Vamos a una velocidad demasiado acelerada. La fotografía de mi mujer que sostenía en mis manos se movía demasiado debido a la cantidad de desniveles que había en el camino. No podía percibir la belleza de sus ojos ni el perfil de sus labios.
- Tengo una mujer preciosa - dije a Ian. Iba tan concentrado con no chocar con alguna roca que hubiera por el camino que creo que ni se enteró -.
Llevo seis meses en esta operación del ejército de los Estados Unidos aquí en Afganistán, y parece una eternidad. Buscamos unos terroristas y no los encontramos por ningún lado. A saber dónde está esa gente. Yo llego a pensar que ya no están por aquí.
Volvíamos de vuelta al campamento. Al parecer había un paracaidista sufrió un accidente. No se le abrió el paracaídas en el momento adecuado. Se rompió una pierna y debía intentar salvársela. De ahí que vayamos tan rápido. Veo estos paisajes y, quitando el terrorismo que hay por aquí, esto podría ser un país bastante visitado. Por desgracia, no es así. De repente dejó Ian de acelerar y redució considerablemente la velocidad. Lo miré y vi que miraba hacia el cristal de mi ventana.
- Franky, ¿qué es aquello? - dijo señalando y haciendo que girara para ver a qué se refería. - ¿Aquello de allí son casas?
- ¡Joder, Ian! ¡Son casas! - Dije alterado al pensar que podrían estar allí los terroristas.
Entonces, sin mediar palabra, giró el volante bruscamente tomando dirección ese desconocido lugar.
- ¡Para, para! No estarás pensando que vayamos los dos solos allí, ¿no? - dije preocupado al ver que no paraba - Quizás debamos informar al coronel y que mande refuerzos por si acaso. Parece que hay muchas casas.
- Es la oportunidad de hacernos grandes, Franky. Nos condecorarán y hasta nos subirán de rango. Ya podrás trabajar cerca de casa, de tu mujer, sin necesidad de poner en peligro tu vida.
Ian era un buen tipo, la verdad, pero muy testarudo en ciertas cosas y como se empeñe en algo, es complicado entrar en razón. Aún así, y a pesar del miedo que sentía a encontrar allí esos sanguinarios asesinos, lo intenté. Probé que entrara en razón.
- Te valorarán de igual manera si avisamos a los demás, Ian. No seas idiota. Sabes que puede haber más de un terrorista y eso supondría... ¡Nuestra muerte, joder! ¿O es que crees que van a estar esperándote a que les pegues un tiro?
- Una de las posibilidades que barajamos es que estén separados. No permiten que los encontremos a todos juntos. - contestó mientras estábamos acercándonos al lugar cada vez más rápido.
De repente, unas explosiones en las casas a las que nos acercábamos hicieron que mi compañero frenara de golpe.
- ¡Cielo Santo! ¿Qué ha sido eso? - pregunté bastante preocupado - Es mejor que vayamos, pase lo que pase. Pero júrame por Dios, Ian, que si vemos algo raro avises inmediatamente a los demás, ¿de acuerdo?
- No lo dudes Franky. - Contestó mientras aceleraba de nuevo.
Sorteaba los troncos de los árboles a una velocidad vertiginosa. Parecía que había pasado por ahí más de una vez. A medida que avanzábamos era más complicado ver debido al humo de la explosión. Estamos cerca ya. Se aprecia algo en el suelo de esa pequeña villa, son como...
- ¡Son cuerpos en el suelo, Ian! ¡Hay gente muerta! - Grité mientras me quitaba el cinturón para bajar del coche lo antes posible.
- ¡Joder, pero qué coño! - contestó mientras pulsaba el botón de su walky talky para comunicarse con los demás. - ¿Coronel, me recibe? ¡Coronel! ¿Me recibe? - hizo una breve pausa y freno el coche del ejercito-.
La escena era demasiado macabra y me dejó sin aliento alguno. Había gente esparcida por el suelo como si fueran semillas que había esparcido por allí un campesino. Realmente desagradable. Me bajé a la vez que mi compañero Ian. El sacó su arma mirando hacia todos los rincones: árboles, ventanas... Mientras yo me disponía a comprobar si había alguien con vida.
- ¡Dios bendito! ¡Están mutilados! Qué ser se atreve ha hacer esto. - Relataba mientras tomaba el pulso a un joven, que parecía tener unos veinticinco años. -
- Mira esto, Franky. - Dijo señalando con el fusil hacia el suelo - Tiene clavado un palo por el pecho que lo atraviesa entero. ¡Qué asco! - Comento dando una pequeña arcada. - No puedo ver esto.
Pasaron los minutos y el se dispuso a mirar dentro de las casas. Parecía que no había ningún terrorista por allí, al menos así lo deseaba. Pero me preocupaba, porque no me sonaba que los terroristas mataran de forma tan descabellada como lo habían hecho con todas estas personas.
De repente escuché el sonido de un helicóptero que se acercaba. Quizás oyeran, al final, la ayuda que pidió Ian antes por el walky talky.
Cinco minutos más tarde, el helicóptero acababa de aterrizar unos metros más allá y venía compañeros por el camino hacia nosotros porque los oía hablar. Entonces me acerqué a ellos viendo que el primero de ellos era Sam, el coronel.
- ¡Mi Coronel! - saludé a la vez que me ponía en posición de saludo oficial. - Hay mucha gente muerta en este lugar. - expliqué a la vez que ellos veían por primera vez aquel horrible paisaje manchado de sangre.-
- Franky, ¿no hay nadie con vida? - preguntó inmediatamente a la vez que miraba hacia todos los lados.-
- No, mi Coronel. Llevamos un rato, mi compañero Ian y yo, y esta desierto. Aquí no queda nada más que esto. El silencio de todos estos civiles, que no es poco.
-¡Mi Coronel! - se oyó de repente tras nosotros. Era Ian que acababa de salir de una de las casas con lágrimas en los ojos. No paraba de tocar a unos y a otros con la pequeña esperanza de encontrar a alguien con vida.-
El coronel inmediatamente, después de haber comprobado que todo aquello que rodeaba la casa estaba libre de terroristas, ordenó que todos ellos menos Sebastian y yo se repartieran. Iban a mirar los bosques de los alrededores y quedaron en volver en media hora. Yo seguí comprobando que no había nadie con vida y Sebastian me cubría por lo que pudiera ocurrir. Pasaron algunos minutos y corté ese silencio macabro que volaba en el ambiente.
- Sebastian, es realmente desagradable esto ¿verdad? - comenté.-
- Así es Franky. Qué habrá hecho esta gente para tener que terminar así...
- De todas formas...
- ¡Sshhh!
Me mandó a callar mi compañero y yo me quedé totalmente quito, como si me hubieran congelado el alma. El pulso se me había disparado en menos de un segundo. Me volvió a señalar con el dedo que me callara, a la vez que me señalaba que había oído algo cerca de allí. Comenzó a andar muy despacio, yo no paraba de mirar a todos los alrededores, pero no veía absolutamente nada. Hasta que, sin creerlo, vi como uno de los civiles que había tumbado allí en el suelo se levantaba a las espaldas de Sebastian.
-¡Sebastian! - grité aterrorizado.
Éste se giró y comenzó a disparar contra ese hombre, de unos cincuenta años, metro ochenta de alto aproximadamente. Estaba totalmente teñido de sangre, con toda su ropa desgarrada, medio desnudo, y descalzo. Yo no daba crédito a lo que estaban viendo mis ojos y estaba como congelado, mi cuerpo no reaccionaba. Los disparos que Sebastian realizaba con su fusil no servían de nada, chocaban contra su cuerpo pero estos rebotaban como si su cuerpo fuera de un material duro y resistente. Aquello era algo paranormal, sin lugar a dudas. Pasó todo rapidísimo. Este hombre llegó hasta Sebastian a pesar de que este no paró de disparar hasta que le cogió su arma. Entonces escuché hablar a ese hombre en una lengua que no conocía, pero que por supuesto, no eran lenguas que se hablaran en territorio afgano porque yo las hablaba.
- ¡Nukj fyhgn igmnorn fjaq! - gritó e inmediatamente después apretó el gatillo haciendo que Sebastian cayera al suelo.
Estaba aterrorizado como nunca lo había estado. Mi miedo hizo que saliera corriendo de allí. Me giré y corrí. Di cuatro pasos y de repente se plantó delante de mí ese hombre cortándome el paso y agarrándome por el brazo con mucha fuerza. No sé como lo hizo, pero fue veloz porque estaba retirado.
- ¿Qué quiere? - pregunté mirando al suelo.- No quiero hacerle daño, déjeme marchar, por favor. - Susurré mientras caían unas lágrimas y levantaba la vista hacia su cara. Entonces, fue cuando lo miré que comprendí que aquel ser no podía ser de este planeta. -
- ¡Nukj fyhgn... - comenzó a recitar como hizo con mi compañero. Yo me temía ya lo peor y comencé a llorar sin parar. Su voz, o fuera lo que fuese eso, salía de una especie de orificio triple que había en la cara y no se movía al pronunciar las palabras. - ...igmnorn...
- ¡Por favor, no! - Grité pidiéndole de nuevo que no lo hiciera soportando un dolor desagradable en el brazo que apretaba cada vez con mayor fuerza.-
- fjaq!
Entonces lo miré a eso que parecían ser sus ojos, bastantes parecidos a los nuestros. Y en menos que parpadeé, sentí como mi brazo se caía de mi cuerpo. Me desequilibré y caí al suelo. Perdí el conocimiento por unos momentos.
Desperté al oír hablar el Sargento Walter con Sebastian. No para de gritarle, te vas a recuperar. Entonces, con mi poco sentido de la razón después de lo que acaba de pasar allí, vi que el hombre que nos había hecho eso estaba a mi lado, tumbado como si estuviera muerto y me miraba fijamente. Entonces miré a mi sargento que estaba de espaldas a mí, hablando con Sebastian, e intenté que saliera mi último aliento para alertarles de lo que había pasado allí. Entonces sentí como el brazo de ese hombre o de esa cosa, me agarró del cuello y me estranguló. Sentí como mis vías respiratorias estaba cerradas y no permitían paso alguno del aire. Angustiado intenté forcejear, patalear, pero había perdido fuerzas con la perdida de sangre y entonces morí asfixiado...
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