca tuvo pero que siempre defendería. Porque las ordenes del rey son, además de justas, palabras de Dios.
Había sido elegido por su majestad como el mejor guerrero del reino el día anterior y hoy era el mejor momento para cumplir con su deber. Al mando llevaría todo un ejercito de guerreros, equipados con el mejor armamento hasta el momento. Espadas forjadas de hierro pesado, con las hojas afiladas que resplandecían ante el sol que vería la lucha encarnizada. Los arqueros tensaban sus arcos, dejando un ruido característico al cortar el aire con el paso de las cuerdas. La infantería de caballo ponían sus arneses y demás útiles antes de partir. Todo esto sin que ninguno de ellos se hiciera la más mínima idea de que todo era una estrategia macabra del rey, ya que él sabía que era la única forma de mantener ocupados al ejercito de Yrle para así poder atacar su puesto fronterizo que le daría paso, al fín, a las tierras vecinas de Wharow, ricas por sus grandes cultivos, y en donde encontrará un buen foco de cargamento alimenticio para la corona durante una larga temporada.
Era, el honor a la corona y la lucha por la protección de esas tierras de Ghonderth, casi infinitas, según ese caballero, recién reconocido, de lo que todos y cada uno de sus combatientes debían preocuparse. Él tenía además el permiso y la bendición del rey para poder casarse a la vuelta de la lucha con una de sus hijas mayores, una de las más bellas, trayendo en consecuencia la adquisición de varios títulos nobiliarios que le darían valía y reconocimiento a nivel nacional e internacional.
Pero, no tenía ni el más mínimo indicio de que se encontraría todo un ejercito armado de yrles enfurecidos, con esos atuendos tan característicos y místicos que poseían, y que los doblarían, o triplicarían incluso, en número. Con sus armas impregnadas de venenos y su ejercito de panteras negras que eran expertas en el camuflaje de caza, harían de ese ejercito de Ghonderth no más que un primer plato del festín que el rey se daría a su costa entrando a las tierras de Whraow.
Zarpazos con uñas afiladas de esas impresionantes criaturas del diablo, gritos de dolor y rabia contagiados de mugre envenenada y sangre. Arqueros desde posiciones estratégicas, guiadas por ese caballero impresionado al ver aquel macabro panorama desde su preciado caballo, lanzaban a velocidades, casi imperceptibles, sus flechas con punto de mira los soldados de Yrle. Gritos de lucha y dolor, de furia y honor que terminaron con el sonido grave y entrecortado de la respiración de esas heridas y furiosas panteras, tumbadas por el suelo, y de yrles manchados de sangre y casi sin fuerza para acariciar los suaves lomos oscuros de sus mascotas.
Muertes por la codicia tan desmedida del rey por aumentar aún más sus tierras y sus ganancias. El poder por ser el dueño de toda la península era su mayor preocupación sin tener el más mínimo remordimiento de conciencia por las bajas de su ejercito.
Varios meses después, una ofensiva inesperada a la corte del rey de Gonderth llevada a cabo por la unión de yrles y los Acknarus consiguieron terminar con esa ambición tan desmedida. Sus escasas unidades en la corte por una reciente batalla por los montes del norte hicieron que las tropas entraran sin mucha dificultad y trayendo consigo la captura del rey. Entonces vio cómo su corona caía al suelo imitando, de alguna forma, la caída del yelmo de aquél caballero que en su día engañó por unas tierras. Y así, con un reguero de sangre, quedó manchada para siempre lo que sería la historia del rey de Gonderth.
Había sido elegido por su majestad como el mejor guerrero del reino el día anterior y hoy era el mejor momento para cumplir con su deber. Al mando llevaría todo un ejercito de guerreros, equipados con el mejor armamento hasta el momento. Espadas forjadas de hierro pesado, con las hojas afiladas que resplandecían ante el sol que vería la lucha encarnizada. Los arqueros tensaban sus arcos, dejando un ruido característico al cortar el aire con el paso de las cuerdas. La infantería de caballo ponían sus arneses y demás útiles antes de partir. Todo esto sin que ninguno de ellos se hiciera la más mínima idea de que todo era una estrategia macabra del rey, ya que él sabía que era la única forma de mantener ocupados al ejercito de Yrle para así poder atacar su puesto fronterizo que le daría paso, al fín, a las tierras vecinas de Wharow, ricas por sus grandes cultivos, y en donde encontrará un buen foco de cargamento alimenticio para la corona durante una larga temporada.
Era, el honor a la corona y la lucha por la protección de esas tierras de Ghonderth, casi infinitas, según ese caballero, recién reconocido, de lo que todos y cada uno de sus combatientes debían preocuparse. Él tenía además el permiso y la bendición del rey para poder casarse a la vuelta de la lucha con una de sus hijas mayores, una de las más bellas, trayendo en consecuencia la adquisición de varios títulos nobiliarios que le darían valía y reconocimiento a nivel nacional e internacional.
Pero, no tenía ni el más mínimo indicio de que se encontraría todo un ejercito armado de yrles enfurecidos, con esos atuendos tan característicos y místicos que poseían, y que los doblarían, o triplicarían incluso, en número. Con sus armas impregnadas de venenos y su ejercito de panteras negras que eran expertas en el camuflaje de caza, harían de ese ejercito de Ghonderth no más que un primer plato del festín que el rey se daría a su costa entrando a las tierras de Whraow.
Zarpazos con uñas afiladas de esas impresionantes criaturas del diablo, gritos de dolor y rabia contagiados de mugre envenenada y sangre. Arqueros desde posiciones estratégicas, guiadas por ese caballero impresionado al ver aquel macabro panorama desde su preciado caballo, lanzaban a velocidades, casi imperceptibles, sus flechas con punto de mira los soldados de Yrle. Gritos de lucha y dolor, de furia y honor que terminaron con el sonido grave y entrecortado de la respiración de esas heridas y furiosas panteras, tumbadas por el suelo, y de yrles manchados de sangre y casi sin fuerza para acariciar los suaves lomos oscuros de sus mascotas.
Muertes por la codicia tan desmedida del rey por aumentar aún más sus tierras y sus ganancias. El poder por ser el dueño de toda la península era su mayor preocupación sin tener el más mínimo remordimiento de conciencia por las bajas de su ejercito.
Varios meses después, una ofensiva inesperada a la corte del rey de Gonderth llevada a cabo por la unión de yrles y los Acknarus consiguieron terminar con esa ambición tan desmedida. Sus escasas unidades en la corte por una reciente batalla por los montes del norte hicieron que las tropas entraran sin mucha dificultad y trayendo consigo la captura del rey. Entonces vio cómo su corona caía al suelo imitando, de alguna forma, la caída del yelmo de aquél caballero que en su día engañó por unas tierras. Y así, con un reguero de sangre, quedó manchada para siempre lo que sería la historia del rey de Gonderth.
viernes, 2 de diciembre de 2011
OFERTAS PARA LA NAVIDAD 2011
ATENCIÓN Señores y señoras clientes del mundo, se les informa que diciembre acaba de comenzar. Cada vez más se acerca la navidad, fechas en las que la felicidad y la familia son los elementos principales del mes. Desde estos almacenes de actitudes tenemos varias ofertas que podrían interesarles y a unos precios inigualables.
Pueden encontrar una caja llena de humildad para equilibrar un poco vuestros actos de arrogancia. Si lo desean pueden comprar por un módico precio sinceridad. Debido a su escasez hasta el momento viene vendiéndose bastante y quedan pocas unidades. Además, por la compra de dos amabilidades se le regalará otra, totalmente gratis.
Para agradecerles vuestra atención le informamos que en la salida podrán degustar unos trocitos de verdad con crema de sensibilidad.
martes, 29 de noviembre de 2011
Los llantos de ella
Canalizó sus lágrimas
y las recogió con delicadeza
para así tener algo con lo que regar
sus secos recuerdos
y ahogarlos con aspereza.
Su belleza pasó a ser
invisible por un momento,
dando paso una amarga imagen
de dolor y sufrimiento,
donde el temblor de sus labios
y su respiración a destiempo
hicieron contagiar a los que miraban
con impotencia ese sentimiento.
Ni la perfección de una rosa
ofrecida como detalle,
ni los versos de Gustavo Adolfo Bécquer
por una voz experta recitados,
ni tan siquiera la sonrisa
de una dulce pequeña
consiguieron calmar
sus desánimos de princesa.
Porque ahora debe hacerse
compañera del tiempo y el olvido
controlando más que nunca
los impulsos del suicidio,
y darse cuenta de que
todo lo que comienza
tiende a terminar
pero brindándole por tanto
la posibilidad de volver a empezar.
La perfección
para los cuentos de hadas
la felicidad
para las hadas como tú.
para los cuentos de hadas
la felicidad
para las hadas como tú.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Origen del futuro. - Prólogo -
Hice girar la ruleta como cada mañana. Esa vez con más fuerza, quizás, que las anteriores y con mis ojos entrecerrados y pegados por unas legañas que me impedían ver con claridad. Se debía al cansancio producido por el día anterior. Dicha actividad la hago desde que tengo uso de razón, innato al quehacer diario. Esa ruleta determina una actividad futura que se realizará en las veinte horas siguientes, es como un modificador del destino, pero no exactamente. Mejor dicho, un productor del futuro reciente. El problema, el fallo, el defecto de este artefacto metálico, de un color anaranjado, oxidado por el tiempo y con unos símbolos extraños dorados que están dibujados alrededor, es que no sé exactamente qué es lo que pasará hasta que realmente ocurre. No hay forma alguna de saberlo antes, al menos que yo sepa aún. He estudiado esos símbolos pero nunca conseguí descifrarlos. Muchos se preguntarán cómo sé que lo ocurrido es lo que predijo mi ruleta; pues es demasiado fácil de explicar, a pesar de lo complejo y místico que es todo esto. Llevo una pulsera con una especie de cristal trasparente pequeño que se ilumina y brilla intensamente justo unos segundos antes de lo que va a pasar y no hay manera de cambiarlo, aunque quisieras. Mi ser me lo niega y me lo impide. Lo particular de todo es que lo que ocurrirá estará, de alguna forma, relacionado conmigo. Pues bueno, todo esto para decir que, esa mañana no podía hacerme, ni la más mínima idea, de lo que se acontecería ese día.
Mientras, en la otra punta del mundo, un hombre de edad avanzada volvía a leer con curiosidad otro capitulo de su historia. El temblor de sus manos hacían del paso de una hoja, una eternidad. Su ilusión por dar respuesta a todas esas preguntas que se hizo durante toda su vida le ha hecho ganar segundos de vida, y ahora estaba a punto de saber el origen...
Continuará...
Así comienza el Origen del futuro... Historia ficticia con la que, ilusionado, contaré cómo la vida y las acciones de varias personas de diferentes lugares del mundo están programadas a ser como son, sin posibilidad de ser modificadas...
lunes, 14 de noviembre de 2011
Dad y feliz serás
Auriculares, melodía y acción. Comienzo a escribir a ritmo improvisado pero con una melodía inspiradora de fondo. Es increíble que una cosa tan simple como escribir pueda llenar tanto a una persona. Ahora entiendo a los escritores. Pero más grande es saber que hay alguien que te lee, ¿verdad? Es como cuando hablas a una persona. Que sepa escucharte es tan importante como lo que le cuentas. Pues así me siento últimamente. Gracias lectores. Sois pocos, pero me llena de satisfacción saber que estáis ahí.
Hoy quiero salirme un poco de lo que me gusta escribir. Normalmente invento historias, ficción que puede ser interesante. Pero hay también que hablar de cosas importantes.
No entiendo mucho de política, y sé que ahora estamos con los días previos a las elecciones aquí en España, pero creo que no es buen tema para tratar ahora, y remarco, no porque no sea importante, porque si que es importante y mucho, y de hecho aprovecho para animar a todos a ir a votar y expresar así qué quiere para este país tan parado en el que vivimos, por desgracia. Me apetece hablar de un dilema que me corroe, que me carcome lo que hasta hoy habían sido las ideas innatas de mi razón. Se trata del hecho de vivir el día como si fuera el último. Lo había oído alguna vez, pero nunca había reflexionado sobre el tema. ¿Qué puede significar esta proposición tan interesante? Empecemos por el final. Sí, por el final, por una vez en la vida no vamos a comenzar por el principio... Felicidad. Creo que es lo que está oculto bajo este hecho y es a lo que se quiere llegar. Porque, qué queréis que os diga, cuando veo tantas personas que están tristes, decaídas, que es muy posible que tengan motivos para estarlo, pues me preocupo porque quizás no se hayan parado a pensar esa frase, en lo que tiene oculto bajo esas palabras. Yo era una de esas personas, ¡sí! Y por suerte me he dado cuenta qué significa realmente esa frase y a dónde quiere llegar. He vivido una vida, preocupado por el futuro, es muy probable que de una manera bastante responsable, que no tiene que ser del todo bueno, pero casi siempre tan pesimista y triste por casi todo que me doy asco a mí mismo cuando pienso cómo estaba. ¡Joder, felicidad! Os aviso, es complicado vivir el día como si fuera el último, pero hay variantes que son igualmente válidas que te llevan a ese estado tan maravilloso y del que escasea mucha gente. Por ejemplo: vive y sé feliz. ¿Cómo podría vivir al día una persona si este fuera el último? ¿Cómo puedo vivir y ser feliz? Con acciones acertadas, que agraden a los demás y a uno mismo. Que pasees por la calle y sonrías a alguna chica. Que te cruces con un hombre y le des los buenos días. Que si te atascas por motivos ajenos, te desatasques. Que si te atascas por motivos propios, te desatasques de nuevo. Sería contradictorio decirlo así como lo voy a decir, porque estoy hablando de felicidad, pero me entristece, por ejemplo, que haya tantísimas personas en España, Grecia, Italia, todos estos países que ahora están en crisis y con tanta gente en el paro, que no sean felices. ¡Sí! Y lector, permítame decirlo, pero hay millones de personas del Tercer Mundo (* por cierto después hablaré de esto, le pongo un asterisco para recordarlo) que no han tenido nunca trabajo, casa, que se están muriendo de hambre, y que son las personas más amables, felices y encantadoras. Que viven como si fuera el último, y por desgracia para muchos sí que lo es, pero que para muchos otros es lo que les hace seguir adelante. Se puede tener pan y ser triste, y se puede ser feliz sin tener pan. Por eso, este escrito de alguna forma, es reivindicativo, que la gente piense que hay seres humanos que están mucho peor que ellos y que no se puede vivir siempre con la sensación de tristeza, de soledad, de infelicidad. Felicidad señores, vivir el día como si fuera el último. Es muy importante transmitirle a los demás esa felicidad, porque se contagia. Ponedle un toque de dulzura. Decid cuando os levantéis, aunque hayáis dormido unas horas escasas, hoy voy a ser feliz. O mejor, mi propósito del día será hacer feliz a la gente con la que me encuentre. Por favor, hacedlo. Todo iría muchísimo mejor si así fuera.
* No estoy de acuerdo que se le llame Tercer Mundo. Me parece un vocablo, despectivo, como despreciando a esa gente. ¿Por qué hay un Primer y Segundo Mundo? El Mundo es único joder. Basta ya de etiquetas y desigualdades. Que las desigualdades las creamos nosotros.
P.D: Para los que no se dieron cuenta, el título de la entrada hay que leerlo a la inversa.
Un saludo criaturas.
Hoy quiero salirme un poco de lo que me gusta escribir. Normalmente invento historias, ficción que puede ser interesante. Pero hay también que hablar de cosas importantes.
No entiendo mucho de política, y sé que ahora estamos con los días previos a las elecciones aquí en España, pero creo que no es buen tema para tratar ahora, y remarco, no porque no sea importante, porque si que es importante y mucho, y de hecho aprovecho para animar a todos a ir a votar y expresar así qué quiere para este país tan parado en el que vivimos, por desgracia. Me apetece hablar de un dilema que me corroe, que me carcome lo que hasta hoy habían sido las ideas innatas de mi razón. Se trata del hecho de vivir el día como si fuera el último. Lo había oído alguna vez, pero nunca había reflexionado sobre el tema. ¿Qué puede significar esta proposición tan interesante? Empecemos por el final. Sí, por el final, por una vez en la vida no vamos a comenzar por el principio... Felicidad. Creo que es lo que está oculto bajo este hecho y es a lo que se quiere llegar. Porque, qué queréis que os diga, cuando veo tantas personas que están tristes, decaídas, que es muy posible que tengan motivos para estarlo, pues me preocupo porque quizás no se hayan parado a pensar esa frase, en lo que tiene oculto bajo esas palabras. Yo era una de esas personas, ¡sí! Y por suerte me he dado cuenta qué significa realmente esa frase y a dónde quiere llegar. He vivido una vida, preocupado por el futuro, es muy probable que de una manera bastante responsable, que no tiene que ser del todo bueno, pero casi siempre tan pesimista y triste por casi todo que me doy asco a mí mismo cuando pienso cómo estaba. ¡Joder, felicidad! Os aviso, es complicado vivir el día como si fuera el último, pero hay variantes que son igualmente válidas que te llevan a ese estado tan maravilloso y del que escasea mucha gente. Por ejemplo: vive y sé feliz. ¿Cómo podría vivir al día una persona si este fuera el último? ¿Cómo puedo vivir y ser feliz? Con acciones acertadas, que agraden a los demás y a uno mismo. Que pasees por la calle y sonrías a alguna chica. Que te cruces con un hombre y le des los buenos días. Que si te atascas por motivos ajenos, te desatasques. Que si te atascas por motivos propios, te desatasques de nuevo. Sería contradictorio decirlo así como lo voy a decir, porque estoy hablando de felicidad, pero me entristece, por ejemplo, que haya tantísimas personas en España, Grecia, Italia, todos estos países que ahora están en crisis y con tanta gente en el paro, que no sean felices. ¡Sí! Y lector, permítame decirlo, pero hay millones de personas del Tercer Mundo (* por cierto después hablaré de esto, le pongo un asterisco para recordarlo) que no han tenido nunca trabajo, casa, que se están muriendo de hambre, y que son las personas más amables, felices y encantadoras. Que viven como si fuera el último, y por desgracia para muchos sí que lo es, pero que para muchos otros es lo que les hace seguir adelante. Se puede tener pan y ser triste, y se puede ser feliz sin tener pan. Por eso, este escrito de alguna forma, es reivindicativo, que la gente piense que hay seres humanos que están mucho peor que ellos y que no se puede vivir siempre con la sensación de tristeza, de soledad, de infelicidad. Felicidad señores, vivir el día como si fuera el último. Es muy importante transmitirle a los demás esa felicidad, porque se contagia. Ponedle un toque de dulzura. Decid cuando os levantéis, aunque hayáis dormido unas horas escasas, hoy voy a ser feliz. O mejor, mi propósito del día será hacer feliz a la gente con la que me encuentre. Por favor, hacedlo. Todo iría muchísimo mejor si así fuera.
* No estoy de acuerdo que se le llame Tercer Mundo. Me parece un vocablo, despectivo, como despreciando a esa gente. ¿Por qué hay un Primer y Segundo Mundo? El Mundo es único joder. Basta ya de etiquetas y desigualdades. Que las desigualdades las creamos nosotros.
P.D: Para los que no se dieron cuenta, el título de la entrada hay que leerlo a la inversa.
Un saludo criaturas.
domingo, 13 de noviembre de 2011
Con un sombrero viviré
Me compraré un sombrero para poder ser, definitivamente, un bohemio.
Porque soy romántico, soñador, un idealista, una persona que vive al margen del común denominador de la sociedad. Porque soy alguien que posee una sensibilidad especial hacia las cosas bellas de la vida por más sencillas que parezcan, una persona que ama la música y la gente que la crea y por qué no también al arte y al artista, alguien que disfruta enormemente una conversación con algún amigo y algún desconocido, por qué no... Porque me gusta la literatura y las matemáticas, filosofar sobre la vida... Una persona que igual puede disfrutar de una cena en un lugar lujoso o simplemente en un humilde hogar, en solitario o acompañado por miles...
Todo esto es ser bohemio. Pero me falta el sombrero...
Sidonie - La sombra
Canción del grupo Sidonie.
La sombra
Se aconseja escuchar la canción mientras se van viendo las fotografías. Espero que la disfruten. Es maravillosa :)
La sombra
Se aconseja escuchar la canción mientras se van viendo las fotografías. Espero que la disfruten. Es maravillosa :)
En la Tierra donde vivo yo
Hace siglos que no luce el sol
Con un manto de damasco gris
llegó la noche y no se quiso ir
Por eso aquí vienen nuestras sombras a vivir
por eso aquí tengo mi casa y un negro jardín
Es el día de la procesión
nos deslizamos por el callejón
hasta la tierra donde vives tú
al otro lado del país sin luz
Si crees que ves algo que se mueve en la pared
no dudes más, yo soy la sombra atada a tus pies
Yo soy tu sombra en la pared,
donde vayas tú te seguiré.
Yo soy tu sombra en la pared,
donde vayas tú te seguiré.
Es la hora, tengo que volver
justo antes del atardecer
Si me besas te convertirás
en la reina de la oscuridad
Soy tan feliz
porque ahora vives junto a mí
Quién quiere el sol
Amarse a tientas será lo mejor
sábado, 12 de noviembre de 2011
miércoles, 9 de noviembre de 2011
La historia de Franky que nunca se supo... (Continuación de: En mis años como Coronel de los Estados Unidos)
Vamos a una velocidad demasiado acelerada. La fotografía de mi mujer que sostenía en mis manos se movía demasiado debido a la cantidad de desniveles que había en el camino. No podía percibir la belleza de sus ojos ni el perfil de sus labios.
- Tengo una mujer preciosa - dije a Ian. Iba tan concentrado con no chocar con alguna roca que hubiera por el camino que creo que ni se enteró -.
Llevo seis meses en esta operación del ejército de los Estados Unidos aquí en Afganistán, y parece una eternidad. Buscamos unos terroristas y no los encontramos por ningún lado. A saber dónde está esa gente. Yo llego a pensar que ya no están por aquí.
Volvíamos de vuelta al campamento. Al parecer había un paracaidista sufrió un accidente. No se le abrió el paracaídas en el momento adecuado. Se rompió una pierna y debía intentar salvársela. De ahí que vayamos tan rápido. Veo estos paisajes y, quitando el terrorismo que hay por aquí, esto podría ser un país bastante visitado. Por desgracia, no es así. De repente dejó Ian de acelerar y redució considerablemente la velocidad. Lo miré y vi que miraba hacia el cristal de mi ventana.
- Franky, ¿qué es aquello? - dijo señalando y haciendo que girara para ver a qué se refería. - ¿Aquello de allí son casas?
- ¡Joder, Ian! ¡Son casas! - Dije alterado al pensar que podrían estar allí los terroristas.
Entonces, sin mediar palabra, giró el volante bruscamente tomando dirección ese desconocido lugar.
- ¡Para, para! No estarás pensando que vayamos los dos solos allí, ¿no? - dije preocupado al ver que no paraba - Quizás debamos informar al coronel y que mande refuerzos por si acaso. Parece que hay muchas casas.
- Es la oportunidad de hacernos grandes, Franky. Nos condecorarán y hasta nos subirán de rango. Ya podrás trabajar cerca de casa, de tu mujer, sin necesidad de poner en peligro tu vida.
Ian era un buen tipo, la verdad, pero muy testarudo en ciertas cosas y como se empeñe en algo, es complicado entrar en razón. Aún así, y a pesar del miedo que sentía a encontrar allí esos sanguinarios asesinos, lo intenté. Probé que entrara en razón.
- Te valorarán de igual manera si avisamos a los demás, Ian. No seas idiota. Sabes que puede haber más de un terrorista y eso supondría... ¡Nuestra muerte, joder! ¿O es que crees que van a estar esperándote a que les pegues un tiro?
- Una de las posibilidades que barajamos es que estén separados. No permiten que los encontremos a todos juntos. - contestó mientras estábamos acercándonos al lugar cada vez más rápido.
De repente, unas explosiones en las casas a las que nos acercábamos hicieron que mi compañero frenara de golpe.
- ¡Cielo Santo! ¿Qué ha sido eso? - pregunté bastante preocupado - Es mejor que vayamos, pase lo que pase. Pero júrame por Dios, Ian, que si vemos algo raro avises inmediatamente a los demás, ¿de acuerdo?
- No lo dudes Franky. - Contestó mientras aceleraba de nuevo.
Sorteaba los troncos de los árboles a una velocidad vertiginosa. Parecía que había pasado por ahí más de una vez. A medida que avanzábamos era más complicado ver debido al humo de la explosión. Estamos cerca ya. Se aprecia algo en el suelo de esa pequeña villa, son como...
- ¡Son cuerpos en el suelo, Ian! ¡Hay gente muerta! - Grité mientras me quitaba el cinturón para bajar del coche lo antes posible.
- ¡Joder, pero qué coño! - contestó mientras pulsaba el botón de su walky talky para comunicarse con los demás. - ¿Coronel, me recibe? ¡Coronel! ¿Me recibe? - hizo una breve pausa y freno el coche del ejercito-.
La escena era demasiado macabra y me dejó sin aliento alguno. Había gente esparcida por el suelo como si fueran semillas que había esparcido por allí un campesino. Realmente desagradable. Me bajé a la vez que mi compañero Ian. El sacó su arma mirando hacia todos los rincones: árboles, ventanas... Mientras yo me disponía a comprobar si había alguien con vida.
- ¡Dios bendito! ¡Están mutilados! Qué ser se atreve ha hacer esto. - Relataba mientras tomaba el pulso a un joven, que parecía tener unos veinticinco años. -
- Mira esto, Franky. - Dijo señalando con el fusil hacia el suelo - Tiene clavado un palo por el pecho que lo atraviesa entero. ¡Qué asco! - Comento dando una pequeña arcada. - No puedo ver esto.
Pasaron los minutos y el se dispuso a mirar dentro de las casas. Parecía que no había ningún terrorista por allí, al menos así lo deseaba. Pero me preocupaba, porque no me sonaba que los terroristas mataran de forma tan descabellada como lo habían hecho con todas estas personas.
De repente escuché el sonido de un helicóptero que se acercaba. Quizás oyeran, al final, la ayuda que pidió Ian antes por el walky talky.
Cinco minutos más tarde, el helicóptero acababa de aterrizar unos metros más allá y venía compañeros por el camino hacia nosotros porque los oía hablar. Entonces me acerqué a ellos viendo que el primero de ellos era Sam, el coronel.
- ¡Mi Coronel! - saludé a la vez que me ponía en posición de saludo oficial. - Hay mucha gente muerta en este lugar. - expliqué a la vez que ellos veían por primera vez aquel horrible paisaje manchado de sangre.-
- Franky, ¿no hay nadie con vida? - preguntó inmediatamente a la vez que miraba hacia todos los lados.-
- No, mi Coronel. Llevamos un rato, mi compañero Ian y yo, y esta desierto. Aquí no queda nada más que esto. El silencio de todos estos civiles, que no es poco.
-¡Mi Coronel! - se oyó de repente tras nosotros. Era Ian que acababa de salir de una de las casas con lágrimas en los ojos. No paraba de tocar a unos y a otros con la pequeña esperanza de encontrar a alguien con vida.-
El coronel inmediatamente, después de haber comprobado que todo aquello que rodeaba la casa estaba libre de terroristas, ordenó que todos ellos menos Sebastian y yo se repartieran. Iban a mirar los bosques de los alrededores y quedaron en volver en media hora. Yo seguí comprobando que no había nadie con vida y Sebastian me cubría por lo que pudiera ocurrir. Pasaron algunos minutos y corté ese silencio macabro que volaba en el ambiente.
- Sebastian, es realmente desagradable esto ¿verdad? - comenté.-
- Así es Franky. Qué habrá hecho esta gente para tener que terminar así...
- De todas formas...
- ¡Sshhh!
Me mandó a callar mi compañero y yo me quedé totalmente quito, como si me hubieran congelado el alma. El pulso se me había disparado en menos de un segundo. Me volvió a señalar con el dedo que me callara, a la vez que me señalaba que había oído algo cerca de allí. Comenzó a andar muy despacio, yo no paraba de mirar a todos los alrededores, pero no veía absolutamente nada. Hasta que, sin creerlo, vi como uno de los civiles que había tumbado allí en el suelo se levantaba a las espaldas de Sebastian.
-¡Sebastian! - grité aterrorizado.
Éste se giró y comenzó a disparar contra ese hombre, de unos cincuenta años, metro ochenta de alto aproximadamente. Estaba totalmente teñido de sangre, con toda su ropa desgarrada, medio desnudo, y descalzo. Yo no daba crédito a lo que estaban viendo mis ojos y estaba como congelado, mi cuerpo no reaccionaba. Los disparos que Sebastian realizaba con su fusil no servían de nada, chocaban contra su cuerpo pero estos rebotaban como si su cuerpo fuera de un material duro y resistente. Aquello era algo paranormal, sin lugar a dudas. Pasó todo rapidísimo. Este hombre llegó hasta Sebastian a pesar de que este no paró de disparar hasta que le cogió su arma. Entonces escuché hablar a ese hombre en una lengua que no conocía, pero que por supuesto, no eran lenguas que se hablaran en territorio afgano porque yo las hablaba.
- ¡Nukj fyhgn igmnorn fjaq! - gritó e inmediatamente después apretó el gatillo haciendo que Sebastian cayera al suelo.
Estaba aterrorizado como nunca lo había estado. Mi miedo hizo que saliera corriendo de allí. Me giré y corrí. Di cuatro pasos y de repente se plantó delante de mí ese hombre cortándome el paso y agarrándome por el brazo con mucha fuerza. No sé como lo hizo, pero fue veloz porque estaba retirado.
- ¿Qué quiere? - pregunté mirando al suelo.- No quiero hacerle daño, déjeme marchar, por favor. - Susurré mientras caían unas lágrimas y levantaba la vista hacia su cara. Entonces, fue cuando lo miré que comprendí que aquel ser no podía ser de este planeta. -
- ¡Nukj fyhgn... - comenzó a recitar como hizo con mi compañero. Yo me temía ya lo peor y comencé a llorar sin parar. Su voz, o fuera lo que fuese eso, salía de una especie de orificio triple que había en la cara y no se movía al pronunciar las palabras. - ...igmnorn...
- ¡Por favor, no! - Grité pidiéndole de nuevo que no lo hiciera soportando un dolor desagradable en el brazo que apretaba cada vez con mayor fuerza.-
- fjaq!
Entonces lo miré a eso que parecían ser sus ojos, bastantes parecidos a los nuestros. Y en menos que parpadeé, sentí como mi brazo se caía de mi cuerpo. Me desequilibré y caí al suelo. Perdí el conocimiento por unos momentos.
Desperté al oír hablar el Sargento Walter con Sebastian. No para de gritarle, te vas a recuperar. Entonces, con mi poco sentido de la razón después de lo que acaba de pasar allí, vi que el hombre que nos había hecho eso estaba a mi lado, tumbado como si estuviera muerto y me miraba fijamente. Entonces miré a mi sargento que estaba de espaldas a mí, hablando con Sebastian, e intenté que saliera mi último aliento para alertarles de lo que había pasado allí. Entonces sentí como el brazo de ese hombre o de esa cosa, me agarró del cuello y me estranguló. Sentí como mis vías respiratorias estaba cerradas y no permitían paso alguno del aire. Angustiado intenté forcejear, patalear, pero había perdido fuerzas con la perdida de sangre y entonces morí asfixiado...
- Tengo una mujer preciosa - dije a Ian. Iba tan concentrado con no chocar con alguna roca que hubiera por el camino que creo que ni se enteró -.
Llevo seis meses en esta operación del ejército de los Estados Unidos aquí en Afganistán, y parece una eternidad. Buscamos unos terroristas y no los encontramos por ningún lado. A saber dónde está esa gente. Yo llego a pensar que ya no están por aquí.
Volvíamos de vuelta al campamento. Al parecer había un paracaidista sufrió un accidente. No se le abrió el paracaídas en el momento adecuado. Se rompió una pierna y debía intentar salvársela. De ahí que vayamos tan rápido. Veo estos paisajes y, quitando el terrorismo que hay por aquí, esto podría ser un país bastante visitado. Por desgracia, no es así. De repente dejó Ian de acelerar y redució considerablemente la velocidad. Lo miré y vi que miraba hacia el cristal de mi ventana.
- Franky, ¿qué es aquello? - dijo señalando y haciendo que girara para ver a qué se refería. - ¿Aquello de allí son casas?
- ¡Joder, Ian! ¡Son casas! - Dije alterado al pensar que podrían estar allí los terroristas.
Entonces, sin mediar palabra, giró el volante bruscamente tomando dirección ese desconocido lugar.
- ¡Para, para! No estarás pensando que vayamos los dos solos allí, ¿no? - dije preocupado al ver que no paraba - Quizás debamos informar al coronel y que mande refuerzos por si acaso. Parece que hay muchas casas.
- Es la oportunidad de hacernos grandes, Franky. Nos condecorarán y hasta nos subirán de rango. Ya podrás trabajar cerca de casa, de tu mujer, sin necesidad de poner en peligro tu vida.
Ian era un buen tipo, la verdad, pero muy testarudo en ciertas cosas y como se empeñe en algo, es complicado entrar en razón. Aún así, y a pesar del miedo que sentía a encontrar allí esos sanguinarios asesinos, lo intenté. Probé que entrara en razón.
- Te valorarán de igual manera si avisamos a los demás, Ian. No seas idiota. Sabes que puede haber más de un terrorista y eso supondría... ¡Nuestra muerte, joder! ¿O es que crees que van a estar esperándote a que les pegues un tiro?
- Una de las posibilidades que barajamos es que estén separados. No permiten que los encontremos a todos juntos. - contestó mientras estábamos acercándonos al lugar cada vez más rápido.
De repente, unas explosiones en las casas a las que nos acercábamos hicieron que mi compañero frenara de golpe.
- ¡Cielo Santo! ¿Qué ha sido eso? - pregunté bastante preocupado - Es mejor que vayamos, pase lo que pase. Pero júrame por Dios, Ian, que si vemos algo raro avises inmediatamente a los demás, ¿de acuerdo?
- No lo dudes Franky. - Contestó mientras aceleraba de nuevo.
Sorteaba los troncos de los árboles a una velocidad vertiginosa. Parecía que había pasado por ahí más de una vez. A medida que avanzábamos era más complicado ver debido al humo de la explosión. Estamos cerca ya. Se aprecia algo en el suelo de esa pequeña villa, son como...
- ¡Son cuerpos en el suelo, Ian! ¡Hay gente muerta! - Grité mientras me quitaba el cinturón para bajar del coche lo antes posible.
- ¡Joder, pero qué coño! - contestó mientras pulsaba el botón de su walky talky para comunicarse con los demás. - ¿Coronel, me recibe? ¡Coronel! ¿Me recibe? - hizo una breve pausa y freno el coche del ejercito-.
La escena era demasiado macabra y me dejó sin aliento alguno. Había gente esparcida por el suelo como si fueran semillas que había esparcido por allí un campesino. Realmente desagradable. Me bajé a la vez que mi compañero Ian. El sacó su arma mirando hacia todos los rincones: árboles, ventanas... Mientras yo me disponía a comprobar si había alguien con vida.
- ¡Dios bendito! ¡Están mutilados! Qué ser se atreve ha hacer esto. - Relataba mientras tomaba el pulso a un joven, que parecía tener unos veinticinco años. -
- Mira esto, Franky. - Dijo señalando con el fusil hacia el suelo - Tiene clavado un palo por el pecho que lo atraviesa entero. ¡Qué asco! - Comento dando una pequeña arcada. - No puedo ver esto.
Pasaron los minutos y el se dispuso a mirar dentro de las casas. Parecía que no había ningún terrorista por allí, al menos así lo deseaba. Pero me preocupaba, porque no me sonaba que los terroristas mataran de forma tan descabellada como lo habían hecho con todas estas personas.
De repente escuché el sonido de un helicóptero que se acercaba. Quizás oyeran, al final, la ayuda que pidió Ian antes por el walky talky.
Cinco minutos más tarde, el helicóptero acababa de aterrizar unos metros más allá y venía compañeros por el camino hacia nosotros porque los oía hablar. Entonces me acerqué a ellos viendo que el primero de ellos era Sam, el coronel.
- ¡Mi Coronel! - saludé a la vez que me ponía en posición de saludo oficial. - Hay mucha gente muerta en este lugar. - expliqué a la vez que ellos veían por primera vez aquel horrible paisaje manchado de sangre.-
- Franky, ¿no hay nadie con vida? - preguntó inmediatamente a la vez que miraba hacia todos los lados.-
- No, mi Coronel. Llevamos un rato, mi compañero Ian y yo, y esta desierto. Aquí no queda nada más que esto. El silencio de todos estos civiles, que no es poco.
-¡Mi Coronel! - se oyó de repente tras nosotros. Era Ian que acababa de salir de una de las casas con lágrimas en los ojos. No paraba de tocar a unos y a otros con la pequeña esperanza de encontrar a alguien con vida.-
El coronel inmediatamente, después de haber comprobado que todo aquello que rodeaba la casa estaba libre de terroristas, ordenó que todos ellos menos Sebastian y yo se repartieran. Iban a mirar los bosques de los alrededores y quedaron en volver en media hora. Yo seguí comprobando que no había nadie con vida y Sebastian me cubría por lo que pudiera ocurrir. Pasaron algunos minutos y corté ese silencio macabro que volaba en el ambiente.
- Sebastian, es realmente desagradable esto ¿verdad? - comenté.-
- Así es Franky. Qué habrá hecho esta gente para tener que terminar así...
- De todas formas...
- ¡Sshhh!
Me mandó a callar mi compañero y yo me quedé totalmente quito, como si me hubieran congelado el alma. El pulso se me había disparado en menos de un segundo. Me volvió a señalar con el dedo que me callara, a la vez que me señalaba que había oído algo cerca de allí. Comenzó a andar muy despacio, yo no paraba de mirar a todos los alrededores, pero no veía absolutamente nada. Hasta que, sin creerlo, vi como uno de los civiles que había tumbado allí en el suelo se levantaba a las espaldas de Sebastian.
-¡Sebastian! - grité aterrorizado.
Éste se giró y comenzó a disparar contra ese hombre, de unos cincuenta años, metro ochenta de alto aproximadamente. Estaba totalmente teñido de sangre, con toda su ropa desgarrada, medio desnudo, y descalzo. Yo no daba crédito a lo que estaban viendo mis ojos y estaba como congelado, mi cuerpo no reaccionaba. Los disparos que Sebastian realizaba con su fusil no servían de nada, chocaban contra su cuerpo pero estos rebotaban como si su cuerpo fuera de un material duro y resistente. Aquello era algo paranormal, sin lugar a dudas. Pasó todo rapidísimo. Este hombre llegó hasta Sebastian a pesar de que este no paró de disparar hasta que le cogió su arma. Entonces escuché hablar a ese hombre en una lengua que no conocía, pero que por supuesto, no eran lenguas que se hablaran en territorio afgano porque yo las hablaba.
- ¡Nukj fyhgn igmnorn fjaq! - gritó e inmediatamente después apretó el gatillo haciendo que Sebastian cayera al suelo.
Estaba aterrorizado como nunca lo había estado. Mi miedo hizo que saliera corriendo de allí. Me giré y corrí. Di cuatro pasos y de repente se plantó delante de mí ese hombre cortándome el paso y agarrándome por el brazo con mucha fuerza. No sé como lo hizo, pero fue veloz porque estaba retirado.
- ¿Qué quiere? - pregunté mirando al suelo.- No quiero hacerle daño, déjeme marchar, por favor. - Susurré mientras caían unas lágrimas y levantaba la vista hacia su cara. Entonces, fue cuando lo miré que comprendí que aquel ser no podía ser de este planeta. -
- ¡Nukj fyhgn... - comenzó a recitar como hizo con mi compañero. Yo me temía ya lo peor y comencé a llorar sin parar. Su voz, o fuera lo que fuese eso, salía de una especie de orificio triple que había en la cara y no se movía al pronunciar las palabras. - ...igmnorn...
- ¡Por favor, no! - Grité pidiéndole de nuevo que no lo hiciera soportando un dolor desagradable en el brazo que apretaba cada vez con mayor fuerza.-
- fjaq!
Entonces lo miré a eso que parecían ser sus ojos, bastantes parecidos a los nuestros. Y en menos que parpadeé, sentí como mi brazo se caía de mi cuerpo. Me desequilibré y caí al suelo. Perdí el conocimiento por unos momentos.
Desperté al oír hablar el Sargento Walter con Sebastian. No para de gritarle, te vas a recuperar. Entonces, con mi poco sentido de la razón después de lo que acaba de pasar allí, vi que el hombre que nos había hecho eso estaba a mi lado, tumbado como si estuviera muerto y me miraba fijamente. Entonces miré a mi sargento que estaba de espaldas a mí, hablando con Sebastian, e intenté que saliera mi último aliento para alertarles de lo que había pasado allí. Entonces sentí como el brazo de ese hombre o de esa cosa, me agarró del cuello y me estranguló. Sentí como mis vías respiratorias estaba cerradas y no permitían paso alguno del aire. Angustiado intenté forcejear, patalear, pero había perdido fuerzas con la perdida de sangre y entonces morí asfixiado...
sábado, 5 de noviembre de 2011
En mis años como Coronel de los Estados Unidos
- Fue un momento realmente impactante - dije hasta moviendo los brazos - lo que yo pude ver ese día al llegar allí...
- ¿Cuántos ibais en ese momento? - preguntó con curiosidad.
- Eramos...- conté con los dedos a la vez que recordaba los nombres de los miembros de mi grupo - seis personas contándome. Estaba Walter, Connor, Ian, - tuve que pensar un poco quién faltaba - Franky, Sebastian y yo.
- ¿Todos ibais en el helicóptero?
- ¡No, no! - dije alzando un poco la voz. - Connor era el piloto del helicóptero, si no recuerdo mal un OH-58A. Uno de tipo explorador. Y dentro estábamos Sebastian, Walter y yo. Yo iba en el lado del copiloto y observé a lo lejos con mis prismáticos -dije a la vez que señalaba hacia delante, como mirando un punto fijo en el horizonte - un coche del ejercito que estaba parado. Era lo normal porque observábamos, explorábamos, la zona con el fin de encontrar varios terroristas que había escondidos.
- Sí. - contestó como pidiendo más sobre aquel momento -.
- Entonces le ordené a Connor que fuera hacia ese lugar. Estaría a unos tres mil pies de distancia hacia el noroeste, si no me falla la memoria de viejo que tengo.
- ¿Qué había allí Sam? - preguntó a la vez que se acomodaba en el banco del parque -.
- Horror y sangre - pronuncié con lástima -. Llegamos al lugar pero estaba cubierto por árboles. Parecía como una especie de pueblo pequeño porque podía verse el ganado, no muy separado de allí, en terreno cercado. Entonces buscamos un sitio despejado, no demasiado retirado, y tomamos tierra. Recuerdo...- moví la cabeza como diciendo no - Recuerdo que cuando nos dirigíamos a ese lugar, Walter y Sebastian no paraban de hacer bromas. Yo, sin embargo, sentía que algo no iba bien allí y me temía lo peor. Andamos un poco y cuando estábamos llegando al coche del ejercito apareció Ian haciendo el saludo oficial. Entonces nos dijo que nos preparáramos, que no iba a hacer fácil olvidar lo que allí había. Y, desde luego, que no lo he olvidado jamás.
- No quiero ser pesado, pero... ¿Qué había allí Sam? - volvió a preguntar con un poco de mosqueo.
- Cientos de civiles muertos en el suelo. Mutilados, algunos ahorcados en los árboles. Recuerdo que - conté mientras mis ojos se iban encharcando - había una niña... No puedo contarlo - mis lagrimas y mi llanto salieron sin quererlo - es realmente desagradable.
- Bueno tranquilo - dijo consolándome mi amigo Oliver a la vez que daba pequeños golpecitos en la espalda con sus viejas y enfermas manos por el parkinson -. Yo tampoco quiero saber todos los detalles, ¿sabes?
- Había varias casas - dije cortando a Oliver como si no hubiera escuchado lo que me había dicho ya que estaba recordándolo con tanta exactitud que parecía que estuviera allí mismo - quemadas, pero además era bastante reciente porque el humo aún salía. Todo el suelo teñido de rojo. Un enorme reguero de sangre que iba a desembocar a un riachuelo cercano. No había sonido alguno.
- ¿Dónde estaba Franky? Porque hasta el momento no ha salido a escena. - curioseó mi amigo y compañero de historias.
- Salió al poco tiempo de una de las casas. Recuerdo que llegó con lágrimas en los ojos. No paraba de tocar a unos y a otros con la pequeña esperanza de encontrar a alguien con vida. Era uno de los mejores y más expertos miembros del cuerpo médico del ejercito de los Estados Unidos por aquellos momentos. Y nunca lo había visto tan...- pensé la palabra exacta, la que definiera su estado en aquellos amargos instantes - ¿Cómo decirlo?
- ¿Triste?
- No es exactamente eso, pero sí... Triste, apenado, impotente por no poder hacer nada con ninguna de las tantas personas como allí había.
- ¿Qué hicisteis después? Supongo que mirasteis cada uno de los rincones de aquella villa, ¿no?
- Así fue. Franky continuó mirando todos y cada uno de los cuerpos. Tomándoles el pulso. Y todos nosotros nos separamos, con nuestros rifles en mano, por los alrededores. Había bastante densidad de árboles, y era difícil ver bien entre los troncos. Quedamos en volver al pueblecito en media hora si no habíamos encontrado nada.
- ¿Viste algo raro entonces? - pedía averiguar Oliver con inquietud.
- Anduve muchísimo - dije mientras secaba mis últimas lágrimas con un pañuelo de papel arrugado por la angustia -. Vi hombres, mujeres, esparcidos por los suelos, algunos con múltiples heridas como de armas blancas, otros con golpes que habían abierto sus cabezas. ¿Habría algo más desagradable que todo eso? Ya lo creo que no. Un panorama realmente desolador que no debería ser visto, ni vivido, por nadie en el mundo. Pero fue, aproximadamente, a los veinte minutos de haber salido del pueblo que oí disparos a lo lejos, provenientes de la pequeña villa. Entonces, como el mejor atleta del mundo pero cargado con veinte quilos de armamento, corrí y corrí, sin parar, sorteando todos y cada uno de los troncos de los árboles. Tenía que ir saltado los cuerpos inertes de los pobres civiles. Seguía oyendo tiros en la distancia, y si el oído no me fallaba era un arma nuestra. Entonces grité por el walkie talkie que tenía aquí - dije señalando a mi hombro derecho - Recuerdo las palabras que dije exactamente: ¿Qué está ocurriendo? ¡Sargento Walter! ¿me recibe? Entonces contestaron casi a la vez Connor e Ian y me dijeron que se dirigían al lugar también.
- ¿No contestaron los demás? ¿Ni el sargento, ni el médico...?
- Ni tampoco Sebastian. Estaba llegando cuando oí, además de por el walky, en la distancia la voz del sargento decir ¡Hombre herido! Entonces cuando llegué... - volví a llorar desconsoladamente - estaba... -entrecortado, que no salían mis palabras continué - Sebastian agonizando de dolor. Tenía un tiro bastante grave en el cuello y no paraba de salir sangre. De rodillas, gritándole Walter que siguiera ahí, que debía ser fuerte. Te vas a recuperar, ya verás, recuerdo que le decía a la vez que sus ojos denotaban una expresión de tristeza descomunal. Llegué donde estaban ellos y solté el arma en el suelo e intenté entablar una conversación con el, aunque fue casi imposible porque no le salían las palabras, no paraba de expulsar sangre por su boca. Recuerdo que le preguntaba ¿quién te ha hecho esto? ¿Cómo era? y viendo que no podía hablar le hice preguntas para que contestara si o no con la cabeza pero solo me dio tiempo a preguntarle una antes de que falleciera.
- ¿Qué le preguntaste? - quería saber ya Oliver cómo acababa ese fatídico día y no veía el momento en que acabara.
- ¿Te ha hecho esto un terrorista?
- ¿Y qué contestó? - preguntó sorprendido -
- Negó con la cabeza. Así que imagínate qué se paso por mi cabeza en esos momentos. Sargento Walter, ¿dónde esta Franky? pregunté. Haciendo un giro de cabeza y señalando con sus ojos vidriosos contestó: ahí está su cuerpo. Uno de mis mejores hombres. Y rompió a llorar. Entonces llegaron Connor e Ian, llevándose sus manos a la cabeza y sorprendidos al ver a dos de sus compañeros tendidos en el suelo. Yo me acerqué al médico, a Franky, le habían cortado el brazo izquierdo y tenía los músculos como engarrotados. No tenía respiración alguna.
- ¡Joder! Lo siento, tuvo que ser bastante
duro. ¿Pero nunca se supo qué paso allí realmente? No sé - comentaba con extrañeza -. Es raro, ¿no?
- Sí que lo es. Llegué a pensar que podía haber sido uno de nosotros: Connor, Ian o Walter. Pero era imposible por la similitud de la muerte de Franky con muchas de las personas que allí había. Después de esto, transportamos los cuerpos de nuestros compañeros hasta el campamento base a varios kilómetros de allí...
- ¡Hola papá! - Se oyó una voz dulce de mujer tras el banco donde charlábamos sentados. Girámos Oliver y yo a la vez, era mi hija.
- ¡Buenos días, cariño! ¿Qué haces aquí? - Pregunté impresionado ya que ella vivía en Inglaterra.
- ¡Una sorpresa papá! ¿No te alegras de verme después de año y medio?
- ¡Cómo no iba a alegrarme hija mía! - Insinué con alegría - ¿Dónde están los niños?
- Ahí están en casa con mamá. ¿Vienes?
- Por supuesto, vamos. - Entonces me levanté con delicadeza, mis piernas estaban bastante oxidadas ya. Con ayuda de mi bastón conseguí ponerme en pie. - Oliver, tengo que terminar de contarte la historia mañana.
- ¡Por supuesto Sam! Lo esperaré con ganas... - respondió poniendo una pequeña sonrisa, dejando al descubierto sus dientes amarillentos producidos por el tabaco que había fumado toda su vida. - Adiós. Buen día.
- ¡Hasta mañana! - Contesté separando mi brazo del cuerpo para que mi hija pasara su brazo por él.
- Adios, buenos días - finalizó mi hija iniciando el lento paso hacia mi casa -.
- ¿Cuántos ibais en ese momento? - preguntó con curiosidad.
- Eramos...- conté con los dedos a la vez que recordaba los nombres de los miembros de mi grupo - seis personas contándome. Estaba Walter, Connor, Ian, - tuve que pensar un poco quién faltaba - Franky, Sebastian y yo.
- ¿Todos ibais en el helicóptero?
- ¡No, no! - dije alzando un poco la voz. - Connor era el piloto del helicóptero, si no recuerdo mal un OH-58A. Uno de tipo explorador. Y dentro estábamos Sebastian, Walter y yo. Yo iba en el lado del copiloto y observé a lo lejos con mis prismáticos -dije a la vez que señalaba hacia delante, como mirando un punto fijo en el horizonte - un coche del ejercito que estaba parado. Era lo normal porque observábamos, explorábamos, la zona con el fin de encontrar varios terroristas que había escondidos.
- Sí. - contestó como pidiendo más sobre aquel momento -.
- Entonces le ordené a Connor que fuera hacia ese lugar. Estaría a unos tres mil pies de distancia hacia el noroeste, si no me falla la memoria de viejo que tengo.
- ¿Qué había allí Sam? - preguntó a la vez que se acomodaba en el banco del parque -.
- Horror y sangre - pronuncié con lástima -. Llegamos al lugar pero estaba cubierto por árboles. Parecía como una especie de pueblo pequeño porque podía verse el ganado, no muy separado de allí, en terreno cercado. Entonces buscamos un sitio despejado, no demasiado retirado, y tomamos tierra. Recuerdo...- moví la cabeza como diciendo no - Recuerdo que cuando nos dirigíamos a ese lugar, Walter y Sebastian no paraban de hacer bromas. Yo, sin embargo, sentía que algo no iba bien allí y me temía lo peor. Andamos un poco y cuando estábamos llegando al coche del ejercito apareció Ian haciendo el saludo oficial. Entonces nos dijo que nos preparáramos, que no iba a hacer fácil olvidar lo que allí había. Y, desde luego, que no lo he olvidado jamás.
- No quiero ser pesado, pero... ¿Qué había allí Sam? - volvió a preguntar con un poco de mosqueo.
- Cientos de civiles muertos en el suelo. Mutilados, algunos ahorcados en los árboles. Recuerdo que - conté mientras mis ojos se iban encharcando - había una niña... No puedo contarlo - mis lagrimas y mi llanto salieron sin quererlo - es realmente desagradable.
- Bueno tranquilo - dijo consolándome mi amigo Oliver a la vez que daba pequeños golpecitos en la espalda con sus viejas y enfermas manos por el parkinson -. Yo tampoco quiero saber todos los detalles, ¿sabes?
- Había varias casas - dije cortando a Oliver como si no hubiera escuchado lo que me había dicho ya que estaba recordándolo con tanta exactitud que parecía que estuviera allí mismo - quemadas, pero además era bastante reciente porque el humo aún salía. Todo el suelo teñido de rojo. Un enorme reguero de sangre que iba a desembocar a un riachuelo cercano. No había sonido alguno.
- ¿Dónde estaba Franky? Porque hasta el momento no ha salido a escena. - curioseó mi amigo y compañero de historias.
- Salió al poco tiempo de una de las casas. Recuerdo que llegó con lágrimas en los ojos. No paraba de tocar a unos y a otros con la pequeña esperanza de encontrar a alguien con vida. Era uno de los mejores y más expertos miembros del cuerpo médico del ejercito de los Estados Unidos por aquellos momentos. Y nunca lo había visto tan...- pensé la palabra exacta, la que definiera su estado en aquellos amargos instantes - ¿Cómo decirlo?
- ¿Triste?
- No es exactamente eso, pero sí... Triste, apenado, impotente por no poder hacer nada con ninguna de las tantas personas como allí había.
- ¿Qué hicisteis después? Supongo que mirasteis cada uno de los rincones de aquella villa, ¿no?
- Así fue. Franky continuó mirando todos y cada uno de los cuerpos. Tomándoles el pulso. Y todos nosotros nos separamos, con nuestros rifles en mano, por los alrededores. Había bastante densidad de árboles, y era difícil ver bien entre los troncos. Quedamos en volver al pueblecito en media hora si no habíamos encontrado nada.
- ¿Viste algo raro entonces? - pedía averiguar Oliver con inquietud.
- Anduve muchísimo - dije mientras secaba mis últimas lágrimas con un pañuelo de papel arrugado por la angustia -. Vi hombres, mujeres, esparcidos por los suelos, algunos con múltiples heridas como de armas blancas, otros con golpes que habían abierto sus cabezas. ¿Habría algo más desagradable que todo eso? Ya lo creo que no. Un panorama realmente desolador que no debería ser visto, ni vivido, por nadie en el mundo. Pero fue, aproximadamente, a los veinte minutos de haber salido del pueblo que oí disparos a lo lejos, provenientes de la pequeña villa. Entonces, como el mejor atleta del mundo pero cargado con veinte quilos de armamento, corrí y corrí, sin parar, sorteando todos y cada uno de los troncos de los árboles. Tenía que ir saltado los cuerpos inertes de los pobres civiles. Seguía oyendo tiros en la distancia, y si el oído no me fallaba era un arma nuestra. Entonces grité por el walkie talkie que tenía aquí - dije señalando a mi hombro derecho - Recuerdo las palabras que dije exactamente: ¿Qué está ocurriendo? ¡Sargento Walter! ¿me recibe? Entonces contestaron casi a la vez Connor e Ian y me dijeron que se dirigían al lugar también.
- ¿No contestaron los demás? ¿Ni el sargento, ni el médico...?
- Ni tampoco Sebastian. Estaba llegando cuando oí, además de por el walky, en la distancia la voz del sargento decir ¡Hombre herido! Entonces cuando llegué... - volví a llorar desconsoladamente - estaba... -entrecortado, que no salían mis palabras continué - Sebastian agonizando de dolor. Tenía un tiro bastante grave en el cuello y no paraba de salir sangre. De rodillas, gritándole Walter que siguiera ahí, que debía ser fuerte. Te vas a recuperar, ya verás, recuerdo que le decía a la vez que sus ojos denotaban una expresión de tristeza descomunal. Llegué donde estaban ellos y solté el arma en el suelo e intenté entablar una conversación con el, aunque fue casi imposible porque no le salían las palabras, no paraba de expulsar sangre por su boca. Recuerdo que le preguntaba ¿quién te ha hecho esto? ¿Cómo era? y viendo que no podía hablar le hice preguntas para que contestara si o no con la cabeza pero solo me dio tiempo a preguntarle una antes de que falleciera.
- ¿Qué le preguntaste? - quería saber ya Oliver cómo acababa ese fatídico día y no veía el momento en que acabara.
- ¿Te ha hecho esto un terrorista?
- ¿Y qué contestó? - preguntó sorprendido -
- Negó con la cabeza. Así que imagínate qué se paso por mi cabeza en esos momentos. Sargento Walter, ¿dónde esta Franky? pregunté. Haciendo un giro de cabeza y señalando con sus ojos vidriosos contestó: ahí está su cuerpo. Uno de mis mejores hombres. Y rompió a llorar. Entonces llegaron Connor e Ian, llevándose sus manos a la cabeza y sorprendidos al ver a dos de sus compañeros tendidos en el suelo. Yo me acerqué al médico, a Franky, le habían cortado el brazo izquierdo y tenía los músculos como engarrotados. No tenía respiración alguna.
- ¡Joder! Lo siento, tuvo que ser bastante
duro. ¿Pero nunca se supo qué paso allí realmente? No sé - comentaba con extrañeza -. Es raro, ¿no?
- Sí que lo es. Llegué a pensar que podía haber sido uno de nosotros: Connor, Ian o Walter. Pero era imposible por la similitud de la muerte de Franky con muchas de las personas que allí había. Después de esto, transportamos los cuerpos de nuestros compañeros hasta el campamento base a varios kilómetros de allí...
- ¡Hola papá! - Se oyó una voz dulce de mujer tras el banco donde charlábamos sentados. Girámos Oliver y yo a la vez, era mi hija.
- ¡Buenos días, cariño! ¿Qué haces aquí? - Pregunté impresionado ya que ella vivía en Inglaterra.
- ¡Una sorpresa papá! ¿No te alegras de verme después de año y medio?
- ¡Cómo no iba a alegrarme hija mía! - Insinué con alegría - ¿Dónde están los niños?
- Ahí están en casa con mamá. ¿Vienes?
- Por supuesto, vamos. - Entonces me levanté con delicadeza, mis piernas estaban bastante oxidadas ya. Con ayuda de mi bastón conseguí ponerme en pie. - Oliver, tengo que terminar de contarte la historia mañana.
- ¡Por supuesto Sam! Lo esperaré con ganas... - respondió poniendo una pequeña sonrisa, dejando al descubierto sus dientes amarillentos producidos por el tabaco que había fumado toda su vida. - Adiós. Buen día.
- ¡Hasta mañana! - Contesté separando mi brazo del cuerpo para que mi hija pasara su brazo por él.
- Adios, buenos días - finalizó mi hija iniciando el lento paso hacia mi casa -.
lunes, 31 de octubre de 2011
Una noche que recordar
Luces, flashes, el retumbar de los bafles de la discoteca, unido a un ambiente algo acalorado, hacían que la gente disfrutara rozando sus cuerpos como si de una orgía descomunal de quinientas personas se estuviera llevando a cabo. El alcohol ya corría por sus venas dando la sensación a cada uno de ellos de libertad y a pesar de haber reducido su campo visual casi a la mitad podían ver como los demás copiaban sus movimientos descontrolados, sin ritmo aparente. Ingerían drogas en cantidades tan ingentes que sus cuerpos pedían a gritos que pararan, pero el sonido no les dejaban que les oyeran. Colas incesantes en el baño, había gratis rayas de cocaína. En uno de los baños, el gemir de una mujer, que se montaba un trío con dos chicos mucho más jóvenes que ella, hacía que los presentes llegaran a tocar sus miembros viriles. Fuera, una ambulancia recogía una chica que tenía una tasa en sangre de alcohol tan alta que no pudieron calcularla. Coma etílico antes de que su corazón dejara de latir para siempre. Dentro, nadie se percataba de ello.
Paremos el tiempo diez segundos... 10
Se ve que hay 9 una botella levitando 8 en el aire y un 7 joven con el brazo 6 como de haberla 5 lanzado segundos antes. 3 Se dirige hacia otro chico 2. Intentaré apartarlo para 1 que no le de.
El crash del cristal al caer sobre la cabeza del chico alertó a los que estaban alrededor, pero tenían tal ciego que no sabían por dónde estaba el peligro. No me dio tiempo a quitar al chaval para que no le golpeara. Su cabeza no dejaba de expulsar sangre. Al percatarse de eso sus amigos, sacaron sus navajas. La música seguía puesta, la oscuridad desaparecía por breves instantes entrecortada por los flashes. Entonces el que lanzó la botella vio venir sus últimos segundos de vida. Una puñalada en el pecho acabó con su vida. Gritos, saltos. La gente salia corriendo por la única puerta de emergencia que había, gente pisoteada... Todos salieron, menos la chica que fue violada en el baño por los dos chicos que se oían.
Paremos el tiempo diez segundos... 10
Reflexionemos ... 9... 8 ... No dejemos que 7 haya estas noches... 6 ... 5 ... Yo no quiero vivir esta noche 4... 3 ... Conciencias ... 2... 1...Cambiemos.
Paremos el tiempo diez segundos... 10
Se ve que hay 9 una botella levitando 8 en el aire y un 7 joven con el brazo 6 como de haberla 5 lanzado segundos antes. 3 Se dirige hacia otro chico 2. Intentaré apartarlo para 1 que no le de.
El crash del cristal al caer sobre la cabeza del chico alertó a los que estaban alrededor, pero tenían tal ciego que no sabían por dónde estaba el peligro. No me dio tiempo a quitar al chaval para que no le golpeara. Su cabeza no dejaba de expulsar sangre. Al percatarse de eso sus amigos, sacaron sus navajas. La música seguía puesta, la oscuridad desaparecía por breves instantes entrecortada por los flashes. Entonces el que lanzó la botella vio venir sus últimos segundos de vida. Una puñalada en el pecho acabó con su vida. Gritos, saltos. La gente salia corriendo por la única puerta de emergencia que había, gente pisoteada... Todos salieron, menos la chica que fue violada en el baño por los dos chicos que se oían.
Paremos el tiempo diez segundos... 10
Reflexionemos ... 9... 8 ... No dejemos que 7 haya estas noches... 6 ... 5 ... Yo no quiero vivir esta noche 4... 3 ... Conciencias ... 2... 1...Cambiemos.
domingo, 30 de octubre de 2011
El encuentro
Coloreé el sol de un amarillo intenso para que brillara esa tarde que llegaba. Observé unas nubes a lo lejos y las borré con tanta fuerza que tuve que volver a pintar el cielo de azul un poco. Quería que esa tarde fuera perfecta. Ella se merecía lo mejor.
Ahora tenía que decidir con qué perfume alimentar mi cuello. Quizás quiera dormir sobre mi pecho en algún momento. Me gustaría que recordara mi olor y mi ritmo cardíaco. Aunque creo que se moverá con un ritmo bastante acelerado a lo que está acostumbrado. Aún así disfrutará como una bebé intenta conciliar el sueño a los brazos de su padre.
Elegí mi mejor camiseta, la que más favorecía mi cara. Es más, ya me dijo ella en varias ocasiones que me quedaba genial y que le encantaba. Entonces siempre me sacaba una sonrisa, hasta me ruboricé en alguna ocasión.
Con ganas me dispuse a marcharme a donde habíamos quedado. Llevaba un paso tan alegre que parecía que bailaba. Y allí estaba, esperándome sentada en el banco del parque. Con sus bellos ojos perdidos en el firmamento pensando, quizás, en algo interesante. Queríamos pasear juntos esa tarde y compartir un momento más. Y así lo hicimos.
Como si me hubiera oído susurrarle en la distancia un te quiero, giró su cabeza dibujando una sonrisa que parecía camuflarse en la belleza del rosal que había junto a ella. Entonces se levantó y, como siempre, me abrazó. Y una vez más volvía a sentir algo que me fluía desde el pecho hasta mi cara haciendo que esta ruborizara un poco.
Juntos paseamos, compartiendo una historia más, haciendo que las horas fueran minutos que pasaban tan rápido que no teníamos constancia de su velocidad. Yo, con mi ingenio, puse la letra y ella, con su felicidad, puso la melodía y creamos, sin quererlo, la mejor canción de los últimos años.
Culminamos la tarde con eso que aún no había llegado. Eso que llaman, el beso. Pero no fue un beso cualquiera, fue el beso. Único. Como si del último se tratara compartimos a través del beso ese sentimiento mutuo que guardábamos en secreto. Yo se lo mostré con caricias haciendo ver lo que había escondido, lo que guardaba ahí tan adentro que le costaba salir, que parecía estar tímido.
Y como si unas cadenas nos ataran mutuamente, no pudimos separarnos. Nuestras almas querían compartir un ratito más, pero debíamos marchar. Y tuvimos que conformarnos con un último beso y un te quiero mucho cantado con amor.
Ahora tenía que decidir con qué perfume alimentar mi cuello. Quizás quiera dormir sobre mi pecho en algún momento. Me gustaría que recordara mi olor y mi ritmo cardíaco. Aunque creo que se moverá con un ritmo bastante acelerado a lo que está acostumbrado. Aún así disfrutará como una bebé intenta conciliar el sueño a los brazos de su padre.
Elegí mi mejor camiseta, la que más favorecía mi cara. Es más, ya me dijo ella en varias ocasiones que me quedaba genial y que le encantaba. Entonces siempre me sacaba una sonrisa, hasta me ruboricé en alguna ocasión.
Con ganas me dispuse a marcharme a donde habíamos quedado. Llevaba un paso tan alegre que parecía que bailaba. Y allí estaba, esperándome sentada en el banco del parque. Con sus bellos ojos perdidos en el firmamento pensando, quizás, en algo interesante. Queríamos pasear juntos esa tarde y compartir un momento más. Y así lo hicimos.
Como si me hubiera oído susurrarle en la distancia un te quiero, giró su cabeza dibujando una sonrisa que parecía camuflarse en la belleza del rosal que había junto a ella. Entonces se levantó y, como siempre, me abrazó. Y una vez más volvía a sentir algo que me fluía desde el pecho hasta mi cara haciendo que esta ruborizara un poco.
Juntos paseamos, compartiendo una historia más, haciendo que las horas fueran minutos que pasaban tan rápido que no teníamos constancia de su velocidad. Yo, con mi ingenio, puse la letra y ella, con su felicidad, puso la melodía y creamos, sin quererlo, la mejor canción de los últimos años.
Culminamos la tarde con eso que aún no había llegado. Eso que llaman, el beso. Pero no fue un beso cualquiera, fue el beso. Único. Como si del último se tratara compartimos a través del beso ese sentimiento mutuo que guardábamos en secreto. Yo se lo mostré con caricias haciendo ver lo que había escondido, lo que guardaba ahí tan adentro que le costaba salir, que parecía estar tímido.
Y como si unas cadenas nos ataran mutuamente, no pudimos separarnos. Nuestras almas querían compartir un ratito más, pero debíamos marchar. Y tuvimos que conformarnos con un último beso y un te quiero mucho cantado con amor.
Como Morla Vetusta Mola =)
Con una buena canción y un buen compañero de andanzas se puede ser feliz. Yo, al menos, puedo serlo.
Gracias Vetusta Morla y gracias amig@s por acompañarme la pasada noche en ese maravilloso concierto.
Gracias Vetusta Morla y gracias amig@s por acompañarme la pasada noche en ese maravilloso concierto.
miércoles, 26 de octubre de 2011
El ojo como espejo del alma
Ojos. Ojos que miran pero no ven. Ojos que lloran, ojos que ríen. Ojos caracterizados por lentillas. Ojos negros, ojos blancos. Ojos dormidos, ojos con sueño y ojos de ensueño. Ojos con gafas, ojos al desnudo. Ojos que parpadean para creerse lo que ven y ojos que no se molestan en hacerlo porque son demasiado inocentes. Ojos. Ojos trasparentes, ojos verdaderos. Ojos que no mienten y ojos que te engañan. Ojos que transmiten confianza y ojos que terminan confiando. El ojo de la verdad.
Ojos enormes, ojos casi pequeños. Ojos azules, ojos marrones, ojos de colores. Ojos que miran con cuidado, ojos observadores. Ojos que fulminan con la mirada. Ojos de gato, ojos de tigre, ojos de animal salvaje. Ojos con pena que necesitan un trasplante por ojos alegres y frescos. Ojos cariñosos. ¡Ojo, ojos! Ojos que fijan un punto, ojos que miran al infinito. Ojos terrestres. ¿Ojos extraterrestres? Ojala que existan esos ojos. Ojos que tienen polvo. Ojos limpios por lágrimas saladas. Ojos de mentira.
Ojos que ven el tiempo pasar. Ojos que viven solos. Ojos con rimas. Ojos con rímel. Ojos con cataratas. Cataratas de lágrimas de ojos con esperanza. Ojos que viven. Ojos. Ojos con visión nocturna. Ojos ciegos que ven pero no se dan cuenta y, por desgracia, ciegos sin ojos que quisieran tener, al menos, un ojo con el que echar un ojo. Ojos que irradian como el sol. Ojos que reflejan, que son el espejo del alma. Miradas cruzadas por ojos inigualables. Ojos chinos, ojos característicos.
Ojos que leen, ojos que escriben la biografía de su ser. Ojos que descubren cosas desconocidas. Ojos victoriosos y ojos derrotados. Ojos dibujados por ojos creativos. Ojo al dato: ojos que recalcan. Manos que tapan ojos con delicadeza. Ojos inolvidables, a veces demasiados recordados. Ojos lejanos que quisieras que estén cerca para besarlos. Ojos de luna. Ojos de cielo. El ojo del universo. Universo de ojos, todos diferentes, pero todos con una misma función... recordar.
Ojos enormes, ojos casi pequeños. Ojos azules, ojos marrones, ojos de colores. Ojos que miran con cuidado, ojos observadores. Ojos que fulminan con la mirada. Ojos de gato, ojos de tigre, ojos de animal salvaje. Ojos con pena que necesitan un trasplante por ojos alegres y frescos. Ojos cariñosos. ¡Ojo, ojos! Ojos que fijan un punto, ojos que miran al infinito. Ojos terrestres. ¿Ojos extraterrestres? Ojala que existan esos ojos. Ojos que tienen polvo. Ojos limpios por lágrimas saladas. Ojos de mentira.
Ojos que leen, ojos que escriben la biografía de su ser. Ojos que descubren cosas desconocidas. Ojos victoriosos y ojos derrotados. Ojos dibujados por ojos creativos. Ojo al dato: ojos que recalcan. Manos que tapan ojos con delicadeza. Ojos inolvidables, a veces demasiados recordados. Ojos lejanos que quisieras que estén cerca para besarlos. Ojos de luna. Ojos de cielo. El ojo del universo. Universo de ojos, todos diferentes, pero todos con una misma función... recordar.
domingo, 23 de octubre de 2011
Hoy quiero de postre, tarta de manzana.
Aún no había desayunado ni siquiera, sin embargo, ya estaba pensando en el postre de la comida del medio día. Hacía unos quince minutos que me había levantado. El tiempo justo de enjuagarme las legañas de los ojos y de hacer la cama. El café terminaba de hacerse y yo untaba la margarina a las tostadas recién hechas, con tanta hambre que mordisqueé un trocito de una de ellas. Esa mañana, me levante con un antojo de embarazada. Quería como postre, tarta de manzana.
Mientras desayunaba, sentada en la mesa del balcón y con el sol asomando con timidez por el horizonte, pensaba que, en realidad, tenía todos los ingredientes y podría hacerlo. Tenía nata, levadura, huevos, harina... pero me faltaba lo fundamental, la manzana. Claro..., podría bajar y comprarlo en el supermercado, como cualquier persona inteligente. Yo, tan especial, me dio el segundo antojo del día, ir a recoger una manzana al bosque que había a unos kilómetros de la ciudad.
Abrochando los botones de la rebeca para no pasar frío, ya que no quería ponerme enferma ahora con el niño en camino, me dirigía al coche que tenía aparcado en mi plaza de garaje número 3. Levanté el mando del coche para abrirlo y el bip bip que se oyó, rompió el silencio que recorría despacio la primera planta del garaje. Me subí, abroché con tino para no apretar demasiado mi barriga y arranqué. Antes de salir, por supuesto, puse el disco nuevo de Amaral que me regalaron por mi cumpleaños hace unos meses.
Quedaban unos dos kilómetros para llegar. Mientras, silbaba una de las canciones a la vez que pensaba dónde dejar el coche cuando llegara. Desde allí, no tendría que andar mucho hasta la plantación de manzanas. Era una finca privada, en realidad, pero estaba abierta a todo el mundo. El ansia por llegar, coger la manzana, y volver a casa aumentaba con el paso del tiempo. Pero aún así era prudente por esa carretera que no frecuentaba demasiado.
Con cuidado al pisar el suelo ya que tenía gran cantidad de piedras un poco resbaladizas, ya veía al fondo los manzanos repletos de ese fruto verde tan perfecto, y tan exquisito, y más si está encima de una tarta. Reí sola al pensarlo y entonces parece ser que un hombre que había por allí cerca me escuchó. Era muy guapo, parecía tener alrededor de los treinta años, y se estaba acercando a mí. Como si no lo hubiera visto, seguí andando hacia el manzano, entonces me llamó. Me habló y no me lo esperaba. Al principio me asusté un poco, no sé, estaba sola y me preocupe más de lo que debería ya que lo único que quería ese hombre era charlar un poco.
Después de unos minutos, debíais haberme visto. Estaba charlando con un desconocido y con la manzana más perfecta que encontré, porque era la que quería, en mi mano. Le conté que estaba embaraza de cinco meses, pero soltera. Le expliqué que tuve un novio durante siete años y que decidimos formar una familia, de empezar una vida nueva. Ya dejamos de ser jóvenes, teníamos trabajo y era hora de poner alegría y cambio a la casa. Pero, por suerte, descubrí a tiempo que me engañaba. Me engañaba con otra mujer y lo venía haciendo durante muchos años. Le comenté que lo pasé tan mal que decidí abortar, no traer a este niño al mundo , dije mientras acariciaba la barriga, ya que no se merecía ese hombre tan cruel ni siquiera tener descendencia. Pero pensé en su momento que también tenía derecho el niño a nacer y yo a tenerlo, y así se lo conté, junto con muchísimas cosas más. Él me relató su vida y así pasamos unas horas bastantes agradables.
De vuelta a casa traía la radio apagada. Pensaba. Recordé qué había pasado el bosque. Hubo una atracción, una complicidad, estuve bien y hacía tiempo que no sentía algo así. Miré por el espejo retrovisor viendo que me seguía con su coche. Le invité a comer y a probar esa dichosa tarta que se me antojó esta mañana. Entonces comprendí que ese antojo de embarazo había hecho que lo conociera, que el destino me dio la posibilidad de cruzarme con él. Quizás fue mi pequeño que quería un padre que le educara y que me quisiera. Entonces algo me decía que no debía dejarlo escapar.
Y así fue, comimos juntos ese día, seguimos conociéndonos. Cada día que pasaba queríamos vernos más hasta el punto en que decidió venir a vivir conmigo. Tuve mi bebé y, como si del suyo se tratara, lo acogió y lo educó durante todos los años hasta el día de hoy.
Hoy es el tercer cumpleaños de Julio y para celebrarlo, un año más, una gran tarta de manzana.
Mientras desayunaba, sentada en la mesa del balcón y con el sol asomando con timidez por el horizonte, pensaba que, en realidad, tenía todos los ingredientes y podría hacerlo. Tenía nata, levadura, huevos, harina... pero me faltaba lo fundamental, la manzana. Claro..., podría bajar y comprarlo en el supermercado, como cualquier persona inteligente. Yo, tan especial, me dio el segundo antojo del día, ir a recoger una manzana al bosque que había a unos kilómetros de la ciudad.
Abrochando los botones de la rebeca para no pasar frío, ya que no quería ponerme enferma ahora con el niño en camino, me dirigía al coche que tenía aparcado en mi plaza de garaje número 3. Levanté el mando del coche para abrirlo y el bip bip que se oyó, rompió el silencio que recorría despacio la primera planta del garaje. Me subí, abroché con tino para no apretar demasiado mi barriga y arranqué. Antes de salir, por supuesto, puse el disco nuevo de Amaral que me regalaron por mi cumpleaños hace unos meses.
Quedaban unos dos kilómetros para llegar. Mientras, silbaba una de las canciones a la vez que pensaba dónde dejar el coche cuando llegara. Desde allí, no tendría que andar mucho hasta la plantación de manzanas. Era una finca privada, en realidad, pero estaba abierta a todo el mundo. El ansia por llegar, coger la manzana, y volver a casa aumentaba con el paso del tiempo. Pero aún así era prudente por esa carretera que no frecuentaba demasiado.
Con cuidado al pisar el suelo ya que tenía gran cantidad de piedras un poco resbaladizas, ya veía al fondo los manzanos repletos de ese fruto verde tan perfecto, y tan exquisito, y más si está encima de una tarta. Reí sola al pensarlo y entonces parece ser que un hombre que había por allí cerca me escuchó. Era muy guapo, parecía tener alrededor de los treinta años, y se estaba acercando a mí. Como si no lo hubiera visto, seguí andando hacia el manzano, entonces me llamó. Me habló y no me lo esperaba. Al principio me asusté un poco, no sé, estaba sola y me preocupe más de lo que debería ya que lo único que quería ese hombre era charlar un poco.
Después de unos minutos, debíais haberme visto. Estaba charlando con un desconocido y con la manzana más perfecta que encontré, porque era la que quería, en mi mano. Le conté que estaba embaraza de cinco meses, pero soltera. Le expliqué que tuve un novio durante siete años y que decidimos formar una familia, de empezar una vida nueva. Ya dejamos de ser jóvenes, teníamos trabajo y era hora de poner alegría y cambio a la casa. Pero, por suerte, descubrí a tiempo que me engañaba. Me engañaba con otra mujer y lo venía haciendo durante muchos años. Le comenté que lo pasé tan mal que decidí abortar, no traer a este niño al mundo , dije mientras acariciaba la barriga, ya que no se merecía ese hombre tan cruel ni siquiera tener descendencia. Pero pensé en su momento que también tenía derecho el niño a nacer y yo a tenerlo, y así se lo conté, junto con muchísimas cosas más. Él me relató su vida y así pasamos unas horas bastantes agradables.
De vuelta a casa traía la radio apagada. Pensaba. Recordé qué había pasado el bosque. Hubo una atracción, una complicidad, estuve bien y hacía tiempo que no sentía algo así. Miré por el espejo retrovisor viendo que me seguía con su coche. Le invité a comer y a probar esa dichosa tarta que se me antojó esta mañana. Entonces comprendí que ese antojo de embarazo había hecho que lo conociera, que el destino me dio la posibilidad de cruzarme con él. Quizás fue mi pequeño que quería un padre que le educara y que me quisiera. Entonces algo me decía que no debía dejarlo escapar.
Y así fue, comimos juntos ese día, seguimos conociéndonos. Cada día que pasaba queríamos vernos más hasta el punto en que decidió venir a vivir conmigo. Tuve mi bebé y, como si del suyo se tratara, lo acogió y lo educó durante todos los años hasta el día de hoy.
Hoy es el tercer cumpleaños de Julio y para celebrarlo, un año más, una gran tarta de manzana.
viernes, 21 de octubre de 2011
La Tortuga Sonriente
Beatriz, sinónimo de felicidad.
Una madre, con tanta alegría por traer al mundo otro hijo más, llegaba al hospital acompañaba por su marido que tuvo que dejar a medias una lección sobre matrices en un instituto de secundaria de Sevilla. Ya tenía experiencia con el parto y no estaba preocupada. Llegó con dolorosas contracciones y ya había preparado un quirófano para ese nacimiento tan esperado.
Unas horas mas tarde, un pequeño grito silencioso junto con un último empujón, dio lugar a la salida de forma satisfactoria a una pequeña bebé, hermosa. Tenía tantas ganas de cogerla, palparla, sentir esa conexión que sólo una madre puede experimentar, que tuvo que pedir al médico que se la diera de inmediato. Había recuperado fuerzas tan rápido que parecía no haber estado de parto. La pequeña, acostumbrada a vivir con oscuridad durante casi nueve meses, le extraña ver tanta claridad ese día. Es más, al alzar la vista para ver quién la cogía con tanto amor, fue cuando supo que ella era su mamá, la que la había alimentando y cuidado durante todo este tiempo. Su madre no podía borrar la sonrisa producida por la felicidad tan plena que sentía en esos momentos, que la pequeña copió eso desde entonces. Unos segundos después escuchó una voz que recordaba de haber oído durante mucho tiempo. Era un hombre que le regaló un beso nada más verla, a ella y a su mamá. Entonces comprendió que ese hombre debía ser su papá.
La llamaron Beatriz, sinónimo de alegría.
Creció con sus hermanos, con su familia, con sus amigos. Fue feliz, aprendió los valores fundamentales de la vida, el valor, el respeto... Aprendió sobre una familia fuerte y unida, sobre un padre ejemplar que le animó a amar las matemáticas. Tuvo momentos buenos, momentos malos, pero nunca olvidó esa sonrisa que le regaló su madre el día que nació. Hasta el día de hoy la ha regalado a todos y cada una de las personas que ha conocido, y yo, gracias a Dios o al destino, me la crucé por casualidad. Ahora tiene 24 años y tengo la fortuna de compartir con ella bastantes horas de clase y estudio en la facultad. Y es ahora por lo que veo la vida con otros ojos, con más felicidad. No sé, es como si me hubiera transmitido esa sonrisa, esa manera tan increíble de ser. Y ahora voy regalando la mía a todos los que yo me voy cruzando, no tan bien como ella, pero con empeño por hacerlo lo mejor posible.
Por eso, estas palabras van para ella, para Beatriz. Es como un llamamiento a que nunca lo deje, a que no permita que nada le borre la sonrisa, a que nada termine con esa maravillosa virtud que le enseñó su madre. No es nada fácil encontrar gente así, lo sé y es más, me siento afortunado, pero por eso también hago otro llamamiento a todos los demás, para que pongan de su parte para transmitir su felicidad y ese buen rollo que tenemos cada uno, para que sea mucho más fácil encontrar gente como ella.
Para tí Beatriz, sinónimo de bienestar.
Gracias.
Una madre, con tanta alegría por traer al mundo otro hijo más, llegaba al hospital acompañaba por su marido que tuvo que dejar a medias una lección sobre matrices en un instituto de secundaria de Sevilla. Ya tenía experiencia con el parto y no estaba preocupada. Llegó con dolorosas contracciones y ya había preparado un quirófano para ese nacimiento tan esperado.
Unas horas mas tarde, un pequeño grito silencioso junto con un último empujón, dio lugar a la salida de forma satisfactoria a una pequeña bebé, hermosa. Tenía tantas ganas de cogerla, palparla, sentir esa conexión que sólo una madre puede experimentar, que tuvo que pedir al médico que se la diera de inmediato. Había recuperado fuerzas tan rápido que parecía no haber estado de parto. La pequeña, acostumbrada a vivir con oscuridad durante casi nueve meses, le extraña ver tanta claridad ese día. Es más, al alzar la vista para ver quién la cogía con tanto amor, fue cuando supo que ella era su mamá, la que la había alimentando y cuidado durante todo este tiempo. Su madre no podía borrar la sonrisa producida por la felicidad tan plena que sentía en esos momentos, que la pequeña copió eso desde entonces. Unos segundos después escuchó una voz que recordaba de haber oído durante mucho tiempo. Era un hombre que le regaló un beso nada más verla, a ella y a su mamá. Entonces comprendió que ese hombre debía ser su papá.
La llamaron Beatriz, sinónimo de alegría.
Creció con sus hermanos, con su familia, con sus amigos. Fue feliz, aprendió los valores fundamentales de la vida, el valor, el respeto... Aprendió sobre una familia fuerte y unida, sobre un padre ejemplar que le animó a amar las matemáticas. Tuvo momentos buenos, momentos malos, pero nunca olvidó esa sonrisa que le regaló su madre el día que nació. Hasta el día de hoy la ha regalado a todos y cada una de las personas que ha conocido, y yo, gracias a Dios o al destino, me la crucé por casualidad. Ahora tiene 24 años y tengo la fortuna de compartir con ella bastantes horas de clase y estudio en la facultad. Y es ahora por lo que veo la vida con otros ojos, con más felicidad. No sé, es como si me hubiera transmitido esa sonrisa, esa manera tan increíble de ser. Y ahora voy regalando la mía a todos los que yo me voy cruzando, no tan bien como ella, pero con empeño por hacerlo lo mejor posible.
Por eso, estas palabras van para ella, para Beatriz. Es como un llamamiento a que nunca lo deje, a que no permita que nada le borre la sonrisa, a que nada termine con esa maravillosa virtud que le enseñó su madre. No es nada fácil encontrar gente así, lo sé y es más, me siento afortunado, pero por eso también hago otro llamamiento a todos los demás, para que pongan de su parte para transmitir su felicidad y ese buen rollo que tenemos cada uno, para que sea mucho más fácil encontrar gente como ella.
Para tí Beatriz, sinónimo de bienestar.
Gracias.
jueves, 20 de octubre de 2011
Breves sucesos de un eterno caminar. Capítulo (3)
Después de poco tiempo sin andar, ya había olvidado cómo se hacía. De hecho, me di cuenta cuando vi que en realidad estaba caminando hacia atrás. Tan poco tardé en percatarme, que ya estaba donde comencé mis andanzas hace unos días. ¡Adiós! dije a un hombre que despedí la otra tarde.
Parecía que había llovido nada ya que el suelo estaba repleto de agua. Mis pisadas ni se marcaban de lo seco que estaba todo y mis botas tenían muchísimo barro. Cruzaba un puente de madera, tan gastada, que sólo quedaban las cuerdas que unían las maderas unas con otras. Iba mirando al suelo y encontré, de casualidad, un anillo que estaba enterrado a un metro bajo tierra. Por suerte había una pala allí al lado. Era precioso, con una especie de piedra preciosa tan grande que apenas se veía. De hecho, no se notaba. No tenía nada de dinero, por eso podían darme algo por él, y así compraría unos billetes de tren caducados para poder viajar la semana pasada a algún sitio inexistente donde encontrar mi casa.
Encontré la tienda donde me darían una fortuna por el anillo por eso se lo di a un chico que estaba en la calle jugando con un globo pinchado. A cambio, él me vendió unas monedas. A un par de manzanas y un plátano de allí, encontré la única cabina telefónica que quedaba inoperativa. Llamé para comprar el billete con el dinero que me había vendido el chico, pero lo introduje sin darme cuenta para hacer la llamada y tuve que pagar con tarjeta. Para colmo, perdí el dinero porque la cabina estaba rota y la tarjeta tenía los números cambiados de orden así que no pude realizar la compra con éxito. Fracaso una vez menos.
Decepcionado, me fui tan rápido que todavía estaba dentro de la cabina. En esos momentos, la chica más guapa del mundo pasó detrás de mí pero el cartel de publicidad era tan pequeño que ni la vi. Salí despacio para tropezar y la joven rió al verme caer. Inmediatamente después, unos dos minutos más tarde, me ayudó a levantarme. Caminamos juntos toda la semana y decidimos ser compañeros de viaje. La chica tenía deficiencias en uno de sus oídos, por eso llevaba un aparatito que no le permitía oír nada. No fue demasiado difícil hablar con ella. He de reconocer que estaba hecho para caminar con alguien, por eso decidí seguir mis andanzas en solitario, como siempre.
Se hacía de noche y las farolas aún estaban encendidas. Eso me permitió poder encontrar un hostal en construcción donde descansar. Me regalaron pasar la noche y en la mejor habitación. Sólo debía pagar el desayuno de la mañana siguiente en el bar de enfrente. Tomé un buen baño caliente en el plato de ducha antes de irme a la cama. Unos minutos antes, ya estaba durmiendo...
Parecía que había llovido nada ya que el suelo estaba repleto de agua. Mis pisadas ni se marcaban de lo seco que estaba todo y mis botas tenían muchísimo barro. Cruzaba un puente de madera, tan gastada, que sólo quedaban las cuerdas que unían las maderas unas con otras. Iba mirando al suelo y encontré, de casualidad, un anillo que estaba enterrado a un metro bajo tierra. Por suerte había una pala allí al lado. Era precioso, con una especie de piedra preciosa tan grande que apenas se veía. De hecho, no se notaba. No tenía nada de dinero, por eso podían darme algo por él, y así compraría unos billetes de tren caducados para poder viajar la semana pasada a algún sitio inexistente donde encontrar mi casa.
Encontré la tienda donde me darían una fortuna por el anillo por eso se lo di a un chico que estaba en la calle jugando con un globo pinchado. A cambio, él me vendió unas monedas. A un par de manzanas y un plátano de allí, encontré la única cabina telefónica que quedaba inoperativa. Llamé para comprar el billete con el dinero que me había vendido el chico, pero lo introduje sin darme cuenta para hacer la llamada y tuve que pagar con tarjeta. Para colmo, perdí el dinero porque la cabina estaba rota y la tarjeta tenía los números cambiados de orden así que no pude realizar la compra con éxito. Fracaso una vez menos.
Decepcionado, me fui tan rápido que todavía estaba dentro de la cabina. En esos momentos, la chica más guapa del mundo pasó detrás de mí pero el cartel de publicidad era tan pequeño que ni la vi. Salí despacio para tropezar y la joven rió al verme caer. Inmediatamente después, unos dos minutos más tarde, me ayudó a levantarme. Caminamos juntos toda la semana y decidimos ser compañeros de viaje. La chica tenía deficiencias en uno de sus oídos, por eso llevaba un aparatito que no le permitía oír nada. No fue demasiado difícil hablar con ella. He de reconocer que estaba hecho para caminar con alguien, por eso decidí seguir mis andanzas en solitario, como siempre.
Se hacía de noche y las farolas aún estaban encendidas. Eso me permitió poder encontrar un hostal en construcción donde descansar. Me regalaron pasar la noche y en la mejor habitación. Sólo debía pagar el desayuno de la mañana siguiente en el bar de enfrente. Tomé un buen baño caliente en el plato de ducha antes de irme a la cama. Unos minutos antes, ya estaba durmiendo...
miércoles, 19 de octubre de 2011
¿Has sonreído hoy?
Sonríele siempre a la vida
Sonríe todos y cada uno de los días de tu vida.
Merece la pena ser feliz.
=)
Historia de una escalera de palabras
Buscaba
algo original
que poder escribir.
Se me ha ocurrido
escribir cada vez una palabra más.
Sé que me he saltado la quinta
por eso la pongo aquí.
Parece un juego de palabras un poco extraño
pero es curioso ya que ellas solas encajan perfectamente.
Parece natural pensar que para terminar esta escalera de palabras
tengamos que ir restando una palabra en cada renglón
y así es como lo vamos a hacer.
Encuentra mapas de palabras desconocidos como este.
Disfruta descubriendo el camino que esconde
porque las frases cuentan historias,
pero no todas igual.
Aquí es diferente.
Por eso,
disfrútala.
martes, 18 de octubre de 2011
El caso cobaya (1)
Menudo escalofrío acababa de tener a pesar de llevar bastante ropa de abrigo puesta y junto con la calefacción de casa. Tomé un buche de agua y en ese momento, me tembló tanto el cuerpo que se cayó la botella de agua que tenía en las manos. Varios de los folios que tenía esparcidos sobre la mesa se mojaron. Yo golpeé la mesa, con tal hastío, que saltaron gotas hacia arriba que fueron a parar a mi cara. Mosqueado me sequé con las mangas y seguidamente cogí dos folios con ambas manos y los alcé al aire dejándolos durante unos momentos que escurrieran, como si de un tendedero se tratase, a la vez que pensaba lo estúpido que era. Llevaba muchas horas delante de tantas palabras que ya se me juntaban unas con otras. Debía haberlo dejado hace horas pero ahí seguí pensando e ideando una buena defensa para el primer juicio de mi carrera como abogado.
Eran documentos sobre el último caso que estaba llevando como abogado defensor. Esa tarde había leído con detenimiento todas y cada una de las leyes que podían defender e inculcar sobre mi cliente y, sinceramente, no lo tenía demasiado claro. Todo parecía indicar que tenía las de perder. Creo que merecía tener un descanso por unos momentos y reflexionar un poco.
Me levante, con bastante cuidado de no pisar todo el agua que había caído al suelo, y fui despacio hacia la cocina. Abrí el frigorífico y estuve pensativo durante unos segundos, mirando Dios sabe dónde. Cogí un refresco de cola, lo abrí, y me dirigí a mi despacho. Era grande, bastante espacioso para lo que tenía ahora mismo. No más de un escritorio con un gran mac de sobremesa que había salido a la venta hacía un mes y que era enorme, al igual que su precio, y una estantería con libros y libros de leyes y algunos de los que me regaló mi padre. Me senté, moví el ratón con insistencia para que desapareciera el protector de pantalla, y abrí mi correo electrónico. Tenía tres mensajes. Dos de ellos eran publicidad y el otro de un destinatario que no conocía. Lo abrí y pude leer:
¡Joder! Me entraron sudores hasta tal punto que tuve que quitarme un poco de ropa. Angustiado, cerré el correo como si no lo hubiera leído aún y me levante cavilando sobre todo eso. La primera cuestión que se me pasaba era ¿por qué? Es decir, el abogado de la otra parte, además de ser uno de los mejores de la comarca, tenía un caso bastante asequible. Y yo, aún no tenía nada. Entonces, es casi seguro que mi cliente pierda, pero porque las leyes así lo tienen escrito. No puedo sacar más de lo que hay. Esto me lleva a que voy a perder y además, va a parecer que lo he hecho intencionadamente para ganar un dinero extra, demasiado extra diría yo. Preocupado, pensé en si debía llamar a alguien. Al bufete de abogados donde trabaja y hablar con mis compañeros era una muy buena idea. Y así lo hice. Con paso acelerado me dirigí al salón y marqué tan deprisa que tuve que volver a marcar con cuidado porque no había tecleado bien los números.
- Buenas tardes. Bufete de abogados Castillo Peralta, dígame. - Respondió Carmen, la secretaria.
- Sí, soy Victor Marín. - Dije con contundencia. - Pásame con la línea cinco, por favor. - Pedí mientras pensaba si era esa la línea de Antonio.
- Un momento señor Victor.
Esperé durante unos segundos mientras escuchaba una melodía de espera.
- Victor, dígame. Me ha dicho Carmen que me buscas. - Dijo Antonio de repente al entrar.
- Sí, he recibido un correo y... - no terminé de decir la frase intentando expresarlo con mucho cuidado, como si me fuera la vida en ello. De hecho, creo que me va en ello. - ... me han ofrecido hacer una mala defensa a mi cliente con el fin de que salga culpable en el caso, y no sé que hacer. - Respondí cada vez con menos fuerza en el habla y empezando a llorar. - Y es que es mi primer caso y no puede ser que empiece así Antonio. Me pueden suspender la abogacía.
- ¡Victor, Victor! ¡Tranquilo! Pásate por mi casa en una hora y hablamos sobre el tema. Me enseñas el correo y pensamos juntos qué podemos hacer. ¿De acuerdo? - Preguntó casi afirmando.
- De acuerdo. Allí estaré. Muchas gracias Antonio, de verdad. Hasta luego.
- Hasta ahora Victor. - Dijo despidiéndose.
1 hora más tarde...
Eran documentos sobre el último caso que estaba llevando como abogado defensor. Esa tarde había leído con detenimiento todas y cada una de las leyes que podían defender e inculcar sobre mi cliente y, sinceramente, no lo tenía demasiado claro. Todo parecía indicar que tenía las de perder. Creo que merecía tener un descanso por unos momentos y reflexionar un poco.
Me levante, con bastante cuidado de no pisar todo el agua que había caído al suelo, y fui despacio hacia la cocina. Abrí el frigorífico y estuve pensativo durante unos segundos, mirando Dios sabe dónde. Cogí un refresco de cola, lo abrí, y me dirigí a mi despacho. Era grande, bastante espacioso para lo que tenía ahora mismo. No más de un escritorio con un gran mac de sobremesa que había salido a la venta hacía un mes y que era enorme, al igual que su precio, y una estantería con libros y libros de leyes y algunos de los que me regaló mi padre. Me senté, moví el ratón con insistencia para que desapareciera el protector de pantalla, y abrí mi correo electrónico. Tenía tres mensajes. Dos de ellos eran publicidad y el otro de un destinatario que no conocía. Lo abrí y pude leer:
Buenas tardes. No puedo decirte quién soy, tampoco es que sea demasiado relevante, aunque es posible, de hecho, más que probable, que deduzcas quién puede escribir estas palabras.
Quiero, queremos, que en el juicio del martes que viene hagas perder a tu cliente. Como recompensa se te dará el doble del dinero que te pagan por salir absuelto tu cliente. Sé que es una suma bastante suculenta por eso debes pensarlo muy bien.
Nadie va a enterarse de esto. Sólo hazlo.
Sin más, me despido con un cordial saludo.
P.D: Deberías borrar este correo, es un consejo de alguien un poco experimentado.
¡Joder! Me entraron sudores hasta tal punto que tuve que quitarme un poco de ropa. Angustiado, cerré el correo como si no lo hubiera leído aún y me levante cavilando sobre todo eso. La primera cuestión que se me pasaba era ¿por qué? Es decir, el abogado de la otra parte, además de ser uno de los mejores de la comarca, tenía un caso bastante asequible. Y yo, aún no tenía nada. Entonces, es casi seguro que mi cliente pierda, pero porque las leyes así lo tienen escrito. No puedo sacar más de lo que hay. Esto me lleva a que voy a perder y además, va a parecer que lo he hecho intencionadamente para ganar un dinero extra, demasiado extra diría yo. Preocupado, pensé en si debía llamar a alguien. Al bufete de abogados donde trabaja y hablar con mis compañeros era una muy buena idea. Y así lo hice. Con paso acelerado me dirigí al salón y marqué tan deprisa que tuve que volver a marcar con cuidado porque no había tecleado bien los números.
- Buenas tardes. Bufete de abogados Castillo Peralta, dígame. - Respondió Carmen, la secretaria.
- Sí, soy Victor Marín. - Dije con contundencia. - Pásame con la línea cinco, por favor. - Pedí mientras pensaba si era esa la línea de Antonio.
- Un momento señor Victor.
Esperé durante unos segundos mientras escuchaba una melodía de espera.
- Victor, dígame. Me ha dicho Carmen que me buscas. - Dijo Antonio de repente al entrar.
- Sí, he recibido un correo y... - no terminé de decir la frase intentando expresarlo con mucho cuidado, como si me fuera la vida en ello. De hecho, creo que me va en ello. - ... me han ofrecido hacer una mala defensa a mi cliente con el fin de que salga culpable en el caso, y no sé que hacer. - Respondí cada vez con menos fuerza en el habla y empezando a llorar. - Y es que es mi primer caso y no puede ser que empiece así Antonio. Me pueden suspender la abogacía.
- ¡Victor, Victor! ¡Tranquilo! Pásate por mi casa en una hora y hablamos sobre el tema. Me enseñas el correo y pensamos juntos qué podemos hacer. ¿De acuerdo? - Preguntó casi afirmando.
- De acuerdo. Allí estaré. Muchas gracias Antonio, de verdad. Hasta luego.
- Hasta ahora Victor. - Dijo despidiéndose.
1 hora más tarde...
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