… Despierto por el majestuoso y tenebroso ruido que deja una hormiga que pasa junto a mí. En mi lado, un
hombre alto, con muy buen aspecto, con barba de algunos días y un traje de fiesta está sentado descorchando
una caja de vino. Me ofrece beber un poco, pero a pesar de estar sediento afirmo y me sirve un poco en una de
las copas de plástico que tiene. Mientras bebemos me cuenta que acaba de contraer matrimonio con una
maravillosa y bella mujer que nació mañana y que morirá ayer. Aturdido por la escena que estoy viviendo, le
pregunto por qué bebe, a lo que me contesta que está tan contento porque nacerá mañana su mujer y tan triste
porque morirá ayer su difunta, que no sabe lo que hacer. Sinceramente, yo no puedo ayudarle. Sin más, le doy
mi mas sentido pésame con retraso y una maravillosa enhorabuena por ese nacimiento y me voy. Me despido de
él y, como siempre, continúo mi camino.
Impresionado por un sombrero en uno de los escaparates, decido entrar. Por suerte, no tengo dinero para
comprarlo. Siempre procuro tener la cartera llena. Salgo de la tienda, con el sombrero puesto, en tono marrón,
y una gabardina a juego que me ha regalado el dependiente. Miro el reloj que lleva ya algunos días sin pilas.
Son las 18.20. En diez minutos empieza una función en uno de los teatros de la zona. Oí anunciarlo por una
radio apagada que había en la tienda. Quiero ver como el mago mete el conejo en la chistera y lo hace aparecer.
Quiero ver como una paloma la convierte en una paloma blanca. Y quiero ver como hace aparecer cuatro ases de
una baraja de cuatro cartas.
Salgo de la función bastante contento, no por la actuación sino porque dentro conocí una joven. De mi edad
aproximadamente. Caminamos juntos hacia su casa montados en su coche, un gran coche por cierto. Me ha
invitado a cenar. Sin embargo, hay algo que no me gusta. De no conocerme de nada a pasado a conocerme del
todo. De pasar como un simple desconocido a un gran amigo. La verdad que aquí hay algo que no encaja, sin
embargo todas las piezas del puzzle están enlazadas. No le daré vueltas y me dejaré llevar. Llegamos a su casa,
un gran mansión de pocos metros cuadrados. Un inmenso jardín con grandes fuentes y figuras en mármol fresco
que hacen refrescar el ambiente caluroso del verano. Abre la puerta, y justo frente a mí unas enormes escaleras
suben hacia el sótano. A la izquierda un pequeño salón, con un millar de libros en una vieja estantería, algunos
sofás de piel y una chimenea encendida. A la izquierda, una cocina y un cocinero que prepara nuestra cena. Me
invita a pasar al salón y me siento en uno de los sillones. De repente, la chica se abalanza sobre mí y…
“¡despierta!” “¡despierta!”.
Todo había sido un sueño. El mentalista que daba la función me había hipnotizado y me había hecho pasar el
mejor sueño de mi vida.
Vuelvo a mi butaca y la joven de al lado comenta mi actuación y lo que había estado haciendo y me invita a
cenar a su casa tras acabar la función para conocernos mejor.
Nos montamos en su coche con destino a esa gran mansión que dice tener para tomar la cena. De camino, algo
me hace pensar que algo extraño va a pasar en unos momentos. Algo que no me gusta.
Hago parar el coche a la joven y me bajo. Quizás pierda la oportunidad de conocer a la mujer de mi vida, o
quizás gane la oportunidad de no despertar del sueño en el que me encuentro al igual que la vez anterior.
Ahora me encuentro, solo, en una carretera que desconozco y que tiene una sola dirección. Me jugaré al azar
el destino. Lanzaré una moneda con dos caras al aire. Si sale cruz tomaré la dirección correcta, si sale cara
lanzaré de nuevo la moneda hasta que salga cruz.
Lanzo la moneda. Cual es mi sorpresa que la moneda ha caído en la única alcantarilla de la carretera.Parece que
el destino quiere que no me lo juege al azar. Así que me iré por el camino equivocado para perder al destino…
Gracias por estas risas que acabo de tener leyéndote :D, eres muy bueno!sigo apoyándote en esto, no lo dejes!
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