Eran documentos sobre el último caso que estaba llevando como abogado defensor. Esa tarde había leído con detenimiento todas y cada una de las leyes que podían defender e inculcar sobre mi cliente y, sinceramente, no lo tenía demasiado claro. Todo parecía indicar que tenía las de perder. Creo que merecía tener un descanso por unos momentos y reflexionar un poco.
Me levante, con bastante cuidado de no pisar todo el agua que había caído al suelo, y fui despacio hacia la cocina. Abrí el frigorífico y estuve pensativo durante unos segundos, mirando Dios sabe dónde. Cogí un refresco de cola, lo abrí, y me dirigí a mi despacho. Era grande, bastante espacioso para lo que tenía ahora mismo. No más de un escritorio con un gran mac de sobremesa que había salido a la venta hacía un mes y que era enorme, al igual que su precio, y una estantería con libros y libros de leyes y algunos de los que me regaló mi padre. Me senté, moví el ratón con insistencia para que desapareciera el protector de pantalla, y abrí mi correo electrónico. Tenía tres mensajes. Dos de ellos eran publicidad y el otro de un destinatario que no conocía. Lo abrí y pude leer:
Buenas tardes. No puedo decirte quién soy, tampoco es que sea demasiado relevante, aunque es posible, de hecho, más que probable, que deduzcas quién puede escribir estas palabras.
Quiero, queremos, que en el juicio del martes que viene hagas perder a tu cliente. Como recompensa se te dará el doble del dinero que te pagan por salir absuelto tu cliente. Sé que es una suma bastante suculenta por eso debes pensarlo muy bien.
Nadie va a enterarse de esto. Sólo hazlo.
Sin más, me despido con un cordial saludo.
P.D: Deberías borrar este correo, es un consejo de alguien un poco experimentado.
¡Joder! Me entraron sudores hasta tal punto que tuve que quitarme un poco de ropa. Angustiado, cerré el correo como si no lo hubiera leído aún y me levante cavilando sobre todo eso. La primera cuestión que se me pasaba era ¿por qué? Es decir, el abogado de la otra parte, además de ser uno de los mejores de la comarca, tenía un caso bastante asequible. Y yo, aún no tenía nada. Entonces, es casi seguro que mi cliente pierda, pero porque las leyes así lo tienen escrito. No puedo sacar más de lo que hay. Esto me lleva a que voy a perder y además, va a parecer que lo he hecho intencionadamente para ganar un dinero extra, demasiado extra diría yo. Preocupado, pensé en si debía llamar a alguien. Al bufete de abogados donde trabaja y hablar con mis compañeros era una muy buena idea. Y así lo hice. Con paso acelerado me dirigí al salón y marqué tan deprisa que tuve que volver a marcar con cuidado porque no había tecleado bien los números.
- Buenas tardes. Bufete de abogados Castillo Peralta, dígame. - Respondió Carmen, la secretaria.
- Sí, soy Victor Marín. - Dije con contundencia. - Pásame con la línea cinco, por favor. - Pedí mientras pensaba si era esa la línea de Antonio.
- Un momento señor Victor.
Esperé durante unos segundos mientras escuchaba una melodía de espera.
- Victor, dígame. Me ha dicho Carmen que me buscas. - Dijo Antonio de repente al entrar.
- Sí, he recibido un correo y... - no terminé de decir la frase intentando expresarlo con mucho cuidado, como si me fuera la vida en ello. De hecho, creo que me va en ello. - ... me han ofrecido hacer una mala defensa a mi cliente con el fin de que salga culpable en el caso, y no sé que hacer. - Respondí cada vez con menos fuerza en el habla y empezando a llorar. - Y es que es mi primer caso y no puede ser que empiece así Antonio. Me pueden suspender la abogacía.
- ¡Victor, Victor! ¡Tranquilo! Pásate por mi casa en una hora y hablamos sobre el tema. Me enseñas el correo y pensamos juntos qué podemos hacer. ¿De acuerdo? - Preguntó casi afirmando.
- De acuerdo. Allí estaré. Muchas gracias Antonio, de verdad. Hasta luego.
- Hasta ahora Victor. - Dijo despidiéndose.
1 hora más tarde...
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