Palabras improvisadas y terapéuticas decía en alto para intentar calmar sus ganas de llorar, según le impuso su psicólogo en sesiones anteriores. Cogía y marcaba en su móvil el número de teléfono, que recordaba de memoria, de un chico que días antes había conocido. No quería sexo con él, solo tener alguien a quién poder contarle su problema. Qué le pasaba realmente. Eso que nunca pudo decir a nadie, no porque no quisiera sino porque nunca tuvo a nadie desde hace muchos años. No respondía la llamada porque ese chico nunca existió en la realidad.
Cansada de no saber qué hacer, comenzó a dar vueltas como una loca por su pequeño salón en el que una silla solitaria adornaba las desnudas y blancas paredes. Su mente no retiraba esa macabra idea de abrir la ventana y dejar caer su cuerpo al vacío. Intentaba olvidarlo cerrando los ojos y concentrándose duramente en otra cosa. Abrió los ojos y dejó caer unas lágrimas por su suave cara. Sus ojeras hacían de su belleza una fría y triste calamidad. Volvió a coger su móvil, con tan poca batería que no pudo marcar un número al azar por si podía hablar con alguien. Su móvil, era de juguete.
Se sentó. Sus ojos desencajados parecía que querían ver qué había tras las paredes. Sin pensarlo ni una vez más, decidió que había llegado el final de su vida. Se rodeó para poder ser libre al final, pero donde antes había una ventana, no había ahora más que dura pared.
Llantos, llantos y más llantos. Empezó a golpearse. Tal era su furia que no sentía el más mínimo dolor. Tenía su cuerpo repleto de heridas y marcado por las continuas agresiones propias.
Volvió a levantarse para poder arrodillarse e inmediatamente empezó a cantar con dulzura una canción que le había enseñado su madre en la infancia. La recordaba y eso hacía sacarle una sonrisa temporal. Recordaba sus gestos, su amor, su voz. La intensidad del tono era cada vez más baja, como el cantar de una nana a un recién nacido para intentar calmar su llanto. Cada vez más despacio hacía que sus párpados fueran cayendo. Su voz se perdía en el sueño en el que caía aquella noche. Un día más consigue dormir.
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