lunes, 3 de octubre de 2011

Intersecciones Involuntarias Improvisadas e Inexplicables. (2)

- Hola mamá. ¿Cómo estáis? - Respondía al móvil tras oírlo sonar un par de veces y ver que era mi madre la que llamaba. - Tengo ganas ya de volver a veros.
- Hola cariño. Estamos bien. Tu padre como siempre igual de vago y despreocupado pero... - oía la voz de mi padre de fondo quejándose del comentario que acababa de oír. - si no fuera porque me alegra en la cama. - Terminaba mi madre con una carcajada.
- Pero por Dios mamá, ¿qué te han dado hoy? - Pregunté sorprendida de oírla así. Parece mentira que hubiera cambiando tanto en estos últimos años.
- Julia, no seas así que sabes igual que yo que si un hombre no funciona en la cama, por muy bueno y trabajador que sea en la vida diaria, no funciona una relación, y viceversa que es lo que parece que le pasa a tu padre: vago pero todo un fiera. - Seguía bromeando. Ya parece que a mi padre no le molestaban tanto estas palabras. - ¿Y tú cómo estás hija? ¿El viaje ha ido bien?
- Sí mamá. Cinco horas de viaje, un poco pesadas, la verdad, pero merece la pena. Esta ciudad es increíble y la playa ni te cuento. Precioso todo, me encanta Bilbao. - Relataba a mi madre con cierto entusiasmo. - Me hospedo en un hotel que tiene vistas a la playa. Una paz y tranquilidad que necesitaba.
- Pues sí Julia. Trabajas demasiado y ya era hora de que decidieras hacer un viaje. Creo, como intuición de madre, que te va a ayudar que te fueras sola al final.
- Sabes que si por mi fuera no me hubiera venido sola. - Corté a mi madre de repente y un poco mosqueada. - Pero tenía los billetes comprados y Carla no pensaba, ni mucho menos, que la operarían precisamente esta semana que se iba a venir aquí. Pero bueno, era una pena ya que estaba todo gastado de perderlo. Así que, aquí me tienes, a la aventura y a ver si conozco algún hombretón que me quite las penas, mamá. - Reíamos a la vez.
- Claro que sí hija. Seguro que conoces a algún extranjero, pero nada de novios del norte que son muy bastos, ¿de acuerdo? - Preguntaba casi imponiendo.
- Bueno mamá, voy a dejarte que se me acaba la batería. Te llamaré mañana a lo largo de la tarde. - Dije a mi madre antes de colgar. - Un beso para los dos. ¡Os quiero!
- Adiós hija, hasta mañana. Pásalo bien y ten cuidado. Un beso. - Termino mi madre colgando.

Guardé el móvil en el bolso y encontré aquella tontería que compré en la estación hacía unas horas. Lo vi en una librería que había por allí y, sinceramente, prefería comprar eso a cualquier revista absurda del corazón. Era un diario. Una gilipollez de niña pequeña, pero me había apetecido, no sé. Creo que sería interesante ir escribiendo las aventuras diarias de las vacaciones y luego poder contarle todo, con todo lujo de detalles, a mi amiga Carla. Era de cuero negro, y por eso me costó algo cara. Pero bueno, quizá era el comienzo de una escritora empedernida. Reí para mis adentros dejando mostrar una pequeña sonrisa en mi cara.
Y bueno que mejor que empezar a escribir ahora mismo, aquí delante de esta preciosa playa. Me encanta este olor y poder respirar aire fresco. Qué mejor que esa frase para comenzar la introducción de lo que será un diario improvisado. Así que comencé a escribir:
Me encanta este olor y poder respirar aire fresco, por fin...

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