Ese hombre había encontrado la manera, no me preguntéis como, de saber la verdad. Tenía, una especie de maquinaria extraña que le permitía conocer si algo era cierto o no. Por ejemplo, si le decía "Un perro tiene cuatro patas", afirmaba casi al instante. Milésimas de segundo con una respuesta correcta.
Preguntó y preguntó durante mucho tiempo sabiendo todo lo que le apeteció. Llego a perder incluso amigos y familiares debido a su ansiado deseo por conocer la verdad. Además, fue conocido mundialmente como el Dios de la verdad haciendo siempre alarde de su conocimiento absoluto de la certeza e incluso llegando a recibir cantidades millonarias de gente por hacer uso de esa especial, y a la vez molesta, máquina.
Una tarde, en una de las muchas charlas que dio por el mundo, un hombre de edad avanzada, y con un aspecto cuidado, le abordó sin esperarlo. Pelo canoso y barba prominente hacían de la vejez, una elegancia en su persona. Esta persona se presentó ante él como un científico alemán retirado, que le había impresionado su máquina de la verdad. Sin mediar mucha conversación le propuso un reto. Esta fue la conversación que tuvieron:
- Usted asegura que su máquina dice la verdad absoluta, ¿no es así?
- Así es, señor. Sin lugar a dudas - contestó incluso alzando un poco su mentón hacia arriba con aires de prepotencia -. Digámosle lo siguiente: "La máquina de la verdad, nunca miente." - Dijo dejando un breve espacio de tiempo para que la máquina dijera que eso era cierto.-
- Es increíble, pero le propongo lo siguiente. Estoy dispuesto a pagarle un millón de dólares - dijo a la vez que sacaba un talón sin rellenar del bolsillo de su chaqueta - si acierta mi siguiente afirmación. De no ser así, usted me los daría a mí. ¿Qué le parece?
- Acepto el trato - Dijo a la vez que pensaba en todo el dinero que había ganado gracias a la máquina -.
- Prográmele usted que analice "Esta frase es falsa". ¿Verdadero o falso?
- Falso -contestó el supuesto Dios de la verdad sin pensarlo demasiado - Creo amigo que usted acaba de perder una gran fortuna.
Se dispuso a introducir la frase, sin demasiada preocupación: "Esta frase es falsa". Pasaron los segundos y los segundos y no había respuesta. Comenzó a preocuparse un poco, pero de repente la máquina dijo que era falsa. Inmediatamente, comenzó a sonreír e incluso a carcajadas delante del científico. Varios segundos después, contestó que era cierto. La sorpresa de Dios fue de tal magnitud que estuvo un breve rato como una mezcla entre hipnotizado e impresionado.
-¡No es posible! - soltó de repente-. La propia frase dice que es falsa, luego es falsa. - Dijo antes de que volviera a afirmar la máquina que era falsa. - ¿Qué está pasando? - preguntó al científico, con cara de pocos amigos. Verdadero, contestó la máquina antes de que pudiera responder el científico.
La máquina entró en un bucle sin fin:
Verdadero, falso, verdadero, falso, verdadero...
- Es demasiado simple para lo complejo que puede llegar a ser. Si la frase es falsa, como tú estás diciendo, entonces es falso que "Esta frase es falsa", luego la frase es verdadera. Si en cambio la frase fuera verdadera, es cierto que "Esta frase es falsa", es decir, la frase es falsa. - Explicó con una leve sonrisa - Sólo quería darte una pequeña lección por tanto y tanto como te has aprovechado de la gente. No sé como habrás hecho esa dichosa máquina, pero espero que hayas puesto algún botón de parada por si alguna vez le ocurría lo que acaba de ocurrirle, un bucle sin fin.
- Valiente hijo de... - una pequeña explosión hizo que muchas de las personas por allí presentes se rodearan mirando con ojos de inquietud, conmocionados.-
Dios pasó a llamarse Aprovechado, todo gracias a la muerte y destrucción de esa máquina. Él fue juzgado ante las leyes, verdaderas, de su estado y tuvo que devolver todo el dinero que había recibido durante todos esos años. Ahora cumple condena en la cárcel, y ese científico no quiso el dinero sucio de esa persona. Le bastó ese simple juego para llenarse de satisfacción y orgullo por lo que había conseguido.
La verdad no puede cuestionarse nunca, aunque debemos saber que no siempre se puede conocer la verdad, aunque debemos saber que no siempre debemos conocer la verdad.
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